Veinte años no es nada…

«Sentir / que es un soplo la vida / que veinte años no es nada»…

…nos decían Gardel y Le Pera en esa joya del tango que es «Volver». Y parece que alguna razón tenían, porque siento que fue ayer que nació Officenet y sin embargo hoy se cumplen 20 años de ese 21 de mayo de 1997 en que ese sueño que comenzó como una loca idea en mi cabeza y la de Andy comenzó a ser una (¡no menos loca!) realidad.

Con Andy teníamos solo 25 años cuando empezamos a trabajar en crear Officenet. Éramos un par de chicos con una ingenuidad enorme, rasgo que ayudó mucho a que nos atreviéramos a desafiar dogmas y apuntar absurdamente alto. También teníamos una inexperiencia absoluta, lo que nos obligó a encarar cada nuevo desafío con una mezcla de humildad y ganas de aprender que también resultó clave. Finalmente, teníamos un hambre voraz: una vocación casi infinita de dejar la vida en la cancha para concretar aquello que soñábamos.

Hay un momento que recuerdo especialmente y que quizás fue el más lindo de mi vida como emprendedor:

La hipocresía de los adultos y el alcohol

Con la llegada de la adolescencia de mi hijo mayor, en los últimos meses fui invitado a un par de charlas organizadas por diferentes instituciones sobre la problemática del alcohol y los adolescentes, apuntadas a padres y chicos a partir de los 12 años.

Inicialmente me sorprendió que se viera al alcohol como un problema a una edad tan temprana. Pero pronto mi desconcierto fue migrando hacia la incredulidad: es muy impactante ver cómo casi ninguno de los padres parece notar en qué medida el «problema» de alcohol de sus hijos tiene su obvia raíz en el lugar que ellos mismos dan a las bebidas alcohólicas en su propia vida.

Como adulto abstemio que soy, miro el fenómeno desde afuera y resulta claro: el «problema del alcohol» radica en que vivimos en una sociedad que promueve y glorifica el tomar y es tolerante con el exceso. Donde los que no toman son «bichos raros», aburridos, no suficientemente piolas. Y no estoy hablando de los chicos: esa es la actitud de gran parte de los adultos que conozco.

Postal nro. 1: El exceso en las fiestas

Hace algunos meses atrás tuve un casamiento. Quedé completamente impactado por la ilimitada oferta de bebidas. La máxima que anima a buena parte de los organizadores es «si querés que la fiesta salga buena puede faltar cualquier cosa menos el alcohol». Promediando la noche buena parte de los asistentes estaban completamente borrachos, producto de su falta de moderación pero también de una disponibilidad absurda impulsada por los propios organizadores. Esa fiesta no fue una excepción: el exceso de alcohol y el descontrol como modo de diversión parece un tácito contrato colectivo.

Para complicar más las cosas, en los adolescentes el problema se amplifica por el exagerado valor que se le da a la extroversión: ser divertido resulta el más apreciado de los rasgos de personalidad. Para muchos la bebida se convierte en la única manera de «pelear» contra su propia personalidad tímida o tranquila.

Postal nro. 2: El exceso en los eventos laborales

En esta época de cierre de año, lo veo también en el contexto de las fiestas laborales. Si hay un contexto en el que parecería imprudente tomar en exceso es en un evento organizado por nuestro lugar de trabajo. No obstante, casi siempre sucede lo mismo: la oferta y el consiguiente consumo de bebidas de buena parte de la gente va mucho más allá de lo razonable. Recuerdo especialmente la primera fiesta de fin de año organizada por Officenet: muchas personas fueron sin escalas a la oficina en muy mal estado, otras directamente no pudieron ir a trabajar al día siguiente. En aquel momento me resultó difícil entender que tantas personas no tuvieran prurito en mostrar su borrachera ante sus jefes, pares y subordinados. Hoy me resulta claro que son pocos los que ven el exceso con malos ojos.

Postal nro. 3: La glorificación cotidiana

Quizá el aspecto más preocupante y sutil, de todos modos, sea el lugar preponderante y aspiracional que las bebidas alcohólicas ocupan en la discusión cotidiana, amplificado por las redes sociales. Sea por alardear de ser un «entendido» en vinos, whiskies o similar; sea en la forma de videos virales que muestran como «cool»  tomar un «shot» y desafiar a los amigos (verdadero origen el «ice bucket challenge»); o simplemente en una foto de la playa en Brasil de dos copas servidas de caipirinha; el alcohol aparece siempre glorificado: separando a los vivos de los giles. Nadie alardea ni se siente más piola por tomar jugo, ¿o si? En el extremo, igual que sucede con la ropa cara o los autos lujosos, el alcohol se convierte en una marca de status para las reuniones sociales.

