Las tres mentiras y el miedo a arriesgar

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Para mi presentación en la Red Innova, armé una presentación llamada “Las tres mentiras” donde hablé de las tres principales razones que esgrimen las personas para no arriesgar (el ppt y un videíto se pueden ver en la Agenda). Si bien allí yo me referí específicamente a las “excusas” para no emprender, creo que el principio general que expuse permite aplicarse a la decisión de arriesgar en muchos otros contextos también.

El factor miedo

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Hace rato que venía con ganas de escribir sobre el tema de la inseguridad pero me resulta muy difícil. Por eso me alegró cuando Ale Sewrjugin decidió hacerlo él en su post invitado. Pero en el post varios me insistían que esperaban que comente y así hicieron que finalmente me siente a escribir. Lo que hice tomó forma de post, no de comentario así que acá va.

Creo que tal vez mi postura desate mucha polémica porque mi opinión sobre este tema es bastante extrema.

Slumdog Millionaire: Bienvenidos al mundo que es

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No hay nada mejor que entrar a un cine sin saber nada del film que estás por ver (y por lo tanto sin ninguna gran expectativa) y salir sintiendo que acabás de ver una de las mejores películas de tu vida.

Eso es exactamente lo que me pasó cuando ayer a la noche vi Slumdog Millionaire, feamente traducida por el señor que traduce los títulos de las películas (inmortalizado por el genial Liniers) como “¿Quién quiere ser millonario?”.

Esta es una de esas películas de las que uno sale del cine pensando que todos los demás debieran verla. Así que invito a todos a que lo hagan.

La película ha desatado muchas polémicas pero sin duda alguna te saca a kilómetros de distancia de la zona de confort. No voy a decir nada que revele detalles del argumento así que si no la vieron de todos modos pueden seguir leyendo.

El desafío de ser padre hoy

Escena 1:

Estoy en una plaza con mis hijos. El mayor de ellos, que en ese momento tenía unos siete años, se esfuerza por descolgarse de una trepadora. En la de al lado, un chico que aparenta ser algo menor también intenta hacerlo cuando de repente noto que estaba asustado por la altura y me acerco ofreciendo ayudarlo. Mi hijo me alecciona: “Papá, no se puede ayudar a desconocidos. No hay que hablar con quien no conocés.”

Instantáneamente quiero decirle que no es así. Que, por el contrario, siempre hay que ayudar a los demás cuando está a nuestro alcance hacerlo. Pero no pude…

Me horroricé. Empujados por un mundo más peligroso que aquél en el que crecimos, estamos criando chicos ‘seguros’ al precio de hacerlos insolidarios.

A la distancia exacta de lo(s) desconocido(s)

Otra de las puertas que se abren a partir del uso de la web 2.0 es la posibilidad de entrar en contacto con muchísimas personas desconocidas. A los fóbicos como yo eso es suficiente para ponernos los pelos de punta.

A mí no me resulta sencillo relacionarme con extraños. Nunca chatearía con ellos por ejemplo. ¿Pero saben qué? Con este tema me llevé dos grandes sorpresas…

El peligro de las redes sociales

En las charlas que di recientemente en Wordcamp y Buenos Aires 2.0 compartí algunas ideas sobre mi visión del fenómeno de Internet 2.0 y las redes sociales. En este post y algunos más voy a compartir los principales puntos que toqué sobre este tema. El primero tiene que ver con el peligro de usar redes sociales.

No es raro en estos tiempos escuchar a quienes no adoptan herramientas 2.0 que no lo hacen porque usarlas es peligroso. Dicen que no subas tus fotos a Flickr. Que no pongas que vas a hacer en tu status de Facebook o Twitter o Friendfeed. Que alguien podría usar la información allí compartida sobre ti mismo para hacerte daño; por ejemplo, secuestrarte. Yo creo que ese es un argumento totalmente absurdo.

Pasó Wordcamp, viene Buenos Aires 2.0

Ayer estuve presentando en WordcampBA. El evento estuvo buenísimo. Mariano Amartino se lució en la organización, Matt Mullenweg no decepcionó ni un poco (muero por upgradear mi WP a 2.7!) y las tres charlas que pude ver estuvieron muy buenas.

Hablar en en ese contexto, lleno de bloggers super experimentados, fue muy desafiante (comparto mi ppt más abajo). Como dije al empezar mi charla, “si eso no es estar fuera de la zona de confort no sé qué sería”.

Para esta presentación elegí un estilo que normalmente no uso. Adenalina extrema. 53 slides en 10 a 15 minutos. Me tocó compartir panel con Esteban Panzeri de Lenovo y para mi sorpresa, él eligió un estilo aún más vertiginoso. Así que no sé si nuestras presentaciones habrán estado entre las mejores pero seguro estuvieron entre las más “sacadas”. Esteban definió lo nuestro con un escatológico apodo: “diarrea verbal”.

Abajo cuando vean el ppt veremos si les gusta pero por lo que recibí de los twitteos y via FB a la gente le gustó bastante. Entre las cosas que me dieron más orgullo estuvo que Ismael Briasco dijo que estuvo entre las tres mejores junto con la de Matt. Pablo Tossi twitteó que estuvimos “excelentes”, Santi Siri dijo lo mismo en mi Wall y José Teixidó dijo que fue la que más le gustó y resultó ser un Packer en potencia. A Federico Picone y Lore Amarante les gustó y Guillermo Bracciaforte dijo que lo nuestro fue “peculiar” y eso no es poco!

Volando alto

La sensación de volar, aunque sea a baja altura, es única. Pero el verdadero desafío (y placer) es poder volar alto.

La mañana siguiente a mi primer despegue, fuimos directo a una montaña mucho más alta que la anterior. Ya no era tiempo de preparativos ni de despegues de prueba: había llegado el momento de volar.

El despegue

En este juego de armar paralelismos entre aprender a volar y emprender un proyecto, el primer post cubrió la etapa de preparación. Ahora es el momento de enfocarnos en el startup. Y como Wes Harman, el autor de esta foto, nos recuerda, ningún startup es el primero ni el último en morir! 🙂

En concreto, pasadas dos horas de penar con el parapente y ser arrastrado por el viento, el profesor dijo que era momento de pasar a la siguiente fase: el primer despegue. Nos mudamos a un lugar cercano, donde se podía subir caminando por la ladera de una montaña a unos 30 metros de altura. Ingenuo, yo pregunté: “¿Vamos a volar en tandem, no?”. El profesor se rió. Con apenas dos horas de práctica era el momento de despegar y volar solo por primera vez.

Aprendiendo a volar

Pocas cosas me sacaron tanto de mi zona de confort como cuando hace unos años viajé con un grupo de amigos a aprender a volar en parapente. Los viajes entre mis amigos se definen por votación y de más está decir que ese año perdí.

Así que viajé a Tafí del Valle en Tucumán bastante asustado, pero decidido a empezar el curso, que sabía que comienza en un lugar llano como el living de mi casa. Después suponía que lo próximo era volar en tandem con un profesor a mi espalda y a eso me animaba. Y cuando llegara el momento de volar solo veía que hacía.

La experiencia fue super interesante y lo que voy a hacer ahora es una serie de cuatro posts vinculando lo que viví al aprender a volar con las etapas de emprender y fundar una empresa.

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