En la nota del domingo en Página/12 se deslizó un tema a la pasada sobre el que hace rato quiero escribir: la existencia de los platos voladores, el Sasquatch, el Monstruo del Lago Ness, Nahuelito, el Abominable Hombre de las Nieves y demás fenómenos que han mantenido intrigada a gran parte de la humanidad por décadas. El misterio, de un modo totalmente impensado, ha sido resuelto.
Los científicos y los escépticos han venido hace años y años tratando de rebatir la existencia de los «entes» mencionados más arriba con datos racionales («Con el costo que tiene un viaje intergaláctico, qué sentido tendría que naves extraterrestres con forma de plato vengan hasta la Tierra, sobrevuelen y se vayan, sin siquiera reabastecerse?»). Pero su trabajo ha sido infructuoso. Estoy seguro que si hago una encuesta en internet la mayoría de las personas siguen creyendo en OVNIs extraterrestres.
Sin ir más lejos, hace un mes vi de casualidad en un canal que se pretende científico como Discovery Channel un documental sobre un Sasquatch que vive en las afueras de New Jersey. En el programa, numerosos habitantes daban sus típicos testimonios: «Yo lo ví! Era muy grande y peludo! Sentí un gran miedo, quise correr y mis piernas se paralizaron!». Sin embargo, no sorprendentemente, no había ni un solo testimonio fotográfico decente de semejante criatura. Sí que son vivos estos bichos para evitar que les saquen fotos, eh!
Lo que nos lleva al punto central de ese breve post. En esta época, es muy sencillo determinar si algo de lo que nos hablan existe o no. Basta aplicar una sencilla regla de comprobación: Todo aquello de lo que no hay 38.000 imágenes en Flickr, Picasa o Facebook y 500 videos en Youtube simplemente no existe. Discusión cerrada.
Así que, lamento pincharles el globo a los crédulos, pero háganse a la idea: no existen los ovnis, ni el Yeti, ni los seres prehistóricos únicos habitando lagos, ni el chupacabras, ni ninguno de esos íconos de la cultura pop.
Durante años aparecieron montones de imágenes de supuestos OVNIs, siempre borrosas, casi indiscernibles. Bueno, resulta que desde hace unos 5 años, casi todas las personas que caminan por el mundo llevan en su mano una cámara fotográfica de muy buena definición. Como nos enseñó el tsunami de Japón recientemente, hoy en día toda cosa extraña que realmente sucede queda infinitamente documentada. Y con excelente calidad de imagen.
Por eso, insisto: si hubiera OVNIs, monstruos, etc. tendríamos miles de buenas fotos que no dejarían duda alguna de su existencia. No las hay. No existen.
Para cerrar, dos puntos importantes. El primero es una cuestión de lógica formal (soy taaaan nerd!). «P implica Q» no es equivalente a «no P implica no Q». O, en castellano, que no haya fotos prueba que algo no existe, pero (Photoshop mediante) que sí las haya no prueba que sí.
El segundo, que mientras gran parte de la humanidad se obsesiona absurdamente en mirar para arriba para ver naves espaciales sobrevolando sus casas, hoy me enteré de que la verdadera iniciativa científica para saber si existe vida en otros lugares del universo ha sido detenida por falta de fondos. El Allen Telescope Array, un colosal telescopio terrestre ubicado en California, ha sido puesto «on hold» por insuficiente financiamiento.
En esta nota, Seth Shostak de SETI (el principal instituto científico de búsqueda de vida fuera de la Tierra), el que me había hecho esta entrevista muy loca el año pasado, cuenta acerca de la detención del proyecto. Y esto ocurre justo cuando los investigadores del SETI estaban empezando a explorar los exo-planetas descubiertos por la misión Kepler.
EPILOGO:
Ah! Perdón. Lo confieso: en realidad los OVNIs existen pero es todo una conspiración para que no lo sepan. A mí me secuestró una nave, me llevó al espacio y allí me reuní con funcionarios de una organización mucho más secreta que la CIA que me obligaron a que escriba este post. Lamentablemente no pude sacar fotos y borraron mi memoria por lo que no recuerdo nada del tema.



