De dones y maldones

Roman

Algunas personas nacen con dones maravillosos. Después, a veces, el ambiente en el que esa persona crece coopera para que ese don se exprese y desarrolle. Y en una tercera etapa, el agraciado portador de ese don puede, o no, poner su cuota de esfuerzo para llevarlo a límites superlativos.

Juan Román Riquelme es uno de esas personas tocadas por una varita al nacer. Él, igual que las demás personas que comparten su suerte, no hizo mérito alguno ni en recibir el don que recibió ni en que el ambiente le permitiera que se manifieste. Y por esa razón, todo don conlleva aparejada una responsabilidad: la de, en esa tercera etapa, poner lo mejor de uno para honrar el regalo recibido.

Martín Palermo es como vos, como yo. No tuvo la suerte de Román. Todo en sus logros es fruto de un esfuerzo obstinado, persistente, conmovedor. Es “patadura”. Y lo que es mejor de todo, él lo sabe. Siempre lo supo. Podría haber tirado la toalla. Podría haberse enojado con la vida, compartiendo el campo de juego con talentosos de la talla de Román pensando: “¿Por qué algunos reciben tanto y otros no?”. Pero no hizo nada de todo eso. Puso lo mejor de sí para hacer honor a su regalo, aún cuando fuera más modesto.

Pero este no es un post sobre fútbol. O no solamente… Este es un post sobre nuestra relación con nuestros propios talentos, la responsabilidad que implican y la importancia de honrarlos. Sobre la trascendencia de ser una buena persona. Sobre la vergüenza de quedar expuesto como un mezquino.

Hace rato que quería escribir sobre Riquelme. Porque encarna una relación con la vida, con los demás y con su propio talento que yo aborrezco. Pero me decidí a hacerlo ya cuando ví lo que hizo en el momento histórico en que Palermo convirtió su gol 219 y pasó a ser el mayor anotador de la historia de Boca. Lo que Román hizo en ese momento fue de una mezquindad, de una pequeñez tal, que resume en 15 segundos toda una manera de ser y epitomiza una carrera.

Para los que no conocen la historia, la resumo: Palermo y Riquelme se llevan mal hace tiempo. Hace semanas que Palermo venía intentando anotar el gol que le permitiera romper el record sin lograrlo. El lunes, Riquelme le dio un pase fenomenal que le sirvió el anhelado gol. Palermo anotó y corrió hacia Riquelme (lo normal es que quien hace la asistencia y quien convierte se abracen) pero Riquelme salió corriendo dándole la espalda para asegurarse de no saludarlo y dejarlo solo en el festejo de su momento más ansiado, en un desaire ostensible ante cientos de miles de personas. Si quieren pueden ver el video acá.

Yo no sé si ustedes recuerdan cuán impresionante, cuán único era el talento futbolístico de Riquelme. Mirar videos viejos de Riquelme jugando es una experiencia mística. La explosividad de su pique, el control de pelota en velocidad, su gambeta hacia adelante. Hoy el recuerdo de esa habilidad sublime queda tal vez oculto por el chispazo esporádico de un pase-gol magistral o por su opuesto, la larga letanía de performances deportivas mayormente mediocres. Si alguien que no lo conoce va a la cancha a verlo jugar, tal vez note que quien lleva la 10 de Boca es un jugador distinto, pero jamás podría adivinar que está ante una de las personas más dotadas que hayan pisado una cancha. Que está viendo a alguien de la talla de Kaká, de Xavi, de Zidane…

Después de ver la humildad de Ginóbili en TEDxBuenosAires hablando sobre su condición de “distinto” y su esfuerzo de años por exprimir cada gota de jugo a su talento, apena ver como para alguien recibir un gran don puede ser un “maldón”. Cómo puede fácilmente caer en pensar que por ser talentoso no es preciso esforzarse, entrenarse, tratar bien a los demás, mantener el agradecimiento por el “regalo” recibido.

