El robo de ideas

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Una preocupación muy común entre los que quieren emprender un proyecto es el temor a contar su idea a alguien y que esa persona se robe la idea (sea un potencial socio, inversor, proveedor, cliente, etc.) . Yo creo que cuando uno se “apropia de una idea”, es casi imposible robarla y por lo tanto el miedo, pese a ser tan común, es completamente infundado.

El factor miedo

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Hace rato que venía con ganas de escribir sobre el tema de la inseguridad pero me resulta muy difícil. Por eso me alegró cuando Ale Sewrjugin decidió hacerlo él en su post invitado. Pero en el post varios me insistían que esperaban que comente y así hicieron que finalmente me siente a escribir. Lo que hice tomó forma de post, no de comentario así que acá va.

Creo que tal vez mi postura desate mucha polémica porque mi opinión sobre este tema es bastante extrema.

¡A fracasar!

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El fracaso tiene un lugar muy diferente en la cultura latina que en la anglosajona. En nuestros países latinos conlleva un estigma social y legal peor aún que las consecuencias del fracaso mismo.

Desde el punto de vista de la valoración social, en el mundo sajón importa más la naturaleza de tus intenciones y la intensidad de tu esfuerzo que el resultado mismo de tus actos. Allí se condena al malintencionado o al que no pone suficiente empeño, pero nadie opina que fracasar sea malo en sí mismo.

Yendo un paso más allá, en la búsqueda de capital de un emprendedor haber tenido un fracaso previo puede ser visto como muy positivo. Las condiciones para ello son: que no haya habido mala intención, se haya “dejado todo en la cancha” y se haya aprendido del proceso. Ejemplos de esta visión pueden encontrarse en medios como Business Week y Fast Company, en discursos de graduación de universidades o en numerosos blogs.

Así, mientras en un lugar fracasar es algo terrible y en el otro algo positivo, un estudio realizado recientemente muestra que no es una cosa ni la otra.

Lo que quiero ser cuando sea grande

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Cuando yo era chico y me preguntaban qué quería ser cuando sea grande yo no decía “emprendedor”. Tampoco los clásicos “bombero” o “policía”. No. Yo quería ser inventor.

Así fue como entre otras bestialidades, en un momento destrocé una radio buenísima que tenían mis padres en un intento por convertirla en un televisor color, cosa que obviamente no existía en la Argentina en esa época y siguió sin existir por unos años pese a mi intento.

Después la vida me fue llevando para otros lares pero mi ilusión por ser inventor sigue latente.

Un tiempo atrás escribí sobre la falta de modelos a imitar que tenemos los Argentinos. Ahora quiero compartir con ustedes la historia de alguien que vivió una vida relativamente normal hasta tener mi edad actual y le dio un giro realmente excepcional a partir de ahí. Y todo motivado por vivir una situación sumamente desgraciada. El post es un poco más largo de lo habitual pero vale la pena.

Sin duda cuando sea “grande” a mí me gustaría ser como él.

Estrategias de Negociación II: para rondas de capital y primeras citas

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En el post anterior hablé sobre la estrategia muy común de empezar una negociación adoptando una posición extremadamente dura. En este quiero contarles una historia que muestra como, en ciertos contextos, la estrategia totalmente opuesta puede ser también muy efectiva.

Estrategias de negociación I

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¿Cuánto vale el objeto que ven arriba en la foto?

Les doy una pista. Es un eje de un carro de madera casi petrificada traído de Vietnam. ¿No tienen idea? Yo tampoco.

Dos años atrás, en medio de mis vacaciones, entré a un local que vendía objetos y muebles vietnamitas. Apenas entré vi un objeto idéntico al de la foto, con un cartelito que decía que costaba U$S 300. Me gustó mucho pero, no me pregunten por qué,  pero me pareció caro y seguí mirando. Más al fondo del local encontré el de la foto, con un precio de U$S 130. ¿Y adivenen qué? Sí, adivinaron. La foto está sacada en mi casa. Lo compré de inmediato, feliz de haber hecho una gran compra.

¿Lo hubiera comprado de todos modos si el primer objeto idéntico no hubiera costado más del doble?

Este ejemplo real ilustra un principio muy interesante de la negociación.

