En exactamente 72 horas se pondrá en marcha el Large Hadron Collider, el mayor acelerador de partículas jamás construído por el hombre. Es el más largo: posee un túnel circular de 27 kilómetros a una profundidad bajo el suelo de entre 50 y 175 metros que cruza la frontera entre Suiza y Francia. Y también el más potente: usando más de 1600 imanes que pesan alrededor de 27 toneladas cada uno mantienen a los haces de protones moviéndose en el círculo a 99.99% de la velocidad de la luz y los apuntan para que colisionen. Antes de lanzarlos, los protones son «cargados de energía» en aceleradores lineales y en el Proton Synchrotron Booster (premio al que lo pronuncie!). Para operar necesita estar a una temperatura de 1.9°K (-271°C).
Al producirse los choques, se alcanzará una temperatura 100,000 veces más caliente que el corazón del Sol.
Para qué es todo esto, se preguntarán? Entre otras cosas, para descubrir por qué las partículas tienen «masa», saber qué es y dónde está la «materia oscura», encontrar «antimateria» y acercarse tanto como sea posible a las condiciones en las que ocurrió el Big Bang (recrea las condiciones una billonesima de segundos despues).
Tal vez se estén preguntando por qué el título del post es una despedida… Bueno, porque una de las derivaciones esperables de las colisiones es que se formen como resultado muy pequeños agujeros negros y «strangelets», que deberían a su vez desintegrarse en unos pocos microsegundos. Si bien la mayoría de los científicos involucrados en el proyecto afirman que esto no tiene riesgo alguno, hay muchos otros que afirman que hay una chance pequeña de que algo salga mal y eso destruya… el Sistema Solar entero.
De hecho, dos científicos muy respetados en USA llegaron a pedirle a un juez que impida el arranque del LHC para evitar el fin de la Tierra.
Si bien la chance es pequeña, no quería después tener el remordimiento de no haberme despedido. Así que por las dudas… fue un gusto!



