Como la foto bien ilustra, no todo fue dar charlas o mirar edificios de Gaudí en este viaje a España. Aquí van más «notas sueltas», esta vez cubriendo las cosas más distendidas.
Construir algo grande y al dope no es tan mala idea después de todo
Cuando IRSA lanzó su concurso para elegir y construir un gran ícono de la ciudad con motivo del Bicentenario yo pensé que era una pérdida de tiempo y dinero. Pero después de recorrer Barcelona y Madrid me doy cuenta qué falta de íconos está Buenos Aires. Me impresionó la cantidad de símbolos que esas ciudades tienen y cómo esos íconos son grandes «drivers» del turismo. Si lo más venerado que tenemos es un obelisco que comparado con otros como el de Washington deja muy mal parada nuestra «hombría» :), empiezo a simpatizar con la idea de que hay que construir algo bien grande y llamativo. Incluso eso me hizo reconciliarme un poco con la Floralis Genérica, otro ícono de Buenos Aires que siempre me había parecido medio zonzo.
Y yo que pensaba que Buenos Aires es «gay friendly»!
Buenos Aires se promociona como una ciudad «gay friendly». Mi visita a Barcelona incluyó pasar un día en Sitges, una playa 20 minutos al sur. Y en mi paso por Madrid me quedé en el hotel Room Mate Oscar, que era el elegido para los «speakers» de la Red Innova y quedaba en Chueca (el barrio gay de Madrid). El hotel era destinado para gays, aunque, como nos dijo la recepcionista, los heterosexuales también éramos bienvenidos (fotos divertidas de Mariano Amartino aquí).
A mí la diversidad me gusta y pasear por lugares como la calle de Hortaleza me encantó. Estos paseos me llevaron a repensar lo que significa que una ciudad sea «gay friendly». Por ejemplo, en Buenos Aires no es común ver parejas gays con chicos pero allá sí lo es. Al principio me chocó un poco. Se ve que todavía me quedan áreas de prejuicio. Pero después de pensar un rato creo que a la hora de decidir una adopción lo importante es que la pareja adoptante funcione bien, no el sexo o la preferencia sexual de los padres/madres.
En definitiva, España parece estar varios cuerpos adelante nuestro en cuanto a aceptación LGTB.
La peculiar relación de los españoles con el desnudo
Yo nunca me consideré a mí mismo una persona demasiado pudorosa. Pero debo reconocer que después de ver la naturalidad con la que el desnudo se toma en España me siento un pacato! En esos pocos días pude ver:
– Unas 250 personas corriendo una carrera de bicicletas por el centro de Barcelona completamente en bolas. Y parece que hay muchos que lo hacen!
– Un camionero detenido al costado de la ruta, que en el proceso de cambiarse de ropa estaba tal como Dios lo trajo al mundo al lado de su camión.
– Un entrevistado en un programa de TV respondiendo a las preguntas del periodista sin una mísera prenda de ropa, con el pitulín al aire.
– Gran cantidad de mujeres haciendo topless en la playa, de todas las edades (¡TODAS!) y acompañadas de familia y/o amigos. Este último punto me produjo una reacción curiosa.
Por un lado me pareció genial que, más allá de la edad, todos se sintieran tan cómodos con sus cuerpos como para exhibirlos de esa manera. Por otro, mostrarse tanto lleva inexorablemente a una deserotización absoluta. Hay algo lindo en que ciertas partes del cuerpo se mantengan ocultas, sólo accesibles en la intimidad.
Después de un breve análisis anatómico-morfológico puedo afirmar con fundamento que superada cierta edad (digamos 60 años), cierto número de amamantamientos en las mujeres y cierto aumento de peso en los hombres, los pechos femeninos y los masculinos son exactamente iguales! 😛



