¿Y si tu próximo jefe fuera una computadora?

Hace algunas semanas tuve la increíble oportunidad de exponer en la reunión sobre Trabajo del G20 en Mendoza. Allí se reunieron los Ministros y equipos de trabajo de ese área de las mayores potencias mundiales para discutir los desafíos laborales que la humanidad enfrentará en los próximos años. La idea de que las computadoras y la inteligencia artificial amenazarán muchos de los trabajos actuales, que hasta hace tres años parecía una idea descabellada que solo unos pocos locos vaticinábamos, ahora aparecía omnipresente, casi como una certeza de lo que se avecina. Quizás las advertencias de figuras prominentes del mundo de la tecnología, como Bill Gates, Elon Musk y Mark Zuckerberg, o de dirigentes globales como Jim Yong Kim, presidente del Banco Mundial, terminaron de instalar el mensaje en la agenda de los funcionarios. O tal vez haya sido por las noticias que aparecen con frecuencia creciente, sobre computadoras logrando realizar tareas más y más complejas con un nivel superior al de las personas que llevan hoy a cabo esas tareas. En cualquier caso, la preocupación era palpable.

El dilema del pasajero egoísta

Solo en los últimos dos meses Waymo, la division de Google que desarrolla autos que no requieren de conducción humana, anunció una inversion superior a los mil millones de dólares para adquirir más de 80.000 automóviles que le permitirán multiplicar en los próximos dos años su flota actual de 600 unidades a una más de cien veces mayor. Esta transacción termina de confirmar que la revolución de contar con autos plenamente autónomos está finalmente a la vuelta de la esquina. Esta es una excelente noticia, dado que la adopción de esta tecnología permitirá salvar millones de vidas que hoy se pierden por la impericia de la conducción humana.

La guerra por conquistar tu tiempo

Si te preocupa el uso exagerado que los jóvenes están haciendo de sus celulares, tu inquietud está justificada. Como decían en el Apolo 13, “Houston, tenemos un problema”. Como preparación a mi columna radial en Basta de Todo, encuesté a 1500 personas de todas las edades, y 78% de los menores de 21 años consideran su relación con los dispositivos digitales como adictiva. Pero el tema de esta nota no es el problema que tienen hoy los jóvenes. Tengo una noticia impactante para darte: ¡los adultos estamos hoy tan adictos a nuestros aparatos como los adolescentes! El porcentaje equivalente para los mayores de 21 es del 75%.

Los autos autónomos y la ética en algoritmos

Un tren circula a alta velocidad por una vía. Todavía está a cierta distancia del lugar donde estás y ves que más adelante hay 5 personas reparando la vía. No tenés manera de avisarle al maquinista ni a los obreros del inminente peligro, pero delante tuyo hay una palanca que permite desviar el tren a una vía alternativa en la que está trabajando una sola persona. Solo hay 10 segundos para tomar una decisión. ¿Usarías el mecanismo para salvar a cinco pero activamente condenar a uno? ¿O dejarías que mueran más personas pero sin tener responsabilidad activa en esas muertes?

La era de las cosas inteligentes

Hasta hace muy poco tiempo los únicos dispositivos conectados a internet eran las computadoras. Y toda la información disponible en la red era generada por los seres humanos, usuarios de esas computadoras. En los últimos años, con el rápido crecimiento de los smartphones, el número de aparatos conectados creció significativamente. Pero en este momento el proceso se está disparando. Cada vez nos encontramos con más y más dispositivos conectados: sistemas de monitoreo de video, medidores del estado del tránsito, SmartTVs, sensores climáticos, monitores de salud personales, y como conté en este espacio hace unos meses, pronto cualquier otra cosa, desde una heladera hasta un inodoro.

Ver para creer

La idea de que “hay que ver algo antes de creerlo” tiene orígenes bíblicos. Según el Nuevo Testamento, uno de los apóstoles, Santo Tomás, se rehusó a creer que Cristo hubiera resucitado hasta no ser capaz de observarlo con sus propios ojos. Cuando finalmente se encontraron cara a cara, continúa el texto, Tomás constató que era cierto pero Jesús le reprochó su incredulidad inicial.

Esta máxima de “ver para creer” expresa dos pilares de la experiencia humana del mundo. Por un lado, que fuera del ámbito específico de la fe religiosa, resulta fundamental buscar evidencias materiales como base para formar nuestras convicciones. Por otro, que la vista nos ha resultado siempre el más confiable de nuestros sentidos, el preferido a la hora de separar lo verdadero de lo falso.

El arma secreta de los humanos contra los robots

Un mes atrás perdí mi billetera. Adentro tenía mis documentos, mi tarjeta de crédito y credenciales varias. Antes de dar todo por perdido decidí esperar unas horas para ver si quien la encontrara se contactaba conmigo para devolverla. Y felizmente así sucedió. Esa misma noche, después de pasar por varias manos, una persona amable la dejó en mi casa.

Como precaución, decidí llamar a la empresa que emitió mi tarjeta para chequear si había sido usada. Después de navegar un buen rato por varios larguísimos menús de opciones que intentaron ahorrar dinero negándome el acceso a una persona, logré que me atienda un ser humano. Le expliqué la situación y le pedí que me dijera si se registraban consumos a mi nombre desde la hora en que había perdido la billetera. Con un tono metálico y monocorde me respondió: “Nuestro horario de atención es de 8 a 20. Después de esa hora consulte en la web.” Insistí. Después de todo sabía que los sistemas no dejan de funcionar a las 20 y que seguramente él podía acceder a la información que yo necesitaba. Una vez más, con el mismo tono de voz me recitó una por una las mismas palabras: “Nuestro horario de atención es de 8 a 20. Después de esa hora consulte en la web.” Muy frustrado, tuve ganas de levantar la voz pero enseguida pensé que no debía agarrármela con él porque esa mala atención no era culpa del pobre telemarketer. ¿O si?

Los trabajos del futuro

Imaginate que recibís una carta anunciándote que vas a competir en los próximos Juegos Olímpicos. ¡Ya está! Tenés tu lugar asegurado en Tokio 2020. Pero hay una salvedad: no se sabe aún en qué disciplina te tocará competir. Eso se decidirá en un sorteo el día anterior al comienzo de los Juegos y puede tocarte cualquier alternativa: sea tiro al plato, levantamiento de pesas, maratón, lucha grecorromana o clavado desde un trampolín. ¿Cómo te prepararías para esa competencia?

 

Ese es el desafío que enfrentamos hoy todos con respecto a los trabajos del futuro.

El peligroso racismo de las inteligencias artificiales

Con el avance vertiginoso de la inteligencia artificial, más y más aspectos de nuestra vida comienzan a ser regidos por decisiones tomadas por máquinas, sin intervención humana. Como ejemplo, gran parte de las operaciones ejecutadas diariamente en los mercados de capitales son resultado de instrucciones emitidas por computadoras que analizan miles de variables para decidir cuál es el momento ideal para comprar o vender una determinada acción, un método conocido como “trading algorítmico”.

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