Singularity University: 10 semanas para pensar cómo arreglar el mundo

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Finalmente ayer empezó Singularity University.

Arrancamos con una reunión con los fundadores Ray Kurzweil y Peter Diamandis. Después vino una ceremonia en la que hablaron ellos y otras personas increíbles como el Dr. Larry Brilliant (una de las cuatro personas que lideró la erradicación de la viruela… Qué coincidencia que se llame así, no?), el astronauta y físico Dan Barry, los fundadores mismos y un muchacho llamado Larry Page que hace unos años lanzó un sitio de internet cuyo nombre ahora no recuerdo.

Chistes aparte, la idea, puesta en una oración por el propio Larry Page, es explorar qué pasa si personas muy preparadas de todas partes del mundo se reunen 10 semanas con profesores destacados de las disciplinas más avanzadas a tratar de resolver los mayores problemas que enfrenta en mundo.

¿Por qué es tan difícil valorar lo que se tiene?

Todavía no empezó Singularity University y sin embargo este viaje ya me brindó uno de los aprendizajes más importantes que seguramente obtenga de esta experiencia. Es más, para eso no necesité siquiera salir de Buenos Aires.

El fiasco de Coca Cola y el lado oscuro del marketing

Lie Coke

A mí siempre me molestaron un poquito las publicidades del mundial hechas por empresas internacionales. Y creo que es porque siempre supe en algún punto que estaban “usando” nuestras emociones y nuestro amor por la camiseta, que en el fondo no les importa en lo más mínimo más que como medio para manipularnos.

Pero en la época de la web social, la posibilidad de tomar por estúpidos a los consumidores ya no tan sencilla como antes! Por eso es tan absurdo, y tan garrafal, el error que cometió Coca Cola hace un par de semanas. Una muestra contundente del lado más oscuro del marketing.

El fin de una era en mi vida: mi despedida de Officenet

El depósito de Officenet en 1997, el día del lanzamiento

Hoy es el día en que Officenet cumple 13 años. Y también es el día en que finalmente estoy llevando a cabo un cambio muy trascendente en mi vida que vengo madurando hace mucho tiempo.

Si Officenet existe hoy es, entre muchas otras razones, porque hace 14 años atrás, contrariando las expectativas y consejos de la mayoría de mis amigos y familiares, decidí dejar el confort de tener un buen puesto en Procter and Gamble y lanzarme junto a Andy Freire a la incierta aventura de construir una empresa.

Nuestra tendencia natural como personas es tratar de minimizar el riesgo en nuestras vidas y acomodarnos allí donde nos sentimos cómodos. Por eso el tagline” de este blog propone como ejercicio la búsqueda conciente de sacarnos a nosotros mismos de la “zona de confort”.

Pero la vida tiene vueltas curiosas, y Officenet, que años atrás representaba un enorme salto al vacío para mí, ya hace varios se convirtió en un espacio demasiado confortable. Y del mismo modo que me pasó un día cuando hice un “click” y decidí hacer lo anti-intuitivo y dejar Procter, hace unos meses llegué a la conclusión de que, otra vez, era hora de juntar coraje, salir de esa zona de confort y encarar desafíos nuevos.

El incomprensible encanto de ser argentino

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Cualquiera que venga leyendo este blog desde hace un tiempo sabe que yo soy extremadamente crítico de la Argentina. He despotricado, entre otras cosas, sobre el egoísmo de sus clases dirigenciales, el oportunismo miope de nuestras políticas públicas, el premio sistemático a los que quiebran las normas, la falta de integridad de la clase política y la tolerancia de los argentinos con la corrupción.

Me doy cuenta de que nunca, en este año y medio, escribí nada bueno sobre la Argentina… y no es casualidad. Mis sentimientos hacia el país están dominados por el desencanto y la bronca. Sin embargo, y por razones que no alcanzo a comprender, ser argentino tiene un incomprensible encanto que espero este post nos ayude a tratar de entender.

¿Carpe Diem? Viviendo cada día como si no fuera el último

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Hace unas semanas, Ángel “Java” López me dedicó via Twitter un post llamado “Carpe Diem, aprovecha y goza el día”, donde él discute la célebre escena de Robin Williams en “La sociedad de los poetas muertos” en que el profesor les recuerda a los alumnos que nuestra vida es breve y les enseña a “disfrutar el día” (en español, acá). (Nota: si hay alguien TAN joven que no ha visto la película, le recomiendo que deje ya mismo lo que sea que esté haciendo, se vaya a un videoclub y la vea hoy mismo!)

En ésta época del año en que la mayoría estamos haciendo balance y tomándonos unos minutos para repensar nuestors rumbos, quiero dedicar un post a discutir la idea de “aprovechar el día” y su versión hermana, “vivir cada día como si fuera el último”.

