¿Por qué a los argentinos nos gusta tanto hablar mal de nosotros mismos?

Hace par de semanas me invitaron a participar de un panel con un grupo de estudiantes del MBA de UCLA. Eran unos 50 en total, provenientes de países muy variados, y habían venido a pasar una semana en Buenos Aires liderados por un profesor argentino que enseña allá para entender cómo era vivir y hacer negocios en el país.

Mi charla fue en la mañana del viernes, cuando el viaje ya terminaba. Éramos cuatro panelistas y los que hablaron antes que yo todos transmitían una visión muy negativa del país. A juzgar por las caras y luego las preguntas que hicieron se notaba que en los cinco días en los que habían estado con interlocutores muy variados, NADIE les había transmitido una visión positiva. Escucharon sobre la inestabildad económica, la corrupción, la inseguridad, la anomia. Me dio mucha impotencia y decidí patear el tablero.

Gordon Gekko y la codicia como motor

Gekko2

Wall Street fue una de las películas más recordadas de los 80’s. Para muchos de los que en ese momento soñábamos con algún día dedicarnos a los negocios, la figura de su protagonista, Gordon Gekko, nos causó un profundo impacto. Tanto impacto que creo que pocos personajes son tan recordados por su nombre de ficción casi 20 años después como él.

Gordon Gekko encarnaba el capitalismo en su versión más cruda, en combinación con el lujo y la riqueza con la que un adolescente argentino común no podía ni fantasear. Al verlo en la pantalla dentro nuestro hervían, en un ambiguo cocktail, el rechazo y la admiración. Pero, te cayera mejor o peor, Gordon Gekko era GRANDE!

¿Tiene sentido que los niños estudien idiomas hoy en día?

Idiomas

Está claro que muchos avances científicos y tecnológicos van a modificar nuestras vidas. La pregunta que quiero plantearles hoy es: ¿tendríamos que replantearnos en función del cambio tecnológico ciertas “obviedades” respecto de la crianza de nuestros hijos, que es quizá el más importante “proyecto” de largo plazo en el que estamos involucrados?

Ayer hice una pregunta al respecto en Twitter y Facebook y generó una gran discusión, así que ahora quiero plantear el tema acá.

La pregunta fue la siguiente: ¿Con la relativamente próxima llegada de aparatos traductores móviles, tiene sentido que nuestros hijos estudien idiomas?

Antes de abrir el tema a discusión quiero hacer tres comentarios:

YPF: Instituciones, estado de derecho y capitalismo berreta

“Nombrá la mayor empresa petrolera del mundo. ExxonMobil? British Petroleum? Royal Dutch Shell? De hecho, las 13 mayores empresas de energía en la Tierra, medidas por las reservas que controlan, son ahora propiedad y operadas por gobiernos. Saudi Aramco, Gazprom (Rusia), China National Petroleum, National Iranian Oil, Petróleos de Venezuela, Petrobras y Petronas (Malasia) son todas mayores que ExxonMobil, la más grande de las multinacionales. En conjunto, las empresas petroleras multinacionales producen solo el 10% del petróleo y el gas mundiales. Empresas estatales controlan hoy más del 75% de la producción de crudo.”

El párrafo anterior no es el inicio de un discurso de CFK. Es el comienzo de esta nota en el Wall Street Journal (traducción mía). Así que parece que el gobierno argentino no está solo en esta idea de que el estado sea el que controle el petróleo disponible en la nación.

Sin embargo, la decisión anunciada esta semana de expropiar las acciones de YPF en manos de Repsol es, en mi opinión, a la vez errónea e inconveniente para los intereses de largo plazo del país.

¿Superhéroes o botones?

Imaginemos una situación: vas caminando por la calle y ves a un joven que aprovecha un descuido de una señora y le saca la billetera sin que ella lo note. A 50 metros de distancia hay un policía. ¿Qué hacés? ¿Tratás de atrapar al ladrón, gritás o corrés para avisar al policía o no hacés nada? Te pido que pienses ahora no solo qué harías sino qué te parece que es lo correcto para hacer en una situación así.

Te agrego ahora un elemento. La persona que acaba de cometer el delito es alguien a quien conocés. No necesariamente un amigo pero alguien conocido. ¿Cambia en algo tu decisión? ¿Y tu idea de lo que es correcto?

La respuesta a esta pregunta plantea una cuestión ética que divide en dos a las sociedades. En gran parte del mundo, cuando uno presencia un hecho indebido la obligación moral es actuar. Hacer lo que esté a nuestro alcance para prevenir o castigar lo incorrecto. En esos países, por ejemplo, si un padre trata a su hijo con rudeza en la calle, es altamente probable que otra persona se acerque de la nada y lo reprenda. En otros, como la Argentina, la ecuación está invertida. Denunciar a quien hace algo indebido sin ser el perjudicado directo de la acción incorrecta es ser “botón”. Y para mucha gente, ser “botón” es tan grave como el acto indebido mismo.

En sociedades como la nuestra, la responsabilidad de que la gente haga lo correcto recae sola y exclusivamente en la autoridad correspondiente. Todos los demás, no tenemos nada que ver y preferimos la complicidad pasiva a la “botoneada”. Esto se ve mucho más claro en el ejemplo en que la persona que actúa incorrectamente es alguien conocido. En ese escenario muchas veces la cosa se extrema: no solo la gente cercana no interviene, sino que suele hacer todo lo que esté a su alcance para propiciar el encubrimiento.

