Vuelven las «Notas sueltas» de viaje… Si bien todavía me quedan bastantes cosas que contar sobre Singularity University, antes de seguir con esos temas quiero compartir con ustedes algunas cosas que me llamaron la atención de estar viviendo en SF estos tres meses y mis sensaciones de «recién llegado a la Argentina».
–
Y dale con la vida salvaje…:
Sí, ya sé que ya lo dije en las Notas Sueltas del viaje a Disney, pero no dejo de impresionarme con cómo en Estados Unidos logran que haya una gran cantidad de animales salvajes incluso en las zonas urbanas.
Ames, la base de la NASA donde se dictó Singularity University, es un lugar completamente urbano en pleno Silicon Valley. Sin embargo, no es raro ver liebres, lagartijas y, por supuesto, montones de ardillas y aves.
En una visita fantástica que hicimos al Observatorio Lick, a apenas unos minutos de Palo Alto, nos advirtieron que al volver de noche tuviéramos cuidado con los jabalíes salvajes, los ciervos y los gatos monteses.
Sigo sin entender: ¿Qué será lo que hacen distinto para convivir así con la fauna del lugar?
–
El imperio de los sentidos:
Una de las noches junto a un grupo de compañeros fuimos a cenar a un restaurante llamado Opaque. Más allá de que la comida era excelente, lo que tiene de especial este lugar es que se cena COMPLETAMENTE a oscuras. Ni siquiera después de estar ahí por unas horas y «acostumbrarse» se consigue ver nada.
Los mozos que te atienden son ciegos. Y es muy interesante ver cómo en ese contexto lo que suele ser la discapacidad se invierte: ellos se manejan en ese terreno como un lugar conocido, mientras los comensales a duras penas podemos encontrar la carne en el plato para cortarla y llevarla a la boca.
La experiencia es muy interesante por esa razón, pero también porque privarnos del sentido que más usamos nos empuja a poner el foco en los otros. De repente, olemos más, saboreamos más, notamos con mucho detalle de dónde proviene cada voz, etc.
En Twitter alguien me dijo que en Buenos Aires hay un lugar así también y que incluso hay obras de teatro a oscuras. Si tienen uno de esos lugares cerca es una experiencia que vale la pena vivir.
–
De correos, cuidado al cliente y otras yerbas:
Mientras estaba allá tomé una decisión importante. Después de 20 años de usar PC, decidí pasarme a Mac así que compré una Macbook que venía con un iPod de regalo. Hice el pedido por internet y me sorprendió desde dónde lo enviaron: ¡¡El pedido salió desde China!!
Pero la sorpresa más grande no fue esa… Fue que sin pagar envío rápido ni nada llegó… ¡¡en 48 horas!!
Volviendo, mi vuelo de American Airlines salió a las 4:30 de la madrugada, con 5 horas de demora. Ayer, sin que yo haya presentado queja alguna, recibí un mail de American que decía que por el inconveniente me regalaban 5000 millas.
También desde USA compré a través de Ticketek unas entradas para ver a la Selección Argentina de futbol jugar contra España la semana que viene. No sólo no te envían las entradas por correo. El lugar para retirarlas requería hacer una cola de más de dos horas a la intemperie en día de lluvia en pleno invierno. La cola era tan larga porque si bien había siete ventanillas, Ticketek sólo pone a tres personas atendiendo.
Son los únicos que venden las entradas y usan su poder de monopolio para poder tratarte para el traste. Si no te gusta como te atienden, jorobate!
–
«El invierno más frío de mi vida fue un verano en San Francisco»:
Lo anterior es una cita de Mark Twain. ¡Y es un excelente reflejo de lo raro que es el clima en ese lugar!
En los casi tres meses que estuve viviendo en Mountain View, no hubo un sólo día nublado. Siempre cielo celeste. Jamás llovió. Todos días hermosos, aunque bastante más frescos de lo que esperaba.
Sin embargo, San Francisco y todas las playas cercanas a esa zona están SIEMPRE totalmente cubiertos de unas nubes espesísimas. Cuando vas por la ruta desde donde yo estaba a la ciudad, vas viendo a lo lejos cómo el día está radiante ahí pero más adelante, llegando a la ciudad, hay una nube impresionante (vean esta foto!).
Y que no te agarre la noche en San Francisco desprevenido. El clima parece el invierno de Buenos Aires. Yo no sabía que eso era así y me resultó una gran sorpresa. En la noche del Día de la Independencia, el 4 de julio que cae en pleno verano, se tiran montones de fuegos artificiales. Si vas a estar afuera un rato largo para verlos, ¡hay que ir vestido como si fueras a esquiar! 😛
–
Siempre me molestaron los que llegan, comparan y dicen «Así no se puede vivir!»:
Sí, siempre me molestaron los argentinos que viniendo de afuera se consideran gente «más evolucionada» y plantean que acá todo es mucho más difícil. Pero ¿saben qué? Me pasó exactamente eso…
A riesgo de sonar odioso, apenas tres meses afuera hicieron que me acostumbre a ciertos «lujos»:
– Tener transporte público que funciona perfecto: Hay algo que me impresionó muchísimo: en el «Bay Area», si querés ir a un lugar buscás en Google Maps y te dice cómo llegar en transporte público desde donde estás. Pero no sólo te dice qué tomarte: te dice EXACTAMENTE a qué hora va a pasar cada colectivo, tren o tranvía. Y TODOS pasan a la hora señalada, ni un minuto antes, ni uno después. Eso te permite hacer combinaciones planeadas y saber exactamente a qué hora vas a llegar a destino.
– Ser peatón y que todo el mundo te respete: llegás a una esquina donde hay senda y TODOS los autos paran para que puedas cruzar.
– Que la gente maneje bien: Es maravilloso ir al volante y que la gente vaya por su carril, no se cruce, no circule por la banquina, no vaya a 60 en un carril de 90 ni a 90 en uno de 60. Bastó un sólo día al volante para darme cuenta cuánto me había acostumbrado a un tránsito respetuoso y ordenado.
Una pasada por Lugones en hora pico y me reencontré con todas nuestras mañas más odiosas. Y no hablemos de los baches: a las dificultades de conducir un auto en ese contexto hay que sumarle ir atento a no caerte en un precipicio en plena calzada.
Yo creo que los argentinos no tenemos idea de la pérdida de calidad de vida que representa manejar tan mal como manejamos.
Lo peor de todo: ¡la ley de la selva es contagiosa! En 24 horas ya me había convertido en el mismo animalito salvaje de siempre… ¿Será que no hay vida silvestre porque los salvajes somos nosotros?
Foto: Wally Gobetz
Notas Sueltas anteriores:
– Viaje a Salta y Jujuy




