
En el mundo de hoy en día hay dos clases de personas: las que aman la tecnología y las que la rechazan. No hay término medio.
Yo claramente pertenezco al primer grupo y como tal no puedo entender a los que llaman «descanso» a estar en un área sin cobertura de email o Internet. Esa es mi definición de «stress»! Para el amante de la tecnología no hay sentimiento de mayor paz que tener el inbox vacío por estar al día. Y por lo tanto no hay mejor amigo que la Blackberry (o el iPhone)!
En mi viaje anual con amigos de este año, mientras esperábamos que salga el avión con muchas horas de retraso, estábamos todos absorbidos con nuestras BBs y reconozco que la vista podía ser un poco fea. Pero hay pocas cosas tan placenteras como una buena chequeada de mail compartida entre amigos… Algunos de ustedes me entenderán. En algún momento me puse a mandarle mensajitos de Blackberry Messenger y entablamos un diálogo y todo.
Antes solía molestarme cuando un semáforo se ponía rojo. Ahora mi amada BB sale a mi rescate y me regala un minuto precioso para leer/mandar emails o sms, mirar cómo están las acciones en Bangkok o leer las últimas noticias del diario online. Todavía no llegué al punto de desear el semáforo en rojo, pero no puede faltar mucho.
Y esto que digo del semáforo es generalizable a muchos otros espacios: tiempos muertos hay en todo momento en todo lugar. Antes me impacientaba, me aburría. Ahora, más rápido de lo que llego a pensarlo, manoteo la BB y ¡Bam! estoy «produciendo», me estoy divirtiendo.
¡Qué invento el sms! Ya no más ese falso: «Cómo estás?», seguido en el mejor de los casos de un piadoso: «Todo bien, y vos?» pero abriendo la puerta a lo más temido: que nos respondan y se nos pongan a hablar de cualquier cosa. El sms va al punto. «Nos vemos a las 3 en el bar de la esquina». «OK». ¿No es bello? Less is more.
Y lo más odioso de todo… Esas personas a las que les mandás un sms y en vez de responderlo… te llaman!!! ¿¿¿No se dan cuenta de que si hubiera querido hablar las hubiera llamado yo???
Tengo que reconocer, de todos modos, que el agarrar la BB es ya un acto reflejo. Hay algo adictivo en eso. A veces me encuentro a mí mismo moviendo mi mano a agarrarla en momentos donde la verdad que no hay tiempo muerto y mi atención debería estar puesta en otro lado. No es mi cabeza la que ordena a mi mano. Cuando eso pasa, acudo a mi fuerza de voluntad y me autolimito. Le digo: «Ahora no» y ella respeta mi decisión. Entiende.
Pero a veces flaqueo. Como esas veces que, lo confieso, no puedo esperar al semáforo y leo de reojo (o hasta escribo) mientras manejo. Igual va a hacer 20 años que manejo y nunca choqué y además mi auto tiene caja automática así que hay una mano que no la necesito.
Mientras tanto, la otra mitad de la población se queda afuera. Se aburre en los semáforos, chequea mail en cybers o cuando tiene una compu a mano, vive crónicamente atrasada, y ¡lo peor de todo! no le importa!
Esa gente rara nos mira de reojo, no entiende nuestro placer, se queda afuera de la fiesta. Y no se da cuenta de que en este mundo en que vivimos «la supervivencia del más apto» fue reemplazada por «la supervivencia del más conectado». Darwin ya se va a ocupar de pasarles la factura.
Nota: parte de este post es en broma. Parte es en serio. Dejo a cada uno separar qué es qué. En cualquier caso, es autobiográfico.



