El incomprensible encanto de ser argentino

Fuerza de atraccion

Cualquiera que venga leyendo este blog desde hace un tiempo sabe que yo soy extremadamente crítico de la Argentina. He despotricado, entre otras cosas, sobre el egoísmo de sus clases dirigenciales, el oportunismo miope de nuestras políticas públicas, el premio sistemático a los que quiebran las normas, la falta de integridad de la clase política y la tolerancia de los argentinos con la corrupción.

Me doy cuenta de que nunca, en este año y medio, escribí nada bueno sobre la Argentina… y no es casualidad. Mis sentimientos hacia el país están dominados por el desencanto y la bronca. Sin embargo, y por razones que no alcanzo a comprender, ser argentino tiene un incomprensible encanto que espero este post nos ayude a tratar de entender.

¿Quién dice que los estudiantes no comprenden lo que leen?

CNBA

Tiempo atrás, en “El país donde siempre ganan los malos”, un post sobre la corrupción en la Argentina, hice alusión a un artículo de hace unos 15 años escrito por el Dr. Guillermo Jaim Etcheverry que en su momento me había causado una gran impresión. Al armar ese post lo busqué en internet de todas las maneras imaginables y no pude encontrarlo.

Tiempo después quise citar el mismo artículo en una conferencia y esa vez se me ocurrió contactar al propio autor, con la esperanza de que él supiera dónde podría encontrarlo. Grande fue mi sorpresa cuando un largo rato después el Dr. Jaim Etcheverry me respondió que había pasado varias horas revolviendo cajas hasta dar con una copia en papel del diario donde apareció el artículo en cuestión.

Me lo envió por fax, lo leí, y probó ser aún más impactante de lo que lo recordaba- Y, pese a ser de hace 15 años su contenido sigue siendo completamente vigente. Le pedí permiso para transcribirlo y publicarlo aquí para que ustedes pudieran leerlo y él me autorizó.

El artículo, publicado en el diario La Nación el 12 de Febrero de 1994, había sido escrito días después de que se dieran a conocer los resultados de un estudio sobre el nivel de la educación en la Argentina y muchos se “rasgaban las vestiduras”, criticando cómo era posible que los jóvenes argentinos obtuvieran resultados tan malos en un test de comprensión de lectura. “Los estudiantes no comprenden lo que leen”, titularon muchos. Y aquí va la imperdible respuesta de Guillermo Jaim Etcheverry:

El síntoma y la enfermedad

Ibuprofen pills

Imaginen por un momento un paciente que padece una variedad muy agresiva de cáncer. Como consecuencia de ello, es sometido a un fuerte tratamiendo de quimioterapia que deja su sistema inmunológico sumamente deprimido y lo hace susceptible de contraer toda clase de infecciones. Como efecto colateral de una de esas infecciones, sufre de fiebre alta permanente, que no responde a los antifebriles disponibles.

Un encuestador se acerca y le pregunta cómo se siente respecto de sus problemas. El paciente dice que le preocupa tremendamente la fiebre, pero que la infección generalizada no le molesta demasiado…

“¿¿¿Y el cáncer???”- pregunta el entrevistador.

“Ah, cierto… el cáncer… Nah, eso es lo de menos. Cuando me baje la fiebre veré que hago con eso”.

Esta situación inventada podrá parecerles un disparate, pero es exactamente en lo que salí pensando yo el otro día de las oficinas de Ipsos-Mora y Araujo, donde me invitaron a la presentación del último sondeo de opinión pública en Argentina.

Política y deshonestidad en la Argentina

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Ser honesto en política no es sólo no robar. 

Ayer a la mañana leí una de esas noticias que, pese a pasar mayormente desapercibidas para la mayoría de la gente, a mí me ponen absolutamente loco y resumen para mí todo lo que está mal con la política en la Argentina: por la campaña electoral hace un mes que el ni Congreso ni las comisiones legislativas sesionan. En lo que va del año, los diputados oficialistas sólo se sentaron en sus bancas y dieron quorum dos veces. ¿Para qué? Para sacar el único proyecto de ley que le interesó al Gobierno: el adelantamiento de las elecciones.

El factor miedo

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Hace rato que venía con ganas de escribir sobre el tema de la inseguridad pero me resulta muy difícil. Por eso me alegró cuando Ale Sewrjugin decidió hacerlo él en su post invitado. Pero en el post varios me insistían que esperaban que comente y así hicieron que finalmente me siente a escribir. Lo que hice tomó forma de post, no de comentario así que acá va.

