
Yo siempre sentí una gran admiración por aquellas personas que, sea en el terreno que fuere, se atreven a perseguir aquello que desean, aún cuando eso implique contrariar las expectativas de la mayoría uniforme. Esto así, por ejemplo, en la elección vocacional de quien elige ser geólogo o artista, cuando todos a su alrededor esperaban que fuera abogado. Pero es especialmente cierto en el tema de la elección sexual, donde animarse a reconocerse gay es una decisión de las más valientes que existen. El lugar común de que hay que ser muy «macho» para ser gay es, a mi modo de ver, una gran verdad asimilando «macho» con «valiente» y no con la simple exacerbación de la masculinidad, que no implica coraje alguno.
Por eso creo que el día de hoy es un día histórico. Un día en que mucha de la gente más jugada del país puede recibir toda la admiración y respeto que merecen por su valor y su lucha de años. Un día en que celebramos que la maravilla de ser humano reside en la diversidad y la diferencia, no en la sobreadaptación o la uniformidad. Un día que, cuando lo miremos con retrospectiva en unas décadas, nos costará tanto creer que existió como pueda sonar irreal hoy que hace apenas 60 años las mujeres no pudieran votar.
Lo cerrado de la votación en el Congreso, de todos modos, habla de una sociedad que todavía no se anima a abrazar la diversidad. Donde todavía muchos creen que hay una sola manera de ser marido/esposa, una sola forma de ser papá/mamá. Y eso nos marca que el reconocimiento legal es apenas un primer paso de un proceso que recién comienza para aprender a mirar el mundo más allá de nuestros propios ojos.
Pero más allá de que queden muchos desafíos por delante para dejar atrás la discriminación, hoy es un día para celebrar. Un día para admirar el valor y la lucha de los que pelearon para que esto suceda. Un día para abrazarnos y sentirnos todos diferentes, todos únicos, todos gays.
Foto: Essygie
Read the English version by Palindromic.



