Argentina también necesita “Democracia Real ¡Ya!”

En estos días estoy siguiendo atentamente lo que pasa en España con el 15M y la Acampada Sol. Y me complace ver la movilización de miles y miles de personas pidiendo por una democracia que funcione en serio, con el lema “Democracia Real ¡Ya!” (y la creatividad de la gente suma también otros geniales como los que incluyo en fotos más abajo).

Esa protesta tiene muchos elementos en común con lo que pasó en la Argentina en el 2001 (la foto que ilustra el post es de la Acampada Sol en Madrid, pero bien podría ser de la Plaza de Mayo hace 10 años). En aquel momento, en la Argentina, multitudes salieron a las calles bajo la consigna “que se vayan todos!”.

En los dos casos, me hace un poco de ruido sentir que, una vez más, lo que vemos es que la clase media sale a la calle solo cuando le duele el bolsillo. En el caso argentino, la consigna fue “que se vayan todos!” probablemente porque quedaba más elegante que salir pidiendo simplemente “que devuelvan los dólares” que el corralón le había arrebatado a la gente. Igual que en España, los reclamos de ese momento incluían una profunda reforma política, pero esta quedó rápidamente olvidada apenas se recuperaron los ahorros. Ojalá no pase lo mismo con las protestas españolas.

En este momento, diez años después del “que se vayan todos”, no se fue absolutamente nadie y casi todos los reclamos que están haciendo los jóvenes de España son todavía completamente aplicables a la clase política argentina.

La inseguridad más radical

El problema de la inseguridad nos impacta por todos lados. Las imágenes y testimonios nos asaltan desde el bombardeo mediático, las cadenas de mail o los relatos de primera o segunda mano de quienes han visto su seguridad comprometida de algún modo u otro.

Alguna vez argumenté en este post que, a mi modo de ver, en general confundimos a las verdaderas víctimas con los victimarios. En una línea similar, tenemos hoy este post invitado de Cynthia Frenkel.

Cynthia, aparte de ser mi esposa, es psicoanalista y trabaja en un centro público de salud mental.

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César González tiene 21 años. Pasó de los 15 a los 20 en institutos de menores y en la cárcel. Estando en esos lugares en que, como alguna vez dijo uno de mis pacientes, “Entrás con ganas de robar y salís con ganas de matar”, César “aprovechó” el tiempo para terminar el secundario y descubrir su pasión por las letras. De la mano de Patricio “Merok” Montesano, un tallerista voluntario de la cárcel, César se descubrió poeta y se rebautizó a sí mismo, adoptando el seudónimo de Camilo Blajaquis.

Descubrí a Camilo escuchando una entrevista radial que le hizo Andy Kusnetzoff  hace un año. Lo escuché decir: “Quiero que haya cultura en los barrios, deporte en nuestra villa… que sepan quién fue Kafka, Foucault, Van Gogh ¡Que se haga la prueba! ¿Qué pasa si inundamos de cultura la villa? En la villa tenés las armas servidas en bandeja para salir a robar. Es más fácil encontrar un arma que un libro. Si (…) es más fácil encontrar un arma y salir a robar que encontrar un libro y leer, entonces los resultados están a la vista.”[1]

En aquel momento me contacté con él y así supe que estaba por editar un libro de poesías, escrito desde el encierro, al que tituló “La venganza del cordero atado”. Una obra trascendente.

Durante la entrevista con Andy, Camilo, que vive en la villa Carlos Gardel, describe el desamparo diciendo: “De la avenida para allá es otro mundo… para nosotros la sociedad son extranjeros.”[2] Esos extranjeros, de los que habla Camilo, somos la mayoría de nosotros.

La muerte de Osama: un hecho simbólico

La captura de Osama Bin Laden es un hecho simbólico. No digo esto, como suele hacerse al calificar algo de “simbólico”, para minimizar su trascendencia, sino todo lo contrario. Es así porque las consecuencias prácticas futuras de su muerte son pequeñas al lado del impacto del mensaje que ésta transmite. Por eso, cómo se lo capturara era tan importante como la captura misma.

