Hace unos días, conté en un post sobre el 20 aniversario del fin de mi secundaria y compartí el de Juan Taratuto, el primero de los discursos que se dijeron ese día.
Acá va el segundo, escrito por Juan Pablo Varsky, un periodista al que admiro mucho. El discurso es breve. Tiene algunas referencias muy «del Colegio» pero igual creo que vale la pena compartirlo. Espero que les guste!
Discurso de Juan Pablo Varsky en el Acto por el 20° aniversario del final del Colegio
20 años no es nada, dice el tango. Pero aquí no volvemos con la frente marchita. Al contrario, volvemos felices a un lugar que nunca vamos a olvidar. Al que siempre vamos a pertenecer. Porque de eso se trata, de pertenencia. De sentir que el colegio es nuestro. Y que nosotros somos parte del colegio.
¿20 años no es nada? Y…en computación aprendimos con la Texas Instruments, o con la Commodore 64. Hoy, nos comunicamos por Internet y a través de una red social llamada Facebook. Del plan Megatel para conseguir un teléfono de línea, pasamos a 40 millones de teléfonos celulares. De una televisión con cinco canales, a un sistema de cable con casi 100. En estos años, las comunicaciones hicieron la, hasta ahora, última revolución. Pero esto no alcanza para medir cuánto hemos cambiado.
“El tiempo pasa, nos vamos poniendo tecnos”, canta Luca Prodan en su versión de “Años”. Justo Luca, que venía bastante seguido por acá. Al subsuelo, a tomarse una ginebra. Luca también dijo que lo que cambia es la tecnología pero que el hombre sigue siendo el mismo. Y más allá de las cosas que le han pasado a cada uno de nosotros en este largo tiempo, creo que en algún punto seguimos siendo los mismos que hace veinte años.
Fuimos la primera generación íntegramente democrática del Colegio. Llegamos en 1984, con el fervor alfonsinista. Y nos fuimos en 1989 con los primeros días de Menem. Y fuimos un montón. Nos agruparon en catorce divisiones, récord para un primer año. Cambió el rector, volvió la militancia en, por ejemplo, Derechos Humanos. Y nosotros estábamos ahí, protagonizando un cambio pero sin tenerlo muy en claro. Había vuelto la política.
Todavía éramos la “elite intelectual”, un mote que venía más de afuera que de adentro. Más allá de cierta envidia , en esa expresión había un reconocimiento a esa mística que el Colegio tenía. Y estudiábamos. Mamita, había que estudiar en el Buenos Aires ochentoso. Había profesores temidos y el intercambio en los recreos ayudaba a compartir las malas noticias. “Uy, te tocó la Massanisso en Geografía? A mí me tocó la Braga Menéndez en Química…o la Pérez en Latín”.
A contraturno, conocimos el Campo de Deportes. Puerto Madero ni siquiera era un proyecto. Por suerte, y por la acción de alumnos y ex alumnos, el Campo resistió el vendaval de construcciones y sigue ahí como bastión de la resistencia.
Si no fue el primer beso, fue el primer desengaño en silencio; pero nadie egresó el Colegio sin morirse de amor adolescente alguna vez.
Festejamos el último Mundial de fútbol! México 86 nos encontró en tercer año y rateados para ir a festejar a la Plaza de Mayo con el equipo de Maradona y Bilardo.
Han pasado 20 años. Años en los que uno pasa de ser hijo o hija a ser papá o mamá. Años en los que uno se desarrolla y se realiza profesionalmente. Años en los que uno se convierte en hombre o en mujer. Y si solamente miráramos estos 20 años, todos nos vemos muy distintos de lo que fuimos acá en el Colegio. Pero al reconocernos diferentes, nos damos cuenta de que algo nos une y nos hace iguales. Nos vincula definitivamente. Podemos llamarlo mística, marca, pertenencia o identidad. Es el Cenbailongo, el interdivisional de fútbol, El Idiotaire…y cada uno de los códigos compartidos por cada una de las divisiones. Es el lugar que elegimos para empezar a ser lo que hoy somos. Y seguramente, si hoy somos lo que somos, fue porque un día decidimos estudiar en el Colegio.
Y hoy, en este regreso, nos damos cuenta de que algunas cosas nuestras están intactas. Al final, el tango tiene razón: 20 años no es nada. Muchas Gracias.



