Un juego para comenzar el año nuevo

¡Espero que hayas tenido un lindo festejo de fin de año anoche! No suelo mandar mensajes muy seguidos, pero esta vez me pareció que valía la pena hacerlo para invitarte a jugar.

Anoche, por las precauciones propias de la pandemia, pasé la celebración con mi esposa y mis tres hijos adolescentes. En general solemos estar en reuniones más numerosas y esto de ser poquitos nos abrió la posibilidad de un festejo distinto. Con mi esposa tuvimos la idea de armar un juego: cada uno debía responder siete preguntas respecto de lo que vivió en el 2020 y de lo que quería a futuro, armando una respuesta que fuera la correcta, pero también cuatro opciones más que no fueran las elegidas. Nos tomó unos quince minutos a cada uno pensarlo y escribirlo.

La vida después de la pandemia, parte final: La búsqueda de un nuevo equilibrio

A lo largo de esta serie de notas sobre la cuarentena me propuse mostrarte que, entre tanta preocupación e incertidumbre, algunas de las limitaciones que la pandemia nos impuso podían generar aprendizajes que mejoren nuestra calidad de vida en adelante. Dejé para el final el más importante de estos cambios forzados: bajar nuestro ritmo de vida y disminuir la atención en las cosas materiales para privilegiar nuestra relación con las demás personas.

La vida después de la pandemia, parte 6: Las clases virtuales y el futuro de la educación

La cuarentena forzada por la pandemia tuvo dos efectos contrapuestos: mientras que algunas actividades se detuvieron por completo, otras se vieron transformadas a un ritmo sin precedentes. Una de ellas es la educación. Si bien hace más de una década que se habla de innovación educativa, hasta acá casi no se habían realizado grandes cambios. La suspensión de las clases presenciales nos obligó de improviso a armar una modalidad de emergencia a través de clases remotas y a hacer más cambios en dos meses de los que habíamos realizado en las últimas dos décadas.

La vida después de la pandemia, parte 5: La enfermedad de la globalización

Hay muy pocas situaciones en la vida en las que podemos tener la certeza de estar atravesando un momento histórico. Este es uno: lo que estamos protagonizando quedará en los libros y será estudiado por las generaciones siguientes. Quizás el rasgo más destacado sea que este es el primer acontecimiento verdaderamente global. Nunca antes había estado el planeta entero enfrentado a una misma situación al mismo tiempo , con las herramientas de comunicación para saber qué está pasando en cada rincón del globo. Tecnología y movilidad mediante, jamás fue tan cierto que vivimos todos en un único lugar y que, aggiornando el célebre proverbio chino, “el leve aleteo de una mariposa en Wuhan puede causar un tornado en Milán”.

La vida después de la pandemia, parte 4: La pandemia, una tragedia anunciada

Al momento de escribir esta nota llevo dos meses en cuarentena, sin salir de mi casa. No sé si también te pasa, pero en muchos momentos tengo ataques de incredulidad: jamás imaginé vivir algo así. Parece una mala película de ciencia ficción. ¡Todo esto es tan inesperado! ¿O no?

La vida después de la pandemia, parte 3: Un día sin médicos, repartidores, docentes, etc.

Quince años atrás, la película Un día sin mexicanos retrató en tono de sátira las hipotéticas consecuencias de que sorpresivamente desaparecieran todos los mexicanos del Estado de California. La falta de este grupo, con frecuencia relegado a trabajos físicos de poca notoriedad y mal remunerados, rápidamente ocasiona el colapso de muchos servicios esenciales, como la recolección de residuos, la limpieza doméstica o la cosecha de productos agrícolas, y otros efectos inesperados. En poco tiempo, la situación deja a la economía del mayor estado norteamericano al borde de la implosión. Cuando finalmente los mexicanos reaparecen, hasta los oficiales de inmigración -que normalmente los hostigaban en los cruces fronterizos- celebran con alivio su regreso.

La vida después de la pandemia, parte 2: El encierro humano y el alivio del ambiente

Seguramente hayas visto alguna de las imágenes que circulan por las redes. Jabalíes caminando por el centro de Barcelona y Tel Aviv. Cientos de monos dominando la escena en las ciudades de Tailandia. Ciervos pastando en los espacios verdes de los suburbios de Osaka. Delfines disfrutando las aguas calmas en los puertos italianos. Peces, sí, ¡peces!, nadando en las normalmente inhóspitas aguas del Riachuelo.

La vida después de la pandemia, parte 1: ¿Quisieras que todo vuelva a ser como era?

Estamos viviendo un momento tremendamente difícil, a nivel personal, familiar y de la sociedad toda. Para muchos es el más difícil que atravesamos en nuestras vidas, encerrados en nuestras casas, temerosos de lo que la pandemia pueda hacernos a nosotros, a nuestros seres queridos, a nuestros trabajos. Y sin embargo, en medio de este escenario angustiante, hay una idea que me aparece una y otra vez y me resulta casi imposible de entender: pese al encierro, al riesgo de enfermar, a la situación económica complicada, hay ciertos aspectos de mi vida en cuarentena que me gustan más y quisiera que sigan así cuando este momento termine. ¿Cómo puede ser que en una situación de menor libertad, donde ciertas opciones deseables aparecen drásticamente limitadas, me encuentre a mí mismo tomando decisiones más alineadas con mis objetivos y valores?

Volver a la luna (¡esta vez para quedarse!)

Curiosamente, para quienes nacimos a partir de 1970, la que quizás haya sido la mayor proeza tecnológica de la historia de la humanidad está asociada con el pasado y no con el futuro. A unos pocos días de que se cumplan 50 años de la llegada a la Luna, las hazañas de los ingenieros y astronautas que hicieron aquella gesta posible parece un relato mitológico donde lo que más se destaca es la extrema precariedad de las naves y computadoras utilizadas para trasladar y traer de regreso a otro mundo a estos valientes. Después de todo, uno solo de los teléfonos celulares que llevamos en el bolsillo para jugar al solitario tiene una capacidad muchos millones de veces más poderosa que todas las computadoras disponibles para la NASA combinadas en aquel entonces. Hasta es posible que tu reloj tenga más poder de cómputo que la máquina a bordo de las naves Apollo.

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