En este momento siento un dolor termendo. Estoy lejos de la Argentina sufriéndola lejos y sin alguien con quien abrazarme y compartir toda la dimensión de la amargura.
Eso hace todo más difícil pero también me protege un poco de la «caza de brujas » que seguro debe haber comenzado a full por allá.
Igual que pasó con Bielsa en el 2002 y Pekerman en el 2006, todos deben estar dándole sin asco a Maradona y a los jugadores ahora. Es el típico exitismo argentino que encarnan tantos periodistas y en el que caemos todos con facilidad. Yo a la distancia quiero escribir esto, un poco para darle cauce a mi dolor y «abrazarme» virtualmente con ustedes, un poco para aportar mi grano de arena a que seamos un poco menos exitistas, crucificando sin piedad cuando pierden a los que idealizamos sin límite cuando ganan.
Yo critiqué en su momento la designación de Maradona como DT. Pero no puedo dejar de decir que admiro el coraje de Diego. Él, el más grande del mundo, podía quedarse en su casa, mirar el partido por TV y sacarle el cuero a Messi desde la comodidad de su living. En cambio, eligió poner en juego toda su reputación y ponerse al lado de Lio, en un intento por darnos a todos una última alegría.
Diego como DT tuvo sus cosas buenas y sus cosas malas. Como en todo fracaso colectivo tuvo su cuota de responsabilidad. Pero creo que en este momento hay que bancarlo. Bancarlo con todo. Agradecerle su valentía y su esfuerzo.
En todo caso, si algo quedó expuesto en el partido con Alemania y hay para criticar, es que los Argentinos siempre parecemos ser una banda descoordinada de individualidades brillantes. Un gran partido de Higuaín. Un fantástico partido de Tevez. Un gran cabezazo de Heinze. Ninguna actuación sólida de equipo.
Alemania comenzó el partido con una actuación de equipo magistral. Sin depender del brillo individual de nadie, circulaban la pelota hacia adelante teniendo siempre un compañero libre para un pase certero que no arriesgaba la pelota. Si Argentina hacia el final del primer tiempo y hasta el segundo gol alemán se los llevó por delante fue porque la propia Alemania se asustó de lo que estaba haciendo y cedió demasiado la iniciativa.
De nuevo, sin ánimo de hacer «caza de brujas», creo igual que hay que mencionar que Messi se fue del Mundial sin anotar un sólo gol. Es cierto, los palos, los travesaños, algunas grandes atajadas tuvieron que ver con eso. Pero creo que es hora de cerrar el debate sobre Messi como par de Maradona, si es que alguna vez lo hubo. Creo que Messi necesita que ese debate se cierre para sacarse el peso de los hombros de ser comparado con alguien incomparable. Maradona hubo y habrá uno sólo.
Él era el único jugador capaz de convertir en un equipo a cualquier grupo de compañeros que le pusieran alrededor. Lio necesita mucho de los que lo rodean para rendir. Maradona daba vida al resto. Messi necesita que le den vida a él.
Para terminar, creo que Alemania, como dije arriba, nos dio una gran clase de juego asociado durante buena parte de este partido. El hecho de que un «aparato» como Klose esté en camino a ser el mayor goleador de la historia de los Mundiales dice mucho sobre como se ganan los mundiales. Dejando a un costado el milagro maradoniano, los mundiales no los ganan las individualidades descollantes. Los ganan los equipos. Especialmente aquellos que saben integrarse con grandes jugadores desdibujados en el trabajo colectivo.
Siento en este momento una tristeza enorme. Una en la que quisiera poder abrazarme con todos los que quiero y, a la distancia, no puedo hacerlo. La derrota es muy amarga. Entre las más amargas que recuerde. La contundencia la hace peor aún. Y también el hecho de que no haya revancha futbolera por otros (eternos) cuatro años.
Pero si queremos buscar consuelo, creo que el lugar para hacerlo es abrigar la esperanza de que, como país, podamos aprender algo sobre dejar de confiar todo nuestro destino a los liderazgos individuales y embarcarnos en la búsqueda de un proyecto colectivo. Dentro de la cancha. Y fuera de ella.



