¿Es la vida un derecho o una obligación?

En la noche de ayer un canal de televisión británico emitió un documental llamado “Right to Die?: The Suicide Tourist“, mostrando el proceso por el cual Craig Ewert, un profesor universitario estadounidense que sufría una enfermedad degenerativa incurable, se quitó la vida en la clínica suiza Dignitas, donde se practica la eutanasia.

Esto generó un amplio abanico de reacciones, la mayoría de ellas contrarias a la eutanasia y a la emisión de dicho programa.

A mí me cuesta mucho creer que en el siglo XXI todavía la mayoría de las personas se opongan a algo tan básico como el derecho de cada persona a decidir cómo y cuándo morir.

En este mundo el derecho a una vida digna le es negado a millones de personas que sufren del hambre y la pobreza y mueren de a cientos víctimas de enfermedades prevenibles. Hay también quienes convierten el “derecho a la vida” en una “obligación de vivir”, cuanto sea posible y a cualquier precio, negando así la dignidad tanto en la vida como en la muerte.

La necesidad insuficiente de la voluntad

En este mundo, ninguna receta puede garantizarnos el éxito. Pero asegurarnos el fracaso es bastante fácil y podemos hacerlo nosotros mismos, sin ayuda de nadie.

Hace unos años atrás leí el libro “El alquimista” de Paulo Coelho. No me gustó para nada. Su filosofía básica puede resumirse en que “cuando una persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño”. Es, en resumidas cuentas, el “tu puedes”, la visión voluntarista, llevada al extremo.

Esta semana escribí un post sobre el impacto de la crisis financiera. En uno de los comentarios, con mucha diplomacia Inés (que por una de esas casualidades viene a ser mi mamá!) objetó mi visión de la crisis como oportunidad, asociándola a una visión al estilo Coelho.

Reconozco que puede haber sonado a eso, pero nada más alejado de mi manera de pensar. Este es un mundo que en general conspira para que la mayoría de las personas no tengamos lo que queremos. Casi nunca es verdad que “si tu quieres, tu puedes”.

Tanto la versión “si quieres, puedes” como la lógicamente equivalente “si no puedes es porque no quieres” son sobresimplificaciones crueles, que generan falsas expectativas y, ante el fracaso, ponen la culpa en la persona.

Lo que para mí sí es una regla muy importante y casi universal, es que “si tu NO quieres, NO puedes”.

Lo que esta regla dice es bien distinto de las otras dos. Lo que dice es que nunca algo bueno ocurre sin que exista por detrás el poder de la voluntad para conseguirlo. La voluntad no es suficiente, pero es imprescindible.

Un recordatorio sobre la única certeza en la vida

Todos sabemos que hay una sola certeza en esta vida: que tarde o temprano, todos vamos a morir. Y sin embargo vivimos la mayor parte del tiempo desalineados de nuestras verdaderas prioridades en la vida.

Mucho se ha escrito en los últimos meses acerca de Randy Pausch, y especialmente desde la semana pasada, en que lamentablemente murió. Tanto se ha dicho que seguramente ya debes haber visto al menos una vez su última charla (hay también una versión abreviada y subtitulada sacada del programa de TV Oprah). Así que este post no es para recomendarte que la veas, aunque sin duda vale la pena que lo hagas si no lo has hecho aún.

La Mariposa en el Puño

Hace algún tiempo atrás tuve la oportunidad de asistir a un acto encabezado por Toty Flores, del MTD-La Matanza, en La Juanita. Uno de los oradores fue un joven rabino llamado Alejandro Avruj a quien yo nunca había escuchado hablar. Dio un discurso sumamente lúcido sobre nuestro rol como ciudadanos para hacer de la Argentina un mejor país donde puso el foco en que no hay que pedirle a Dios que nos ayude sino arremangarse y ponerse a trabajar en lograr un cambio.

Lo que quiero compartir ahora con ustedes es una pequeña historia sacada del Talmud con la que él cerró su participación. Quiero compartirla tanto por la belleza de su enunciación como por la profundidad, potencia y relevancia de su mensaje.

La historia dice que hace muchos muchos años atrás, en un pueblo había dos rabinos muy sabios. Los seguidores de cada uno disputaban entre ellos cuál de los dos era más sabio. Un muchacho finalmente tuvo una idea: atrapar una mariposa y llevarla encerrada en su mano ante el otro rabino y preguntarle: “Esta mariposa aquí en mi mano, ¿está viva o muerta?”. Si el rabino respondía “viva”, antes de abrir la mano apretaría la mariposa con el puño y mostraría que estaba muerta. Si por el contrario respondía “muerta”, abriría la mano y la dejaría salir volando.

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