
Hace dos días salió una pequeña columna mía en la sección de Sábado de La Nación. Como suelo hacer en esos casos, comparto aquí con los lectores del blog una versión más completa de la nota publicada. Y les dejo un desafío final… ¡Espero que les guste!
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En 1900, una empresa alemana agasajó a sus clientes con postales que mostraban cómo imaginaban el mundo en el año 2000: con máquinas voladoras individuales, gente caminando sobre el agua, ciudades techadas, cámaras capaces de ver a través de las paredes y varios otros anhelos que jamás se materializaron.
La llegada de la computación hizo más difícil anticipar los cambios, dado que, a diferencia de tecnologías anteriores, las computadoras mejoran exponencialmente. El avance exponencial traiciona nuestra intuición sobre lo que es posible o imposible en un determinado plazo. Más aún, la tecnología «golpea» de maneras insospechadas. Hace unas semanas, la Cámara de Lavaderos de Autos atacó al Servicio Meteorológico Nacional, acusándolo de anunciar tormentas de más, perjudicando así su negocio.
Tal vez te preguntes qué tiene esto que ver con la tecnología… La predicción del tiempo se realiza actualmente con sofisticados modelos matemáticos que requieren grandes capacidades de cómputo. Gracias a la mejora de los algoritmos y del poder de los procesadores, la efectividad de los pronósticos es hoy mucho mejor de lo que era hace sólo 20 años, vaticinando las lluvias con varios días de antelación. Y la combinación de los medios tradicionales e Internet amplifican el efecto haciendo que mucha más gente esté al tanto del clima que se avecina. «Lavé al auto, así que hoy llueve», rezaba el dicho. Pero la realidad es que actualmente es raro que haya una tormenta y no lo sepamos varios días antes.
Yo estoy convencido de que los dueños de los lavaderos no pueden decirlo así, o quizá no son siquiera conscientes de esto, pero lo que les molesta y los perjudica significativamente no es la falla del pronóstico, sino el acierto. ¡Solo que no puede acusar al Servicio Meteorológico por acertar!Por un lado, la gente deja de lavar el auto si ve pronóstico de lluvia a unos días porque sabe que hay altas chances de que ocurra. Si la confiabilidad fuera tan mala, la gente no prestaría atención a sus previsiones. Por otro, como el dicho decía, cuando hace tiempo la precisión era menor, los lavaderos se beneficiaban también de las lluvias «inesperadas», beneficio que se reduce con un pronóstico más confiable.
Esta semana contacté al Director del Servicio Meteorológico Nacional, el Dr. Hector Ciappesoni, quien me proporcionó estadísticas para los últimos 25 años que claramente respaldan mi intuición al respecto. Algunos de los datos salientes son:
– Después de cierta irregularidad en los primeros años, desde 1998 el SMN lleva 16 años seguidos de consistente mejora en la precisión del pronóstico (usando una media móvil de 5 años). De acertar 74% de las lluvias pronosticadas para el día siguiente en 1998, el número creció sostenidamente hasta superar el 84% en 2012.
– En este período, las «falsas alarmas» (que molestan a los lavaderos) cayeron del 14 al 9%, mientras que las «lluvias inesperadas» (que los benefician) cayeron del 10 al 8%.
– De acuerdo al SMN, esta mejora es producto del avance de las computadoras, «la mejora en los modelos numéricos utilizados, la mejora en la calidad y mayor disponibilidad de imágenes satelitales y la mayor cantidad y calidad de observaciones del estado de la atmósfera».
La tecnología te «pega» donde menos lo esperás. ¿Quién podía anticipar que el avance de la tecnología en la forma de mejores algoritmos, procesadores más rápidos y mayor acceso a Internet afectaría tanto un negocio aparentemente alejado de lo tecnológico como el lavado de autos?
Dijo alguna vez Niels Bohr: «Es difícil hacer predicciones, especialmente acerca del futuro». Y es que lo único seguro sobre el mañana es que será distinto de hoy en modos que no anticipamos.
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DESAFIO FINAL
Para un potencial libro, me interesa mucho identificar otros procesos parecidos al que menciona este post. Así que les dejo dos preguntas (daré crédito en el eventual libro a los que aporten ideas interesantes):
1) ¿Se les ocurren otros ejemplos de cosas que hayan sido transformadas por la tecnología de manera no obvia?
2) ¿Qué otros cambios «inesperados» podrá generar el cambio tecnológico a futuro en áreas aparentemente inconexas?