Me gustaría presentarles ahora tres ejemplos: 1) algo que me sucedió a mí, 2) el trágico choque de hace dos semanas en la ruta 11, y 3) la “masacre de Las Heras” del mes pasado.

Los feriados, los puentes y la cultura del laburo

Con este post seguramente me voy a ganar unos cuántos enemigos… Pero la verdad es que, si bien los disfruto cuando tocan, no me cierra para nada la proliferación de feriados que viene teniendo la Argentina, y mucho menos el agregado de “días puente”.
En las etapas tempranas de Officenet, cada año teníamos que decidir si trabajar o no medio día el 24 y el 31 de diciembre. Y yo siempre opté por que la empresa trabaje. Esos días se vendía muy poco, sí. No era cuestión de que convenga abrir. Era un tema de cultura del trabajo, de transmitir que siendo una empresa muy joven necesitábamos dejar todo en la cancha si es que algún día seríamos grandes. Si se vendía poco, ese día era una gran oportunidad para hacer cosas que uno nunca tenía tiempo de hacer en la vorágine cotidiana. Por ejemplo, que cada uno ordenara su escritorio.

Aborto: ¿para todos o para pocos?

En general en todos los temas de política pública que generan fuerte controversia con los sectores más conservadores de la sociedad yo suelo tener posiciones abiertas y “progres”. Por ejemplo, celebré cuando se aprobó el matrimonio igualitario. Pero de todas las cuestiones de este tipo el aborto ha sido siempre la que me resulta más delicada y difícil a la hora de definir una postura personal.

Por eso, vengo siguiendo con interés las discusiones recientes sobre el tema y trabajando mis contradicciones internas para tratar de pasar algo en limpio. Y acá quiero compartir con ustedes mis pensamientos al respecto.

Empiezo por el final: pese a que quedan todavía en mí algunas ambigüedades e incomodidades, creo que la posibilidad de abortar debería ser legal. Y sustento esa convicción en tres razones distintas:

Volver al futuro

Este es un año electoral. Por esa razón, hace dos semanas publiqué un primer post sobre política, en ese caso el post invitado de Raquel Alvarez sobre su vínculo emocional con el Kirchnerismo. Allí invité a que otros que quisieran expresar ideas diferentes escribieran también para enriquecer la discusión con visiones distintas.

El primero en recoger el guante fue Miguel Braun. Yo conozco a Miguel hace más de 20 años y es, sin lugar a dudas, una de las mentes más brillantes que conozco. Doctorado en Economía en Harvard, es docente de diversas materias en numerosas universidades y fue uno de los fundadores de CIPPEC, el “think tank” de políticas públicas más importante de Argentina. Actualmente se desempeña como director ejecutivo de la Fundación Pensar.

La mentira como herramienta de manipulación política

Hay actos que son ilegales. Y otros que son antiéticos. Los primeros no se hacen, porque hacerlos transgrede una norma y ello conlleva un castigo. Las razones para no cometer los segundos son menos claras. Que actuar antiéticamente tenga o no consecuencias depende únicamente de la censura y la desaprobación de los demás frente a esos actos.

En sociedades como la Argentina, donde la piolada es generalmente más apreciada que la ética, esa condena en muchos casos hace tiempo no existe. Y cruzar la delgada línea de actuar antiéticamente no genera problemas o hasta es celebrado. Eso fue llevando a que, por acumulación de casos, vayamos perdiendo la sensibilidad y veamos como naturales y aceptables cosas que claramente no lo son. Hoy quiero hablar de una de ellas.

Argentina también necesita “Democracia Real ¡Ya!”

En estos días estoy siguiendo atentamente lo que pasa en España con el 15M y la Acampada Sol. Y me complace ver la movilización de miles y miles de personas pidiendo por una democracia que funcione en serio, con el lema “Democracia Real ¡Ya!” (y la creatividad de la gente suma también otros geniales como los que incluyo en fotos más abajo).

Esa protesta tiene muchos elementos en común con lo que pasó en la Argentina en el 2001 (la foto que ilustra el post es de la Acampada Sol en Madrid, pero bien podría ser de la Plaza de Mayo hace 10 años). En aquel momento, en la Argentina, multitudes salieron a las calles bajo la consigna “que se vayan todos!”.

En los dos casos, me hace un poco de ruido sentir que, una vez más, lo que vemos es que la clase media sale a la calle solo cuando le duele el bolsillo. En el caso argentino, la consigna fue “que se vayan todos!” probablemente porque quedaba más elegante que salir pidiendo simplemente “que devuelvan los dólares” que el corralón le había arrebatado a la gente. Igual que en España, los reclamos de ese momento incluían una profunda reforma política, pero esta quedó rápidamente olvidada apenas se recuperaron los ahorros. Ojalá no pase lo mismo con las protestas españolas.

En este momento, diez años después del “que se vayan todos”, no se fue absolutamente nadie y casi todos los reclamos que están haciendo los jóvenes de España son todavía completamente aplicables a la clase política argentina.

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