Creo que tal vez mi postura desate mucha polémica porque mi opinión sobre este tema es bastante extrema.

Stop War

Hace días que leo consternado las noticias que llegan desde Medio Oriente. Las vivo con una enorme tristeza, sólo superada por el tamaño de mi desconcierto: después de años de búsqueda fallida, ¿cómo encontrar finalmente el camino a la paz?

Como bien argumenta Amos Oz en este artículo que resultó cuasi-profético, yo estoy convencido de que en este conflicto no hay paz que nazca de la guerra. Y por eso me resulta difícil digerir esta ofensiva israelí. A la vez, me resulta claro que todas las veces en que se dio una oportunidad a una tregua que iniciara un proceso de paz fue siempre Israel quien cooperó y diferentes facciones palestinas las que se rehusaron, ya desde la célebre triple negativa de 1967 (No a la Paz, No al Diálogo, No reconocimiento del Estado de Israel).

También me opongo a esta guerra porque estoy convencido de que, como Martín Varsavsky explica en este post, esta guerra no sirve siquiera a los intereses de largo plazo israelíes de que ya no lluevan misiles o haya atentados suicidas. Mas bien prolonga la lógica perversa del odio que alimenta al extremismo islámico.

Este conflicto es muy complejo. No admite ser pensado como si hubiera “villanos” y “víctimas”. Y, sobre todo no admite ser pensado sin ponerse en la piel de quienes lo sufren, a distancia afectiva del dolor, porque de ese modo no se entiende nada. Por eso, me duele especialmente ver en la Argentina las diferentes manifestaciones (especialmente desde la izquierda) que de una manera, en mi opinión, profundamente ignorante e igualmente dogmática condenan la ofensiva israelí de manera unilateral, ubicando a unos como completos villanos y a otros como puras víctimas.

¿Qué hace por ejemplo la FUBA participando de una manifestación así, en la que el mayor convidado de piedra es la reflexión, la búsqueda de la verdad, la necesidad de comprender primero para poder actuar después? ¿Qué decir de las actitudes y dichos de Luis D’Elia y o las acciones del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez?

El país donde siempre ganan los malos

La Argentina está muy mal ubicada en los rankings internacionales de corrupción. De acuerdo a Transparency International estamos en la posición 109 a nivel mundial, cayendo respecto del año anterior y con un score de 2,9 sobre 10. Como comparación, nuestros vecinos más cercanos, Uruguay y Chile comparten el puesto 23 con 6,9. ¿Qué será lo que nos hace ser un pueblo más corrupto?

En mi opinión, la respuesta es simple: Uno obtiene de las personas aquello que reconoce y premia, no aquello que condena y castiga.

En un acto que asegura que sigamos por muchos años más hundidos en el fondo de la tabla entre los países más corruptos del mundo, el gobierno argentino acaba de presentar un proyecto de ley para premiar a todos los que evadieron impuestos, generaron dinero malhabido y/o desarrollaron actividades ilegales en los últimos años en la Argentina.

Los argentinos y la autodestrucción

Hoy es un día en que es difícil no estar triste.

El anuncio por parte de Cristina Kirchner sobre la nacionalización de los fondos previsionales es quizá un ‘robo’ a la gente mayor de lo que fue el Corralito. Yo creo que la única razón por la que hoy no hay masivas demostraciones en las calles es que, por un lado, el dinero que le están sacando a la gente esta vez es dinero que hasta dentro de varios años igual no iba a poder usar. Por otro, es dinero que la mayoría de nosotros siempre pensamos que, más tarde o más temprano, de una manera o de otra, nos iban a robar de todos modos.

La política de decir la verdad

Ayer, en un demasiado breve paso por Miami, me encontré un rato con Andy Freire. Y en ese rato surgieron dos temas muy interesantes de conversación así que van dos posts sobre eso, uno hoy y otro el sábado.

Durante nuestra charla, Andy me mencionó una organización en Estados Unidos que se llama Factcheck. Factcheck es un proyecto vinculado a la Universidad de Pennsylvania que apunta a reducir el nivel de engaño y confusión en la política de Estados Unidos.

En la práctica lo que hacen es genial.

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