Atraparlo con vida, juzgarlo y encerrarlo por el resto de su vida hubiera tenido las mismas consecuencias prácticas que matarlo o mejores, evitando dar a Osama status de mártir entre sus seguidores. Pero hubiera servido también para dar un mensaje mucho más poderoso y trascendente: mostrar, con hechos y no declamaciones, que la apuesta del “eje del bien” en la lucha antiterrorista es, inequívocamente, a la paz y a la grandeza, no a la violencia y la venganza.

¡Que vuelva el corralito!

A comienzos de diciembre de 2001, apenas unos días antes del desplome económico de la salida de la Convertibilidad, apremiado por las circunstancias, Domingo Cavallo adoptó una medida extrema: el tristemente célebre “Corralito. Como resultado de esta medida, la gente ya no podía disponer en efectivo del dinero que tenía en los bancos.

Mientras la mayoría se desesperaba y entraba en pánico, yo calladamente celebraba. De manera involuntaria, Argentina se lanzaba al primer gran experimento de virtualizar el dinero, haciendo que prácticamente todas las transacciones económicas estuvieran bancarizadas. Y yo estaba convencido de que el resultado sería revolucionario.

Semanas después vino la devaluación, la “pesificación asimétrica” y el “Corralón (reprogramación de los depósitos), que implicó una significativa confiscación de los ahorros de los Argentinos. El salvajismo de estas últimas medidas acabó por desatar el odio de los ahorristas, que se volcaron masivamente a las calles y apedrearon por meses las fachadas de los bancos. Así, un aluvión de ira acabó sepultando rápidamente ese osado (aunque forzado) experimento.

Solucionar el Corralón demoró años, pero de todas las locuras que surgieron durante ese caos, hubo una que se normalizó rápidamente: menos de un año después de su entrada en vigencia, Roberto Lavagna dispuso el regreso del efectivo a las transacciones económicas, poniendo fin al “Corralito”.

En este post, yo quiero argumentar que es hora de que volvamos a intentarlo.

Nestor Kirchner, in memoriam

Tal vez porque nunca lo voté y no planeaba hacerlo en el futuro, la muerte de Néstor Kirchner me dejó varias sorpresas. La primera sorpresa fue mi propia consternación y tristeza al enterarme de la noticia. La segunda fue mi bronca al escuchar por mi ventana a muchos autos tocando la bocina celebrando. La tercera fue ver a las miles y miles de personas esperando durante horas, incluso bajo la lluvia, para acercarse a sus restos y llorarlo.

En estos días emití algunas de mis opiniones en Twitter y Facebook y, especialmente en Facebook, se armó una considerable polémica. Y por eso decidí compartir mi visión desde el blog.

La responsabilidad de ser libres

Leña

Yo soy el mayor de tres hermanos. Y en mi caso la palabra “mayor” es de verdad porque le llevo 10 años a mi hermano y 12 a mi hermana.

Mi hermano Mariano Bilinkis es ingeniero de grabación de bandas grossas como Catupecu Machu y Las Pelotas. También tiene su propia banda de música electrónica. Y alguna vez le ofrecí si quería escribir un post invitado sobre música.

Él aceptó el convite, pero ustedes saben cómo son los hermanos menores, ¿no? Los mayores siempre somos los aburridos, los conservadores, los “estructurados”. Los menores, en oposición, son divertidos, arriesgados, transgresores. En fin…

Con ustedes, un post invitado de mi hermano Mariano. ¡Veanlo que está buenísimo y promete una gran discusión!

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Voy a empezar este post haciendo una confesión. Soy consumidor periódico de marihuana. Contrariamente a otras confesiones, me siento liberado al decirlo porque vivo en un mundo que legalmente me lo prohíbe y moralmente me lo condena.

Soy una persona privilegiada con respecto a muchas otras de mi país porque recibí una educación completa y crecí contenido en un hogar lleno de amor y sabiduría. Considero que  fue precisamente este ámbito el que me permitió tomar por completo las riendas de mis riesgos y mis recompensas. Uno de esos riesgos fue probar esta sustancia prohibida y estigmatizada. Lo hice por curiosidad, como suelo hacer con la mayoría de los riesgos que decido tomar. Mi mente de adolescente consideraba que mientras las cosas que hiciese no dañaran a otros, era justo que yo pudiera hacer lo que quisiera con mi vida. Y así fue.

