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17-12-2018

La inteligencia de los animales y la estupidez humana

Hay ciertas capacidades de la mente humana que solemos pensar como exclusivas de nuestra especie: rasgos como la inteligencia, el pensamiento, la empatía o la consciencia. ¿Pero es realmente así?

Cualquiera que haya interactuado alguna vez con un perro sabe que indudablemente tienen emociones. No solo las tienen, su miedo o su alegría son esencialmente iguales a los nuestros. Pero la emoción es la más “primitiva” de las cualidades humanas. ¿Compartirán también nuestras características más elevadas?

Parafraseando a Jean Piaget: “Inteligencia es saber qué hacer cuando no sabés qué hacer”. Es decir, es la capacidad de encontrar una solución a una situación compleja que nunca hayas enfrentado antes. Algunos animales, como los cuervos y chimpancés, no solo pueden hacer esto, también son capaces de fabricar y utilizar herramientas creativas para lograrlo.

Muchas especies, como los delfines, pueden comunicarse usando lenguajes propios. Otras, como algunos primates, son capaces de aprender lenguaje de señas humano y pueden luego usarlo para comunicarse con nosotros, entre sí y construir oraciones de cierta complejidad vinculando conceptos. Finalmente, en un video que muestro frecuentemente en mis conferencias, puede verse la reacción de un mono capuchino ante la injusticia: se frustra y se rehúsa a comer un alimento peor cuando otro individuo recibe un trato preferencial. Solo un ser con un grado importante de consciencia tomaría una decisión así.

Una de las más grandiosas especies son los pulpos. Evolutivamente muy distantes a nosotros, exhiben un nivel de inteligencia asombroso, pero también otras cualidades increíbles que los humanos no tenemos como la habilidad de camuflarse o imitar a otros animales para confundir a sus predadores. ¿Cómo celebramos los humanos estas maravillosas destrezas de los pulpos? Comiéndolos a la plancha o en una paella.

Los 7.700 millones de seres humanos representan apenas 0.01% de los seres vivos. Sin embargo, desde el inicio de la civilización la humanidad ha causado la pérdida de 83% de todos los mamíferos salvajes que existían. Muchísimas especies se han extinguido y de algunas restan muy pocos. ¡Todos los tigres que quedan vivos en el mundo hoy entrarían en un campo de fútbol! Todos los pandas en un cuarto de manzana. Antes de que existieran los humanos se extinguían por procesos naturales unas 10 especies al año en promedio. En este momento el número se estima entre 800 y 8.000. Al comenzar el siglo XX existían en el mundo más de medio millón de rinocerontes. Hoy, gracias a la estupidez humana, quedan apenas el 5%.

En paralelo, las especies que “nos sirven” han proliferado como nunca: las aves de granja son el 70% de las aves que hay en el planeta y el ganado el 60% de los mamíferos. Solo uno de cada 25 animales vive en estado salvaje. La caza indiscriminada y la invasión y degradación de sus hábitats son las causas más importantes. A medida que los humanos convierten más y más tierras para su propio uso (cultivo, ciudades, industrias) queda cada vez menos espacios inalterados para los animales. Cuando el habitat de una especie desaparece, la especie generalmente desaparece con él. Y muchas veces la desaparición de una especie empuja a la desaparición de otras que dependían de esta para sobrevivir.

En la mayoría de los sistemas legales, los animales no son “personas”. Y por ende tienen estatus de “cosa”: ¡un cerdo vivo recibe un tratamiento legal similar a un chanchito alcancía de cerámica! Existen ya, no obstante, personas no humanas: las empresas son personas jurídicas que gozan de derechos, pero los animales no han accedido a este estatus.

Es momento de reconocer que no estamos solos como seres inteligentes en este mundo: existen muchas mentes aparte de la nuestra. Y que perder esa diversidad y riqueza de pensamiento es una desgracia que no podemos permitirnos. Es cierto, somos los más inteligentes, pero usamos esa superior habilidad para abusar de las demás especies. ¿Seremos capaces de usar los dones que tenemos (inteligencia, consciencia, creatividad, empatía, amor) para otorgar derechos y proteger a nuestros maravillosos compañeros de planeta?

Esta nota fue publicada en mi columna de la Revista La Nación del 16 de diciembre de 2018. Si te interesa saber más, te invito a escuchar la columna de radio que hice en Basta de Todo sobre este tema.

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