Creo que mi respuesta tiene un poco que ver con lo que te dije en el post del football americano: no les interesa!!!
Pero vos fijate qué curioso lo que pasó con los comentarios: todas salieron a decir «Te leo siempre pero no tengo tiempo/tengo hijos/tenía que llevar al Boby al veterinario/tuve que sacarle el hamster al gato que se lo estaba por comer/cayó la vívora de mi suegra y me cortó la inspiración y el hipo/etc.»
Famosos son los chistes de las excusas de las mujeres para no tener sexo también. ¿Será que el método femenino para salir del paso es patearla a la tribuna?
Muy poquitos comentarios (no sé si llegan a cinco) dijeron con sinceridad que había cosas que no les interesaban.
Ninguna reconoció que había cosas de las que no podían opinar porque no sabían o no las entendían. Yo no sé qué es un sueldo variable y por el momento no sé para qué me sirve saberlo. No sé nada de temas contables, ni de economía, ni de cuestiones legales, ni de mil cosas que quizás se han hablado en este blog.
No me averguenza decirlo, no me formé en esas áreas, jamás me interesaron. Y si algún día me hace falta, lo haré sin mucho problema.
Tampoco hubo críticas a tus contenidos, que quizás podría haber sido un motivo para que no comenten. Como hace muy poco que te sigo, no puedo saber si son demasiado técnicos, están escritos para ser aplicados por tipos de conducción más acordes a «estilos masculinos», si es que hay una cuestión más gregaria en tus comentaristas varones y, por qué no, si entre tus comentaristas varones pudiera haber muchos que son figurettis/chupamedias como se ve en algunos otros blogs. ¿Viste esa típica gente que comenta haciéndose el amigo? Y en el tema de emprendedorismo he notado que hay muchos así. Pero bueno, eso es harina de otro costal.
Otra cosa llamativa es la necesidad de justificarse afectivamente de la gran mayoría de las comentaristas. Y en eso me parece que hay cuestiones socioculturales que marcan algo muy interesante: el hombre demanda y la mujer se siente «culpable» por no haber cumplido con una expectativa. Entonces se justifica en su «rol de mujer», pero para que «no te sientas mal» busca agradar y demostrar afecto con un «te leo siempre», «si pudiera lo haría», etc. ¿Por qué no hubo respuestas directas y honestas? Porque la cultura dice que hay que ser «amable» para llegar a un hombre.
Y esto me sorprende y a la vez me decepciona. ¿Acaso las mujeres dejan de expresar su opinión en espacios participativos después de décadas de haberlos reclamado porque se tienen que ir a cocinar o a cuidar la prole? ¡Vamos! Es casi un contrasentido eso. ¿No hay nadie más que lo pueda hacer? ¿A qué se dedican los maridos, novios y padres de sus hijos mientras ellas no tienen tiempo de vivir? ¿Están tirados viendo tele?
Esto me recordó a un texto de Daniel Pennac que leí hace un tiempo y que quiero dejártelo acá, a propósito del tema de tener tiempo:
¿Dónde encontrar el tiempo para leer?
¿A qué parte de mi distribución del tiempo debo quitar ese momento de lectura diaria? ¿A los amigos? ¿A la tele? ¿A los desplazamientos? ¿A las veladas familiares? ¿A los deberes?
Problema serio.
Que no lo es.
Desde el momento en que se plantee el problema del tiempo para leer, es que falta el deseo. Pues visto con detenimiento, nadie tiene jamás tiempo para leer. Ni los pequeños, ni los adolescentes, ni los mayores. La vida es un obstáculo permanente para la lectura.
— ¿Leer? Me gustaría mucho, pero el trabajo, los hijos, la casa, ya no tengo tiempo…
— ¡Cómo envidio que usted tenga tiempo para leer!
¿Y por qué una mujer, que trabaja, hace compras, cría a sus hijos, conduce su auto, tiene tres amantes, va al dentista, se muda la semana próxima, encuentra tiempo para leer y aquel casto rentista soltero, no?
El tiempo para leer es siempre tiempo robado. (De la misma manera que lo es el tiempo de escribir o el tiempo para el sexo).
¿Robado a qué? Digamos que al deber de vivir.
El tiempo de leer, como el tiempo de amar, expande el tiempo de vivir.
Si tuviésemos que enfrentar el amor desde el punto de vista de nuestra agenda, ¿quién se arriesgaría a ello? ¿Quién tiene alguna vez a un enamorado que no se tome el tiempo de amar?
Yo nunca he tenido tiempo para leer, pero nada, jamás, ha podido impedirme terminar una novela que amara.
La lectura no tiene que ver con la organización social del tiempo; es una manera de ser, como el amor.
El problema no está en saber si tengo tiempo de leer o no (tiempo que además, nadie, nunca me dará), sino en si me regalo o no la dicha de ser lector.»
Pennac, Daniel. Como una novela III. Dar de Leer, Anagrama, México, 2001, pp. 120-121 (Colección Argumentos, 49).
Y bueno, eso es más o menos lo que quería decir.
Tengo tiempo para comentar en este blog porque quiero y porque me lo regalo y porque se me da la gana. Y cuando no quiero, no me interesera, tengo algo mejor que hacer, no comento nada. Y punto.
Y tiene razón Pennac, bien podría tener tres amantes ya que estoy 😀