Un tiempo atrás le ofrecí a los tres “discutidores” que más comentarios habían hecho en los primeros seis meses de Riesgo y Recompensa que escribieran un post como “columnistas invitados”. Acá va el segundo, escrito por Alejandro Sewrjugin. Que lo disfruten!
———————————————————————-
¿Qué nos pasó a los argentinos? Cuando era chico, iba solo al cole en el primario, junto a mis hermanos, que son 2 y 4 años menores que yo. Esto era en la zona de Palermo Viejo -Escuela Genaro Berón de Astrada, en las calles El Salvador y Costa Rica-.
En el secundario, iba solo en el bondi a las 6:45 de la mañana. Mis viejos ya estaban separados para esa época, y mi vieja se levantaba a hacerme el café con leche y luego ni se preocupaba de que me fuera a «oscuras» a tomarme el colectivo 12 en la parada de Salguero y Santa Fe. Concurría al Carlos Pellegrini. En las charlas filosóficas que mantengo con mi gran amor, mi esposa, me cuenta de su viaje al Sur con sólo 15 años y de mochilera -junto a 3 amigas- y de cómo sus padres pudieron permitirlo -claro, pensándolo con la mentalidad actual-.
Imaginar hoy en dejarles hacer eso a mis hijos, me da miedo. Pensar en que salgan solos a la noche a bailar, mucho peor. Hoy, sabemos cuando salimos de nuestras casas, pero no si regresamos. Parece un poco extremista, pero es la sensación que uno tiene. A cualquiera puede tocarle, en cualquier lugar. Vivimos en una actitud constante de vigilancia, de desconfianza con cualquiera que se nos acerque, de «estar en vilo». Y esto no hace mas que impulsar el individualismo y la falta de compromiso con el prójimo.
¿Qué nos pasó a los argentinos? ¿Cómo pudimos llegar a este punto?
Creo que hay un par de factores, a mi entender, que impulsaron como un espiral este estado de cosas.
Falta de solidaridad, el no te metas: hubo en la etapa militar un empuje al tema del «No te metas». Todos -o la mayoría- se hacían los «distraídos» ante situaciones en donde le sucedía algo al prójimo. Era mejor no meterse y se usaba la muletilla «Por algo habrá sido» lo que le paso o le hizo el gobierno de turno. En los 90, ésto se profundizo. El «deme dos» o el «sálvese quien pueda» ante las diferentes crisis. El «De la Casa al Trabajo, y del Trabajo a la Casa» de Carlitos, sintetiza muy bien el mensaje subliminal del individualismo y del no-hacer social. Un gran envión al pensamiento individual y a dejar de lado el plano social.
Aumento de la pobreza: sin dudas y sin necesidad de pensar mucho, el aumento de la pobreza y el ensanchamiento de las villas en los alrededores de las ciudades es otro factor. Allí, disimulados entre millones de personas honestas y trabajadoras se refugian ladrones y secuestradores. Al mismo tiempo, para sus habitantes la realidad vislumbra un futuro muy lúgubre y sin posibilidades ciertas de cambio -o solo para muy pocos que imaginan un crecimiento fuera de ese ámbito-.
Educación: cuando era pibe ir a escuelas del estado era algo natural. Lo raro era ir a una escuela privada y hasta se dudaba -salvo contados casos- de si el nivel era tan bueno como las estatales. Hoy en día es todo lo contrario. ¿Qué paso? Creo que uno de los puntos del acabose fue el traspaso de las escuelas de la órbita nacional a la órbita provincial/municipal sin la distribución de los fondos -o sea que el Estado Nacional pasó a recibir más dinero que antes se destinaba al ámbito educativo-. Sin dudas, luego de más de 12-14 años de ello, vemos el resultado en los edificios, en los sueldos docentes -que igualmente siempre fueron muy pobres, pero que ahora nadie piensa en ser maestro como profesión-, y en la realidad general cada vez que pasamos por las escuelas estatales.
Desidia Gubernamental: cada gobierno de turno que nos toca no se enfoca en la gente. Mas allá de actos populistas -que muchas veces son necesarios de todas formas para evitar la perdida de vidas por inanición- como entrega de cajas alimentarias, o dinero para subsistencia mínima; no hay políticas enfocadas hacia la eliminación de este flagelo. Los gobiernos prefieren mantener o profundizar este status quo -que seguramente otorga sus beneficios en etapas electorales- pero no se proponen ningún plan a mediano -10 años- o largo plazo -20 años- para aliviar la pobreza, mejorar la educación y promover de esa manera la movilidad social.
A modo de conclusión y para abrir el debate, creo que los culpables somos un poco todos. Por permitir que esto nos pase, por no «meternos» a cambiar las «pequeñas» realidades que van ocurriendo y en las cuales debiéramos reaccionar. Creo que es muy fácil siempre «echarles las tintas» a los gobernantes -que seguro tienen la «partitura de la obra» como directores de orquesta que son- pero que sin dudas los votamos y a los cuales debiéramos controlar de alguna forma.
¿Y ahora qué hacemos? ¿Cómo damos vuelta la «tortilla»? ¿Ya estamos en un espiral sin retorno o todavía tenemos esperanzas de que en un par de años esto mejore?