El síntoma y la enfermedad

Ibuprofen pills

Imaginen por un momento un paciente que padece una variedad muy agresiva de cáncer. Como consecuencia de ello, es sometido a un fuerte tratamiendo de quimioterapia que deja su sistema inmunológico sumamente deprimido y lo hace susceptible de contraer toda clase de infecciones. Como efecto colateral de una de esas infecciones, sufre de fiebre alta permanente, que no responde a los antifebriles disponibles.

Un encuestador se acerca y le pregunta cómo se siente respecto de sus problemas. El paciente dice que le preocupa tremendamente la fiebre, pero que la infección generalizada no le molesta demasiado…

“¿¿¿Y el cáncer???”- pregunta el entrevistador.

“Ah, cierto… el cáncer… Nah, eso es lo de menos. Cuando me baje la fiebre veré que hago con eso”.

Esta situación inventada podrá parecerles un disparate, pero es exactamente en lo que salí pensando yo el otro día de las oficinas de Ipsos-Mora y Araujo, donde me invitaron a la presentación del último sondeo de opinión pública en Argentina.

Política y deshonestidad en la Argentina

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Ser honesto en política no es sólo no robar. 

Ayer a la mañana leí una de esas noticias que, pese a pasar mayormente desapercibidas para la mayoría de la gente, a mí me ponen absolutamente loco y resumen para mí todo lo que está mal con la política en la Argentina: por la campaña electoral hace un mes que el ni Congreso ni las comisiones legislativas sesionan. En lo que va del año, los diputados oficialistas sólo se sentaron en sus bancas y dieron quorum dos veces. ¿Para qué? Para sacar el único proyecto de ley que le interesó al Gobierno: el adelantamiento de las elecciones.

El factor miedo

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Hace rato que venía con ganas de escribir sobre el tema de la inseguridad pero me resulta muy difícil. Por eso me alegró cuando Ale Sewrjugin decidió hacerlo él en su post invitado. Pero en el post varios me insistían que esperaban que comente y así hicieron que finalmente me siente a escribir. Lo que hice tomó forma de post, no de comentario así que acá va.

Creo que tal vez mi postura desate mucha polémica porque mi opinión sobre este tema es bastante extrema.

Inseguridades

calle-tercermundista

Un tiempo atrás le ofrecí a los tres “discutidores” que más comentarios habían hecho en los primeros seis meses de Riesgo y Recompensa que escribieran un post como “columnistas invitados”. Acá va el segundo, escrito por Alejandro Sewrjugin. Que lo disfruten!

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¿Qué nos pasó a los argentinos? Cuando era chico, iba solo al cole en el primario, junto a mis hermanos, que son 2 y 4 años menores que yo. Esto era en la zona de Palermo Viejo -Escuela Genaro Berón de Astrada, en las calles El Salvador y Costa Rica-.

En el secundario, iba solo en el bondi a las 6:45 de la mañana. Mis viejos ya estaban separados para esa época, y mi vieja se levantaba a hacerme el café con leche y luego ni se preocupaba de que me fuera a “oscuras” a tomarme el colectivo 12 en la parada de Salguero y Santa Fe. Concurría al Carlos Pellegrini. En las charlas filosóficas que mantengo con mi gran amor, mi esposa, me cuenta de su viaje al Sur con sólo 15 años y de mochilera -junto a 3 amigas- y de cómo sus padres pudieron permitirlo -claro, pensándolo con la mentalidad actual-.

Imaginar hoy en dejarles hacer eso a mis hijos, me da miedo. Pensar en que salgan solos a la noche a bailar, mucho peor. Hoy, sabemos cuando salimos de nuestras casas, pero no si regresamos. Parece un poco extremista, pero es la sensación que uno tiene. A cualquiera puede tocarle, en cualquier lugar. Vivimos en una actitud constante de vigilancia, de desconfianza con cualquiera que se nos acerque, de “estar en vilo”. Y esto no hace mas que impulsar el individualismo y la falta de compromiso con el prójimo.

¿Qué nos pasó a los argentinos? ¿Cómo pudimos llegar a este punto?

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