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16-09-2017

Amortales

Los seres humanos somos mortales. Llegamos a este mundo, crecemos, maduramos, envejecemos y en algún momento nos toca que nuestra vida se termine. La razón biológica por la que esto es así es que envejecemos. Y el envejecimiento va dañando algunas funciones de nuestro organismo por lo que, a partir de la adolescencia, la probabilidad de vivir un año más va bajando, hasta que en algún momento sale nuestro número en la lotería del final de la vida.

26-08-2017

Mosquitos mutantes: la promesa y el riesgo de la nueva edición genética

Si te pido que pienses en animales asesinos es muy posible que vengan a tu memoria tiburones, cocodrilos o leones. Pero, como suele sucedernos, somos bastante malos identificando riesgos reales de fantasías. A pesar del efecto sobre nuestra conciencia colectiva del célebre filme de Spielberg, los tiburones solo matan en promedio a seis personas al año. El rey de la selva, por su parte, es responsable por poco más de veinte. Con mil muertes anuales, el cocodrilo supera por bastante a los otros.

12-08-2017

¿Cuál es la mejor edad de la vida?

La vida comienza a los cuarenta, dicen algunos. Los sesenta son los nuevos cuarenta, dicen otros. Transitivamente, ¿será entonces que la vida ahora comienza a los sesenta?

Desde chico me intrigó saber cuál sería la mejor edad de la vida. Y hace unas semanas me propuse finalmente buscar una respuesta a ese interrogante. Para ello diseñé una breve encuesta y desde mi columna de radio invité a la audiencia de Basta de Todo a contestarla. Más de 2500 personas de edades muy variadas respondieron y los resultados fueron muy interesantes. Pero quizá la conclusión más importante es que no hay “una” mejor edad. O, dicho de otra manera, la mejor edad para cada uno depende de qué aspectos de la vida cada persona priorice.

29-07-2017

El arma secreta de los humanos contra los robots

Un mes atrás perdí mi billetera. Adentro tenía mis documentos, mi tarjeta de crédito y credenciales varias. Antes de dar todo por perdido decidí esperar unas horas para ver si quien la encontrara se contactaba conmigo para devolverla. Y felizmente así sucedió. Esa misma noche, después de pasar por varias manos, una persona amable la dejó en mi casa.

Como precaución, decidí llamar a la empresa que emitió mi tarjeta para chequear si había sido usada. Después de navegar un buen rato por varios larguísimos menús de opciones que intentaron ahorrar dinero negándome el acceso a una persona, logré que me atienda un ser humano. Le expliqué la situación y le pedí que me dijera si se registraban consumos a mi nombre desde la hora en que había perdido la billetera. Con un tono metálico y monocorde me respondió: “Nuestro horario de atención es de 8 a 20. Después de esa hora consulte en la web.” Insistí. Después de todo sabía que los sistemas no dejan de funcionar a las 20 y que seguramente él podía acceder a la información que yo necesitaba. Una vez más, con el mismo tono de voz me recitó una por una las mismas palabras: “Nuestro horario de atención es de 8 a 20. Después de esa hora consulte en la web.” Muy frustrado, tuve ganas de levantar la voz pero enseguida pensé que no debía agarrármela con él porque esa mala atención no era culpa del pobre telemarketer. ¿O si?

15-07-2017

Cambiar para sobrevivir

La resistencia al cambio no es un defecto. Es una parte esencial de lo que somos. Es resultado de la evolución natural y por ende se forjó decenas de miles de años atrás. En aquel momento, nuestros ancestros habitaban en las planicies de África, en un mundo donde los premios y castigos eran estables. Si salías un día de tu cueva, tomabas un sendero, te topabas repentinamente con un león y tenías la suerte de salir con vida, no ibas más hacia ese lado, porque allí estaba el león. Si, por el contrario, al día siguiente otro sendero te conducía a un valle lleno de frutos nutritivos, de ahí en más repetías esa conducta eficaz con regularidad.

Es decir: cuando encontrabas una receta que funcionaba bien para sobrevivir, los individuos más propensos a adoptar esas fórmulas se adaptaban mejor al medio y dejaban más descendencia. A la larga, la inercia a repetir lo que funciona se convirtió entonces en un aspecto crucial de nuestro linaje como especie. Ese aprendizaje quedó grabado en nuestro cerebro en la forma de un sesgo cognitivo, una conducta que opera afectando nuestra manera de leer la realidad y de tomar decisiones sin que siquiera seamos conscientes de ello. Parafraseando al economista británico John Kenneth Galbraith, enfrentados a la disyuntiva entre cambiar de idea o buscar pruebas de que no hace falta hacerlo, la mayoría elegimos demostrar que el cambio es innecesario.