Aquí voy a argumentar la postura opuesta a la del post de Ángel y del “Profesor Keating”. Lo hago, no con el ánimo de polemizar, sino de promover una discusión filosófica sobre cómo vivir los días que nos quedan de una manera provechosa y gratificante.

Juan Taratuto: Quiénes somos y quiénes quisimos ser, 20 años después

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Hace dos semanas atrás, tuve la reunión por cumplir 20 años de haber terminado la secundaria en mi querido Colegio Nacional de Buenos Aires. Para celebrarlo hicimos un acto en el Aula Magna del Colegio y después una fiesta.

A mí me tocó ser presentador del acto, y estar 20 años después parado sobre el estrado de ese Aula Magna imponente me llenó de humildad, emoción y orgullo.

Para el acto le pedimos a dos de nuestros compañeros más destacados que prepararan un discurso. Por el turno mañana, Juan Pablo Varsky, a mi criterio uno de los mejores periodistas deportivos de la Argentina y ahora dedicado al periodismo general. Por el turno de la tarde, Juan Esteban Taratuto, cineasta, director de varias películas, entre ellas “Un novio para mi mujer”.

Los discursos de ambos fueron extraordinarios. Tan especiales que me parece que vale la pena compartirlos, porque su mensaje trasciende el hito de nuestros 20 años y es relevante para todos los que quieran leerlo.

Empiezo con el de Juan Taratuto, que, como el discurso de Steve Jobs que mencioné en “Un recordatorio sobre la única certeza en la vida”, es de esos que impactan, conmueven y dan ganas de releerlos cada seis meses por el resto de nuestras vidas.

¿Quién dice que los estudiantes no comprenden lo que leen?

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Tiempo atrás, en “El país donde siempre ganan los malos”, un post sobre la corrupción en la Argentina, hice alusión a un artículo de hace unos 15 años escrito por el Dr. Guillermo Jaim Etcheverry que en su momento me había causado una gran impresión. Al armar ese post lo busqué en internet de todas las maneras imaginables y no pude encontrarlo.

Tiempo después quise citar el mismo artículo en una conferencia y esa vez se me ocurrió contactar al propio autor, con la esperanza de que él supiera dónde podría encontrarlo. Grande fue mi sorpresa cuando un largo rato después el Dr. Jaim Etcheverry me respondió que había pasado varias horas revolviendo cajas hasta dar con una copia en papel del diario donde apareció el artículo en cuestión.

Me lo envió por fax, lo leí, y probó ser aún más impactante de lo que lo recordaba- Y, pese a ser de hace 15 años su contenido sigue siendo completamente vigente. Le pedí permiso para transcribirlo y publicarlo aquí para que ustedes pudieran leerlo y él me autorizó.

El artículo, publicado en el diario La Nación el 12 de Febrero de 1994, había sido escrito días después de que se dieran a conocer los resultados de un estudio sobre el nivel de la educación en la Argentina y muchos se “rasgaban las vestiduras”, criticando cómo era posible que los jóvenes argentinos obtuvieran resultados tan malos en un test de comprensión de lectura. “Los estudiantes no comprenden lo que leen”, titularon muchos. Y aquí va la imperdible respuesta de Guillermo Jaim Etcheverry:

Juan Enríquez y la frontera de la ciencia de la vida

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Sin duda lo que me resultó más interesante del World Business Forum fue la presentación de Juan Enríquez. En este post quisiera compartir con ustedes algunas de sus ideas más impactantes.

Durante su exposición, yo estaba todo el tiempo cautivado. Después de todo, mucho de lo que describía sonaba a ciencia ficción. “¿Realmente el futuro traerá todas estas cosas que él describe?”- pensaba.

“Yo no soy un futurólogo.” -dijo cerca del final- “Todo lo que estoy mostrándoles son fotos, todo lo que estoy contándoles son cosas que ya pasaron. Yo soy un historiador!”. Y ahí mi cabeza estalló.

El síntoma y la enfermedad

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Imaginen por un momento un paciente que padece una variedad muy agresiva de cáncer. Como consecuencia de ello, es sometido a un fuerte tratamiendo de quimioterapia que deja su sistema inmunológico sumamente deprimido y lo hace susceptible de contraer toda clase de infecciones. Como efecto colateral de una de esas infecciones, sufre de fiebre alta permanente, que no responde a los antifebriles disponibles.

Un encuestador se acerca y le pregunta cómo se siente respecto de sus problemas. El paciente dice que le preocupa tremendamente la fiebre, pero que la infección generalizada no le molesta demasiado…

“¿¿¿Y el cáncer???”- pregunta el entrevistador.

“Ah, cierto… el cáncer… Nah, eso es lo de menos. Cuando me baje la fiebre veré que hago con eso”.

Esta situación inventada podrá parecerles un disparate, pero es exactamente en lo que salí pensando yo el otro día de las oficinas de Ipsos-Mora y Araujo, donde me invitaron a la presentación del último sondeo de opinión pública en Argentina.

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