El “Gerin Oil” y los males del mundo

Algunas personas, como veremos más abajo e ilustra la imagen de aquí arriba, creen que las religiones son las culpables de muchos de los males de este mundo. Yo creo, de manera más general, que el problema no son las religiones en sí, sino cualquier creencia fanática. En medio del debate sobre el conflicto de Medio Oriente, resulta interesante pensar sobre el rol que las religiones tienen sobre nosotros como personas y nuestras sociedades.

Unos días atrás se desató una gran polémica por una campaña gráfica en un ómnibus en Londres que decía: “Probablemente no hay un dios. Ahora deja de preocuparte y disfruta la vida”.

Esta campaña, que continuará la semana próxima en Barcelona, está encabezada por Richard Dawkins, un brillante y polémico científico Británico y la British Humanist Association. Incluso tiene a hoy más de 16,500 seguidores en Facebook.

Dawkins, además de ser autor de uno de los libros que más me gustó en la vida, es uno de los pocos ateos que hacen campaña activa anti-religiosa, como se puede ver en este video de TED.

Antes de esta campaña, uno de los actos más resonantes que hizo en este sentido fue publicar un artículo escrito con mucho humor e ironía donde explicó que la mayor parte de los males del mundo son causados por una sustancia llamada “Gerin Oil”. Les dejo a ustedes descubrir qué es esta misteriosa sustancia.

No sé si ese artículo alguna vez fue traducido al español. Yo no lo encontré, así que lo que voy a hacer aquí es traducirlo. Espero que el Dr. Dawkins no se ofenda. No tiene desperdicio.

El desafío de ser padre hoy

Escena 1:

Estoy en una plaza con mis hijos. El mayor de ellos, que en ese momento tenía unos siete años, se esfuerza por descolgarse de una trepadora. En la de al lado, un chico que aparenta ser algo menor también intenta hacerlo cuando de repente noto que estaba asustado por la altura y me acerco ofreciendo ayudarlo. Mi hijo me alecciona: “Papá, no se puede ayudar a desconocidos. No hay que hablar con quien no conocés.”

Instantáneamente quiero decirle que no es así. Que, por el contrario, siempre hay que ayudar a los demás cuando está a nuestro alcance hacerlo. Pero no pude…

Me horroricé. Empujados por un mundo más peligroso que aquél en el que crecimos, estamos criando chicos ‘seguros’ al precio de hacerlos insolidarios.

¿Es la vida un derecho o una obligación?

En la noche de ayer un canal de televisión británico emitió un documental llamado “Right to Die?: The Suicide Tourist“, mostrando el proceso por el cual Craig Ewert, un profesor universitario estadounidense que sufría una enfermedad degenerativa incurable, se quitó la vida en la clínica suiza Dignitas, donde se practica la eutanasia.

Esto generó un amplio abanico de reacciones, la mayoría de ellas contrarias a la eutanasia y a la emisión de dicho programa.

A mí me cuesta mucho creer que en el siglo XXI todavía la mayoría de las personas se opongan a algo tan básico como el derecho de cada persona a decidir cómo y cuándo morir.

En este mundo el derecho a una vida digna le es negado a millones de personas que sufren del hambre y la pobreza y mueren de a cientos víctimas de enfermedades prevenibles. Hay también quienes convierten el “derecho a la vida” en una “obligación de vivir”, cuanto sea posible y a cualquier precio, negando así la dignidad tanto en la vida como en la muerte.

El país donde siempre ganan los malos

La Argentina está muy mal ubicada en los rankings internacionales de corrupción. De acuerdo a Transparency International estamos en la posición 109 a nivel mundial, cayendo respecto del año anterior y con un score de 2,9 sobre 10. Como comparación, nuestros vecinos más cercanos, Uruguay y Chile comparten el puesto 23 con 6,9. ¿Qué será lo que nos hace ser un pueblo más corrupto?

En mi opinión, la respuesta es simple: Uno obtiene de las personas aquello que reconoce y premia, no aquello que condena y castiga.

En un acto que asegura que sigamos por muchos años más hundidos en el fondo de la tabla entre los países más corruptos del mundo, el gobierno argentino acaba de presentar un proyecto de ley para premiar a todos los que evadieron impuestos, generaron dinero malhabido y/o desarrollaron actividades ilegales en los últimos años en la Argentina.

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