01-07-2017

La verdad no existe

La verdad no existe. Es un ideal. Pero que no exista no nos exime de buscarla. Buscarla es fundamental, porque la verdad no existe, es un ideal, pero la mentira sí, es bien real.

Ante una determinado hecho se abren “n” posibles interpretaciones. La imparcialidad no existe. También es un ideal. Pero que no exista no implica dejar de aspirar a ella. Perseguirla es esencial porque la imparcialidad no existe, pero la tergiversación intencionada sí, es completamente tangible.

La justicia no existe. Es un ideal. Pero que no exista solo agiganta el desafío de lograrla. Porque aunque no exista la justicia y sea sólo un ideal, la injusticia y la inequidad nos interpelan, nos golpean en la cara cada minuto que pasa.

17-06-2017

Los trabajos del futuro

Imaginate que recibís una carta anunciándote que vas a competir en los próximos Juegos Olímpicos. ¡Ya está! Tenés tu lugar asegurado en Tokio 2020. Pero hay una salvedad: no se sabe aún en qué disciplina te tocará competir. Eso se decidirá en un sorteo el día anterior al comienzo de los Juegos y puede tocarte cualquier alternativa: sea tiro al plato, levantamiento de pesas, maratón, lucha grecorromana o clavado desde un trampolín. ¿Cómo te prepararías para esa competencia?

 

Ese es el desafío que enfrentamos hoy todos con respecto a los trabajos del futuro.

03-06-2017

Una mente mejorable

Consideramos la mente humana como algo maravilloso. Y en verdad hace cosas increíbles: es capaz de concebir una Sinfonía como la Novena de Beethoven, la teoría de la relatividad, la jugada del gol a los ingleses… Pero también falla. Falla de manera sistemática y en aspectos que no son menores para nuestra vida. Un caso muy claro es el de las ilusiones ópticas: nos muestran una imagen de líneas que son iguales pero, por alguna razón, nuestra mente ve a una de ellas más larga que la otra. Nos explican que son iguales, nos las miden, nos cuentan por qué las vemos de diferente longitud. Luego de todo eso volvemos a observar… y vemos una más larga que la otra.

29-05-2017

Un acertijo para ejercitar la mente

Los que leen este blog hace tiempo sabrán que me encantan los acertijos y que durante mucho tiempo fui publicando los que más me gustaban ¡hasta que me quedé “fuera de stock”!

Hace unas semanas entró una persona al sitio y empezó a resolverlos todos. Y como frutilla de la torta me mandó uno para que yo resolviera. El enunciado es muy simple pero la respuesta es antiintuitiva, receta infalible para que un acertijo me entusiasme. Así que le pedí permiso (¡gracias Gustavo Keimel!) y acá va para que puedan resolverlo.

Como siempre les pido que no pongan la respuesta en los comentarios así no le arruinan el problema a los que lleguen más tarde, pero sí los invito a que me cuenten si les gustó y a que me manden otros. Yo voy a publicar la solución en un comentario dentro de una semana para que chequeen si les salió bien.

Acá va el texto:

21-05-2017

Veinte años no es nada…

“Sentir / que es un soplo la vida / que veinte años no es nada”…

…nos decían Gardel y Le Pera en esa joya del tango que es “Volver”. Y parece que alguna razón tenían, porque siento que fue ayer que nació Officenet y sin embargo hoy se cumplen 20 años de ese 21 de mayo de 1997 en que ese sueño que comenzó como una loca idea en mi cabeza y la de Andy comenzó a ser una (¡no menos loca!) realidad.

Con Andy teníamos solo 25 años cuando empezamos a trabajar en crear Officenet. Éramos un par de chicos con una ingenuidad enorme, rasgo que ayudó mucho a que nos atreviéramos a desafiar dogmas y apuntar absurdamente alto. También teníamos una inexperiencia absoluta, lo que nos obligó a encarar cada nuevo desafío con una mezcla de humildad y ganas de aprender que también resultó clave. Finalmente, teníamos un hambre voraz: una vocación casi infinita de dejar la vida en la cancha para concretar aquello que soñábamos.

Hay un momento que recuerdo especialmente y que quizás fue el más lindo de mi vida como emprendedor:

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