Hace un par de semanas tuve la oportunidad de llevar a mis hijos a Disney World por primera vez. Hacía casi 20 años que yo no iba y más allá de la obvia diversión fue un viaje super interesante.
Como hago siempre que viajo, acá van mis clásicas «notas sueltas» sobre lo que más me llamó la atención y algunos “tips” por si alguno planea ir en el futuro. El post va dividido en dos partes: primero las reflexiones más serias y después las más “relajadas” y los consejos.
ORDEN Y PROGRESO:
Si bien cuando escribí el post sobre las canciones de protesta alguien me tildó de anti-norteamericano, hay ciertas cosas de la sociedad de USA que a mí nunca dejan de sorprenderme. En ese sentido, Disney es un ícono de lo mejor y lo peor de la sociedad yanqui. Todo está armado de una manera impecable, super organizado y casi sin errores. Pese a que cada parque lo visitan miles y miles de personas cada día, es difícil de creer cómo mantienen todo siempre ordenado e impecablemente limpio.
La contracara, es que el consumismo es omnipresente y está bien en el centro de la experiencia Disney. No hay un solo juego que no termine haciéndote pasar necesariamente por un negocio repleto de cosas alusivas al tema de esa atracción para comprar.
¡QUÉ CÓMODA ES LA HONESTIDAD!:
Lo más sorprendente y positivo, de todos modos, fue vivir lo que es estar en un lugar donde no hay que estar cuidando que no te roben! El único modo de recorrer los parques con chicos chiquitos es andar con cochecitos llevando millones de cosas. Así, los carros se convierten en gigantescos placares con ruedas donde va colgado todo lo que puedas cargar.
A la entrada de cada juego hay un estacionamiento de cochecitos donde todos dejan el suyo sin que nadie se lleve nada. Simplemente, dejás todas tus cosas, te vas, volvés un rato después y todo sigue ahí! Créase o no.
Más allá de la sorpresa, no tener que llevarse todo cada vez es una comodidad enorme, que me hizo pensar cuánta calidad de vida se pierde cotidianamente por tener que estar cuidándonos la espalda en todos los espacios públicos. El costo de que unos pocos sean deshonestos es muy grande y lo pagamos todos sin darnos cuenta.
WILD, WILD LIFE:
Hay otra cosa que siempre me impacta de Estados Unidos y que Disney me mostró una vez más: no sé cómo hacen pero logran que en sus áreas urbanas se mantenga una cantidad impresionante de vida salvaje!
El año pasado fui a una reunión a unos 100 kilómetros de Nueva York en una zona suburbana. A esa escasa distancia de esa mega-ciudad, tenían que usar tachos de basura especiales para que no les coman los desechos los ciervos, los mapaches y… los osos salvajes! Sí, hay osos salvajes a una hora de Nueva York!
Un amigo que vive en las afueras de Washington me lo confirmó también. Los ciervos son cosa de todos los días comiéndole las flores del jardín y cada tanto se aparece un oso. Las ardillas y los “chipmunks” son casi plaga.
A esa distancia de Buenos Aires tenés suerte si te encontrás una vaca o una rata. Por Pilar cada tanto se nos cruza una liebre y la miramos como si estuvieramos viendo Animal Planet.
En Disney, en los días que estuve, me crucé con toda clase de animales dando vueltas sueltos por ahí en las áreas libres fuera de los parques. Los más llamativos eran unos armadillos tipo tatú carreta que se paseaban en familia por afuera de la cabaña donde me hospedé.
Evidentemente hay algo que logran hacer mucho mejor que nosotros, respetando la vida animal y logrando coexistir con ella.
Nota al margen: la ciudad a una hora de NY se llama Berlín y, en un gesto muy simpático, cuando estás llegando hay un cartel con dos rutas que se dividen para llevarte a una mitad u otra del pueblo. ¿Qué dice el cartel? Hacia un lado “East Berlin” y hacia otro “West Berlin”. 🙂
LA EXCLUSIÓN NUESTRA DE CADA DÍA
El otro área donde Disney nos sirve de espejo para ver nuestros lados más oscuros tiene que ver con el grado de exclusión que hay en nuestra sociedad.
En los parques es habitual ver que las personas que te atienden en los negocios o te guían en los juegos son personas mayores. Hay personas de más de 60 años trabajando por todos lados. También me llama la atención lo mismo cuando voy a reuniones de trabajo en oficinas en USA: es común, por ejemplo, que las secretarias también sean todas personas mayores. Acá si tenés más de 55 es muy raro tener un empleo en relación de dependencia. Si querés trabajar tenés que ponerte un kioskito.
Algo parecido pasa con las mujeres. Uno de los juegos en Animal Kingdom es un safari por una reserva muy grande que replica la savana africana. Se hace en unos camiones enormes, todos ellos manejados por mujeres. Yo tenía la sensación de que en Argentina habíamos avanzado mucho en la equiparación de tareas entre hombres y mujeres, pero claramente no es así. Acá resulta inimaginable que alguien empleara mujeres para manejar grandes camiones llevando a decenas de personas. La única razón es el prejuicio y ni siquiera nos damos cuenta.
Por último, me impresionó la cantidad de discapacitados que se ven en todos lados. Primero pensé: ¿¿qué pasa acá que hay tantos discapacitados?? Después me di cuenta que la respuesta era simple: no es que haya más… La triste respuesta es que, dado que todo está preparado para que quienes tienen diferentes limitaciones puedan manejarse, se ven tantos porque allá pueden salir de sus casas y pasear de una manera que acá es imposible.
No se trata de idealizar la sociedad americana. Claramente tienen sus temas también. Pero las que menciono son todas señales en un mismo sentido: además de la exclusión propia de la pobreza, armar una sociedad que le haga lugar a todos es una cuenta que en la Argentina tenemos pendiente en casi todos los órdenes.