Así es como Román fue corrido de todos los clubes donde estuvo salvo Boca, y terminó el lunes jugando contra Arsenal, en vez de contra Arsenal.

El ejemplo de la historia de Riquelme y Palermo lleva un mensaje importante que es aplicable a todos los órdenes de la vida. Estoy seguro que todos, en diferentes lugares, se habrán topado con Riquelmes y Palermos y visto las consecuencias de ser de una u otra manera. Los dones hay que agradecerlos, cultivarlos, regarlos con esfuerzo. Sin eso, el resultado es ser apenas una caricatura de quienes podemos ser.

Muchos opinarán que Riquelme debería ir al Mundial y no estará. Nadie en su sano juicio pensaría que Palermo a a sus 36 años pudiera ir pero en una de esas… quién te dice, tiene su “revancha”: El patadura dedicándole un gol al talentoso desde Sudáfrica. Me encantaría que esta fábula termine con esa moraleja.

Foto: Natanael Amenabar

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  • Mariano Feuer

    Que más falta? Es la historia del empeño y el optimismo por sobre todo…

  • Gonzalo M

    Felicitaciones por la prediccion que se cumplió!!!!

    Yo grité este gol como si fuera el de la final. Espero Martin pueda jugar los partidos subsiguientes, y la final con un gol de Palermo sería un sueño.

  • http://www.chetoba.com.ar chetoba

    FENOMENAL POST y buen punto de vista, yo como bostero también lo quiero a Riquelme y lo banco pero es como vos decís. El gol de Palermo hoy lo grité hasta quedar afónico, no así el de De Michelis, que nos daba la victoria que parecía no llegar. Ojalá Palermo se pueda sentar a ver en internet lo que la gente escribe en cientos de blogs, twitter, facebook etc, porque SE MERECE LA GLORIA ahora y siempre por los siglos de los siglos

  • http://www.facebook.com/profile.php?id=566000511 Agustin Russo

    Y al final se dió la moraleja…
    Dijo Einstein que “La genialidad es 95% de transpiración y 5% de genialidad”
    No es que no haya que rascarse nunca, pero si uno quiere alcanzar un objetivo, tiene que darle duro…

  • http://elultimodiez.blogspot.com/ El último diez

    Se que el post es viejo, pero la repugnancia que me da leerlo me lleva a opinar muchos meses después. Voy a ser breve porque no vale la pena. Lo que pasó ese día traspasa mucho más de la relación Riquelme-Palermo, que por cierto no es buena. Va mas allá.
    Me da mucha impotencia y bronca ver como la gente se llena la boca hablando pestes de Román como persona cuando en realidad no lo conocen. ¿Que te lleva a pensar que Román es mezquino o mala persona? ¿Acaso alguna vez lo trataste, tuviste la oportunidad de tener una charla con él o con alguna amistad suya? Seguramente te enterarías de que es una gran persona, de orígenes humildes y que nunca traiciona sus convicciones y sus códigos. Y si conocieras a Palermo, como yo lo hice, te llevarías una sorpresa gigante. Si lo querés charlar, tenés mi blog y hasta mi mail. Saludos cordiales.

  • Pingback: Idolos de cera « Vidiella tiene blog

  • julian

    Hola. No soy hincha de Boca pero quiero opinar que no coincido para nada con este post.

    En la pelea Riquelme – Palermo, te falto decir que Palermo banco siempre a la barras brava y paga a periodistas.

    Decir que Palermo no tiene un don y es patadura…cae por si solo. Palermo desde chico que es mucho mejor jugador que la mayor parte de los argentinos.

    Riquleme se fue de la selección cuando Maradona y algunos jugadores le hicieron una cama a Basile. Fue la única persona con códigos, que vio que Maradona técnico era payasesco y que terminaba muy mal ( ni hablar de “Mancu”)

    Como hincha de River deseo de corazón que elijan por Falcioni y no Riquelme