Bonus: Siempre me llama la atención entre mis amigos y conocidos que en todas las ocasiones con consumo del alcohol, buena parte regresa a sus hogares manejando. Los controles del alcoholemia y el temor a la sanción han hecho recientemente bajar un poco esto, más por efecto del miedo a la multa o el descuento de puntos del registro que a una genuina conciencia del riesgo para uno mismo y para terceros.

Conclusión obvia

Como dijo Guillermo Jaim Etcheverry en este brillante artículo, «hay que preguntarse si nuestros chicos son tontos o, por el contrario, inteligentes cuando ignoran lo que predicamos e imitan lo que practicamos. (…) Lo que los chicos saben es lo que les enseñan sus mayores con el ejemplo. Los más inteligentes son los primeros en aprender que resulta mucho más importante seguir lo que la sociedad enseña implícitamente con sus acciones y a través de sus estructuras de recompensa que lo que predica en lecciones y discursos de recto comportamiento.»

Por más que se hable crecientemente del «problema del alcohol de los adolescentes», mirado desde afuera resulta para mí claro que en realidad el tema es el «problema del alcohol de los adultos». Mientras sigamos colocando a la bebida en ese lugar legitimado y aspiracional que tiene hoy para la mayoría , la asociación del tomar con «tener onda» será la base de la presión de pares que hace difícil a cualquier pibe que no quiera beber el sostener su decisión. Mientras sigamos viendo como aceptable (o hasta deseable) el exceso en la oferta y el consumo, nadie debería sorprenderse de que se tome cada vez más.

Si te preocupa el lugar que el alcohol ocupa en la vida de los pibes hoy en día, lo mejor es empezar por preguntarse qué lugar le das vos en la tuya, qué valores transmiten tus actos más que tus palabras, qué conductas incentivamos y recompensamos como sociedad. Hasta tanto censuremos el consumo excesivo, rechacemos la glorificación y hagamos que tomar bebidas alcohólicas sea tan (poco) cool como tomar agua mineral o jugo, toda preocupación por el uso del alcohol en los jóvenes será pura hipocresía.

Foto: Sakshi Sharma

Guia para copiarse en la escuela (y en la vida!)

Machete

A mediados de la década de los ’90, Luis Moreno Ocampo, que en ese momento conducía un programa de TV que simulaba un juicio para resolver problemas cotidianos, armó un encuentro que se llamó «Juicio a la copia». Allí estábamos unos 300 jóvenes estudiantes o recientes graduados. Luis empezó la actividad pidiendo que levantaran la mano aquellos que nunca en su vida se hubieran copiado. Cuando me ve, Luis siempre recuerda que yo fui uno de solo dos personas que levantaron la mano ese día.

Antes de seguir, un pequeño comentario al margen: estoy seguro de que en la audiencia había muchas personas más que nunca se habían copiado. Pero en este país de valores invertidos decir en público que uno hizo lo correcto y no se copió es casi seguro motivo de estigmatización y no de respeto. Muchos no se habrán animado a admitir que hacían lo debido. Pero ese no es el tema de este post.

Mucha agua ha corrido bajo el puente, mucho ha cambiado el sistema educativo y hoy vengo no solo a «cambiarme de equipo» sino también a proponer un cambio revolucionario: cambiar la manera de evaluar en las escuelas y universidades, promoviendo que todos se copien.

Gordon Gekko y la codicia como motor

Gekko2

Wall Street fue una de las películas más recordadas de los 80’s. Para muchos de los que en ese momento soñábamos con algún día dedicarnos a los negocios, la figura de su protagonista, Gordon Gekko, nos causó un profundo impacto. Tanto impacto que creo que pocos personajes son tan recordados por su nombre de ficción casi 20 años después como él.

Gordon Gekko encarnaba el capitalismo en su versión más cruda, en combinación con el lujo y la riqueza con la que un adolescente argentino común no podía ni fantasear. Al verlo en la pantalla dentro nuestro hervían, en un ambiguo cocktail, el rechazo y la admiración. Pero, te cayera mejor o peor, Gordon Gekko era GRANDE!

