Yo soy el mayor de tres hermanos. Y en mi caso la palabra «mayor» es de verdad porque le llevo 10 años a mi hermano y 12 a mi hermana.
Mi hermano Mariano Bilinkis es ingeniero de grabación de bandas grossas como Catupecu Machu y Las Pelotas. También tiene su propia banda de música electrónica. Y alguna vez le ofrecí si quería escribir un post invitado sobre música.
Él aceptó el convite, pero ustedes saben cómo son los hermanos menores, ¿no? Los mayores siempre somos los aburridos, los conservadores, los «estructurados». Los menores, en oposición, son divertidos, arriesgados, transgresores. En fin…
Con ustedes, un post invitado de mi hermano Mariano. ¡Veanlo que está buenísimo y promete una gran discusión!
————————————————————–
Voy a empezar este post haciendo una confesión. Soy consumidor periódico de marihuana. Contrariamente a otras confesiones, me siento liberado al decirlo porque vivo en un mundo que legalmente me lo prohíbe y moralmente me lo condena.
Soy una persona privilegiada con respecto a muchas otras de mi país porque recibí una educación completa y crecí contenido en un hogar lleno de amor y sabiduría. Considero que fue precisamente este ámbito el que me permitió tomar por completo las riendas de mis riesgos y mis recompensas. Uno de esos riesgos fue probar esta sustancia prohibida y estigmatizada. Lo hice por curiosidad, como suelo hacer con la mayoría de los riesgos que decido tomar. Mi mente de adolescente consideraba que mientras las cosas que hiciese no dañaran a otros, era justo que yo pudiera hacer lo que quisiera con mi vida. Y así fue.
Reflexiono: El estado prohíbe el consumo de drogas porque considera que puede incitar a algunas personas a robar y matar. El estado prohíbe el consumo de drogas porque cree que alguien que circula en la calle bajo sus efectos constituye una amenaza para la seguridad pública. De este modo subestima la capacidad de las personas para actuar con responsabilidad y autocontrol suponiendo que quien consume no es conciente de los riesgos que entraña para sí y para otros.
Me pregunto: ¿Es la droga la que nos hace irresponsables? ¿O son las situaciones de carencia de afecto, educación, contención social, trabajo, integración o de cosas que le den sentido a la vida?
Me pregunto: ¿Es la prohibición un método para generar responsabilidad?
Reflexiono: La droga en sí misma no es algo destructivo. La combinación de ésta con situaciones de vida de mierda, puede lograr que sí lo sea. Y estas situaciones no solo tienen que ver con la pobreza material.
Veamos algunos datos llamativos que nos brinda la Organización Mundial de la Salud:
- En el año 2000 murieron en todo el mundo 4.84 millones de seres humanos por fumar tabaco. De esa cifra, 2,41 se registraron en los países en vías de desarrollo y los otros 2,43 millones en naciones plenamente desarrolladas.
- Los fallecimientos por tabaco constituyen la segunda causa de muerte en el mundo por detrás de la hipertensión y el 8,8 por ciento de la mortalidad total.
- El consumo excesivo de alcohol causa entre el 20-30 por cientos de los cánceres de esófago, de los de hígado, de las cirrosis, de los homicidios, de los accidentes de circulación y de las lesiones voluntarias, de acuerdo con el informe público que la misma OMS divulgó el 30 de octubre de 2002.
- El alcohol constituye la sexta causa de muerte en el mundo.
Me pregunto: ¿Por qué a pesar de todo esto se considera el consumo de alcohol, tabaco o antidepresivos lo suficientemente inocuos como para ser sustancias legales? ¿Y entonces por qué otras drogas sí son ilegales?
Reflexiono: ¡Qué injusto es que tenga que esconderme para fumar un porro! Cuando fumo siento mucha paz.
Recuerdo que hace un tiempo, durante una de las internaciones de Diego Maradona por sobredosis, vi en la vía pública muchos afiches con la frase “Maldita Cocaína”. Al verlo pensé: ¿Será esto una campaña del gobierno aprovechando el estado de Maradona? ¿Cómo puede ser que la maldita sea una sustancia? ¡Una cosa inerte! ¡¿Cómo puede ser que le otorguen responsabilidad a una droga y no a una persona!? ¡¿Cómo pueden comunicarle a la gente que son las cosas las malvadas, como si fuesen demonios externos a la razón!?
No estoy de acuerdo con aquellas prohibiciones que atentan contra mi libertad individual, solo limitada por la consideración de los demás. Me ofenden todas aquellas prohibiciones que subestiman mi capacidad de actuar con responsabilidad y autocontrol. Me dan bronca todas aquellas personas que culpan a las drogas y no a los irresponsables. Repruebo todas aquellas prohibiciones que emparchan la necesidad de educar.
Las prohibiciones no invocan nuestra responsabilidad sino que nos piden obediencia ciega.
Asumo toda la responsabilidad de mi libertad y me gustaría que no me persigan por eso.



