La necesidad insuficiente de la voluntad

En este mundo, ninguna receta puede garantizarnos el éxito. Pero asegurarnos el fracaso es bastante fácil y podemos hacerlo nosotros mismos, sin ayuda de nadie.

Hace unos años atrás leí el libro “El alquimista” de Paulo Coelho. No me gustó para nada. Su filosofía básica puede resumirse en que “cuando una persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño”. Es, en resumidas cuentas, el “tu puedes”, la visión voluntarista, llevada al extremo.

Esta semana escribí un post sobre el impacto de la crisis financiera. En uno de los comentarios, con mucha diplomacia Inés (que por una de esas casualidades viene a ser mi mamá!) objetó mi visión de la crisis como oportunidad, asociándola a una visión al estilo Coelho.

Reconozco que puede haber sonado a eso, pero nada más alejado de mi manera de pensar. Este es un mundo que en general conspira para que la mayoría de las personas no tengamos lo que queremos. Casi nunca es verdad que “si tu quieres, tu puedes”.

Tanto la versión “si quieres, puedes” como la lógicamente equivalente “si no puedes es porque no quieres” son sobresimplificaciones crueles, que generan falsas expectativas y, ante el fracaso, ponen la culpa en la persona.

Lo que para mí sí es una regla muy importante y casi universal, es que “si tu NO quieres, NO puedes”.

Lo que esta regla dice es bien distinto de las otras dos. Lo que dice es que nunca algo bueno ocurre sin que exista por detrás el poder de la voluntad para conseguirlo. La voluntad no es suficiente, pero es imprescindible.

Cómo NO funciona el Venture Capital en Latinoamérica

Quizá lo más impactante de conocer cómo funciona el Venture Capital en Silicon Valley es el contraste enorme que existe con lo que sucede en Latinoamérica.

Yo soy amigo de varias de las personas que lideran o integran los principales fondos en la región. Pero volviendo de mi viaje no pude evitar sentir disgusto por cómo llevan adelante su rol de VCs.

¿Cuál es el problema? El problema es que el Venture Capital es esencialmente acerca de arriesgar. Así lo dejaron bien claro los VCs que conocimos en el viaje. Y acá, nadie se anima a tomar riesgos.

Entre las nubes oscuras

Este es el cuarto y último post de la serie sobre parapente y Entrepreneurship. En los tres anteriores hablamos sobre la preparación para emprender, el startup del emprendimiento y la fase de crecimiento. Ahora es tiempo de hablar sobre cómo lidiar con la adversidad.

Un rato después del placentero vuelo del post anterior, el horizonte empezó a llenarse de nubes. Como si la naturaleza hubiera querido darme letra para escribir en el blog. La metáfora para el Entrepreneurship era perfecta. En países como la Argentina, justo cuando la cosa se empieza a poner linda, aparece una tormenta que amenaza con cortarte las alas.

Volando alto

La sensación de volar, aunque sea a baja altura, es única. Pero el verdadero desafío (y placer) es poder volar alto.

La mañana siguiente a mi primer despegue, fuimos directo a una montaña mucho más alta que la anterior. Ya no era tiempo de preparativos ni de despegues de prueba: había llegado el momento de volar.

El despegue

En este juego de armar paralelismos entre aprender a volar y emprender un proyecto, el primer post cubrió la etapa de preparación. Ahora es el momento de enfocarnos en el startup. Y como Wes Harman, el autor de esta foto, nos recuerda, ningún startup es el primero ni el último en morir! 🙂

En concreto, pasadas dos horas de penar con el parapente y ser arrastrado por el viento, el profesor dijo que era momento de pasar a la siguiente fase: el primer despegue. Nos mudamos a un lugar cercano, donde se podía subir caminando por la ladera de una montaña a unos 30 metros de altura. Ingenuo, yo pregunté: “¿Vamos a volar en tandem, no?”. El profesor se rió. Con apenas dos horas de práctica era el momento de despegar y volar solo por primera vez.

Aprendiendo a volar

Pocas cosas me sacaron tanto de mi zona de confort como cuando hace unos años viajé con un grupo de amigos a aprender a volar en parapente. Los viajes entre mis amigos se definen por votación y de más está decir que ese año perdí.

Así que viajé a Tafí del Valle en Tucumán bastante asustado, pero decidido a empezar el curso, que sabía que comienza en un lugar llano como el living de mi casa. Después suponía que lo próximo era volar en tandem con un profesor a mi espalda y a eso me animaba. Y cuando llegara el momento de volar solo veía que hacía.

La experiencia fue super interesante y lo que voy a hacer ahora es una serie de cuatro posts vinculando lo que viví al aprender a volar con las etapas de emprender y fundar una empresa.

El Trebol

Uruguay, enero de 1980

Ella tenía 17 años. Él 19.

En medio del verano decidieron tomarse un recreo de sus trabajos como secretaria y empleado bancario para acampar con amigos unos días cerca del Cerro del Toro en Piriápolis. El tiempo acompañaba para un buen descanso playero.

El 7 de Enero decidieron subirse a la moto de él (una Gilera 150) para viajar al Chuy, un pueblo en la frontera con Brasil, para hacer unas compras, abastecer el campamento y de paso pasear un poco solos. Era un día de muchísimo calor, ambos llevaban ropa de deporte, short, zapatillas.

Después de completar el paseo, emprendieron el regreso. Agobiados por el calor, se detuvieron en un bar de la ruta a tomar algo y tuvieron una pequeña discusión porque ella, acalorada y con cabello hasta la cintura, no quería ponerse el casco. El, muy decidido, le dijo: “Si no te pones el casco, te dejo acá”, y con esa firmeza en su decisión definió el destino de su vida.

Un par de horas después, a eso de las 18, el sol todavía brillaba bien alto. Al llegar al cruce llamado El Trébol de Piriapolis, donde se cruzan las rutas interbalnearias que unen Montevideo con Punta del Este y Piriápolis con Pan de Azúcar, de repente vieron un ómnibus que avanzaba descontrolado hacia ellos. Intentaron detenerse pero la colisión parecía inevitable. Y entonces ocurrió el milagro.

Mi primera vez

El post de hace unos días sobre el futuro de las empresas de internet me dejó nostalgioso recordando el pasado. Me acuerdo de la primera vez casi como si fuera ayer.

Uno de mis mejores amigos trabajaba como Gerente de Sistemas de un sanatorio. Una noche de sábado estábamos sin mucho que hacer y me hizo la fatídica pregunta: “Vos alguna vez lo hiciste?”. Yo, lleno de vergüenza, le dije la verdad: “No, nunca”.

El primer millón es siempre el más difícil

Hay una frase que dice que el primer millón es siempre el más difícil. Bueno, acá vengo a contarles una manera diferente de ganarlo!

Algunas notas para la negociación con inversores

El otro día recibí una consulta de un emprendedor llamado Nicolás Millaner, que me preguntó cuáles eras las cosas con las que había que “ponerse duro” al negociar con un inversor. Me pareció buena idea postear mi respuesta acá porque creo que puede serle útil a otros.

Obviamente la pregunta es muy amplia y no tiene una única respuesta. Pero planteada en términos tan generales hay ciertos comentarios también generales para hacer.

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