YPF: Instituciones, estado de derecho y capitalismo berreta

«Nombrá la mayor empresa petrolera del mundo. ExxonMobil? British Petroleum? Royal Dutch Shell? De hecho, las 13 mayores empresas de energía en la Tierra, medidas por las reservas que controlan, son ahora propiedad y operadas por gobiernos. Saudi Aramco, Gazprom (Rusia), China National Petroleum, National Iranian Oil, Petróleos de Venezuela, Petrobras y Petronas (Malasia) son todas mayores que ExxonMobil, la más grande de las multinacionales. En conjunto, las empresas petroleras multinacionales producen solo el 10% del petróleo y el gas mundiales. Empresas estatales controlan hoy más del 75% de la producción de crudo.»

El párrafo anterior no es el inicio de un discurso de CFK. Es el comienzo de esta nota en el Wall Street Journal (traducción mía). Así que parece que el gobierno argentino no está solo en esta idea de que el estado sea el que controle el petróleo disponible en la nación.

Sin embargo, la decisión anunciada esta semana de expropiar las acciones de YPF en manos de Repsol es, en mi opinión, a la vez errónea e inconveniente para los intereses de largo plazo del país.

Los nuevos miedos de los chicos (y de los papás!)

Miedos

Hace justo un año escribí un post de cuatro escenas hablando sobre el gran desafío que es ser padres hoy en día. Si tienen hijos y no lo vieron en su momento los invito a que lo vean antes de seguir leyendo.

Hoy la pregunta es la contraria… ¿cuán grande es el desafío de ser hijo hoy?

Mi hijo del medio viene teniendo cada tanto períodos de miedo, en los que no le gusta quedarse solo en un ambiente de la casa y se pone más apegado a nosotros.

Hace unos seis meses mi esposa le preguntó qué cosas le daban miedo. En mi infancia la respuesta podría haber sido «al hombre de la bolsa» o «al cuco». Mi hijo respondió que le tenía miedo «a los monstruos, a la fiebre porcina y a la gripe A». A nosotros en ese momento nos sorprendió que a los cinco años fueran esas sus preocupaciones.

Hace un par de semanas andaba asustado de nuevo y mi esposa volvió a preguntarle y su respuesta fue mucho más sorprendente. Esta vez dijo muy serio que le temía «a los  monstruos, a los vampiros… y a la esposa de Tiger Woods» (!!!).

La prueba de la bicicleta y la plata del taxista

bici

Dos páginas de internet, dos experimentos sociológicos.

Por un lado, La Prueba de la Bicicleta: un grupo de jóvenes argentinos deja bicicletas apoyadas en un poste sin candado y filma con una cámara oculta cuánto tiempo pasa hasta que alguien las roba.

Resultado: previsiblemente, en la mayoría de las esquinas de Buenos Aires la bicicleta no llega a durar 10 minutos. Cuando el experimento se realiza en España el resultado es bastante distinto. En casi todos los casos la bicicleta aún está ahí dos horas después.

Por otro lado, la historia de Santiago Gori, el taxista que devolvió una mochila con U$S 35.000 que una pareja de pasajeros olvidó en su taxi. El hecho de que él los haya buscado para reintegrarles el dinero fue noticia en todos los diarios de Argentina y algunos del exterior. La honestidad, a primera vista, resulta inesperada y sorprendente. Pero lo mejor de la historia vino después.

Política y deshonestidad en la Argentina

no-quorum

Ser honesto en política no es sólo no robar. 

Ayer a la mañana leí una de esas noticias que, pese a pasar mayormente desapercibidas para la mayoría de la gente, a mí me ponen absolutamente loco y resumen para mí todo lo que está mal con la política en la Argentina: por la campaña electoral hace un mes que el ni Congreso ni las comisiones legislativas sesionan. En lo que va del año, los diputados oficialistas sólo se sentaron en sus bancas y dieron quorum dos veces. ¿Para qué? Para sacar el único proyecto de ley que le interesó al Gobierno: el adelantamiento de las elecciones.

El desafío de ser padre hoy

Escena 1:

Estoy en una plaza con mis hijos. El mayor de ellos, que en ese momento tenía unos siete años, se esfuerza por descolgarse de una trepadora. En la de al lado, un chico que aparenta ser algo menor también intenta hacerlo cuando de repente noto que estaba asustado por la altura y me acerco ofreciendo ayudarlo. Mi hijo me alecciona: «Papá, no se puede ayudar a desconocidos. No hay que hablar con quien no conocés.»

Instantáneamente quiero decirle que no es así. Que, por el contrario, siempre hay que ayudar a los demás cuando está a nuestro alcance hacerlo. Pero no pude…

Me horroricé. Empujados por un mundo más peligroso que aquél en el que crecimos, estamos criando chicos ‘seguros’ al precio de hacerlos insolidarios.