
Hace algún tiempo atrás tuve la oportunidad de asistir a un acto encabezado por Toty Flores, del MTD-La Matanza, en La Juanita. Uno de los oradores fue un joven rabino llamado Alejandro Avruj a quien yo nunca había escuchado hablar. Dio un discurso sumamente lúcido sobre nuestro rol como ciudadanos para hacer de la Argentina un mejor país donde puso el foco en que no hay que pedirle a Dios que nos ayude sino arremangarse y ponerse a trabajar en lograr un cambio.
Lo que quiero compartir ahora con ustedes es una pequeña historia sacada del Talmud con la que él cerró su participación. Quiero compartirla tanto por la belleza de su enunciación como por la profundidad, potencia y relevancia de su mensaje.
La historia dice que hace muchos muchos años atrás, en un pueblo había dos rabinos muy sabios. Los seguidores de cada uno disputaban entre ellos cuál de los dos era más sabio. Un muchacho finalmente tuvo una idea: atrapar una mariposa y llevarla encerrada en su mano ante el otro rabino y preguntarle: «Esta mariposa aquí en mi mano, ¿está viva o muerta?». Si el rabino respondía «viva», antes de abrir la mano apretaría la mariposa con el puño y mostraría que estaba muerta. Si por el contrario respondía «muerta», abriría la mano y la dejaría salir volando.
«Rabino – le dijo – he oído que usted es un hombre muy sabio. Dígame, esta mariposa que traigo en mi mano está viva o está muerta?».
El rabino hizo una pausa, sonrió y respondió: «La respuesta, querido muchacho, está en tus manos».
Cuando hablamos de hacer del mundo un mejor lugar la decisión, mis amigos, está en nuestras manos.



