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19-05-2018

Blockchain: la próxima gran tecnología disruptiva

Una de las condiciones para que el mundo funcione es poder saber de manera clara quién es dueño de qué. A tal fin, en la era pre-digital las naciones debieron crear registros para llevar control sobre la titularidad de la mayoría de los activos. Otras informaciones, como los datos filiatorios de las personas, quién está casado con quién o si una persona está habilitada para conducir, también deben ser registradas de manera segura por los países. De este modo, datos como la identidad o la propiedad no pueden ser falseados, alterados con retroactividad ni ser objeto de controversia. Cuando por alguna razón existe una disputa, basta pedir al estado que chequee sus registros. Sin embargo, la enorme burocracia que esto genera hace muy lento y difícil acceder a esa comprobación.

Por ello, los estados emiten certificados (títulos de propiedad, documentos de identidad, partidas de nacimiento) que nos permiten ofrecer a terceros prueba de quiénes somos o que el auto que manejamos es nuestro sin necesidad de consultar cada vez la enorme base de registros estatales. Pero esos documentos sí pueden ser fraguados, especialmente cuando se usan en un país diferente, donde es imposible acceder a la base para validar su autenticidad. Tan vulnerable es este método que en ocasiones necesitamos de otra burocracia, los escribanos, simplemente para asegurar que una persona es quien dice ser o es dueña de lo que desea vender.

Las instituciones privadas también requieren de registros. Las universidades, por caso, deben llevar control de quiénes se gradúan allí. Estos registros suelen ser más inaccesibles aún que los públicos, dando lugar a que sea mucho más fácil mentir respecto de la posesión de un título de grado que de un departamento.

Detrás del surgimiento de las monedas digitales, se esconde una tecnología que promete cambiar radicalmente este trabado y vetusto escenario. Registrar quién es dueño de qué bitcoin de una manera ágil, confiable y fácil de acceder era el desafío tecnológico clave para hacer posibles las criptomonedas. Resolver este problema fue el gran logro de Satoshi Nakamoto, el enigmático creador de bitcoin. Pero en el proceso de solucionar este obstáculo, generó una plataforma que tendrá en los próximos años un impacto enorme en nuestra vida: el “blockchain”.

El blockchain es una base de datos con características similares a las que permitieron a internet revolucionar nuestro acceso a información y contenidos. Por un lado, es global y no está controlada por ningún estado ni institución privada. Se almacena de manera descentralizada con copias idénticas en un enorme número de computadoras, de modo que no puede ser hackeada ni manipulada. Por otro lado, es 100% digital, lo que la hace accesible rápida y fácilmente por cualquier persona en cualquier lugar del mundo. Finalmente, agrega otra característica esencial: es inmodificable hacia atrás. Una vez que una operación se asienta es imposible borrar ese registro.

Lo interesante es que en el blockchain no solo puede anotarse de quién es cada bitcoin. También puede agregarse a la base cualquier otra información, sean los datos filiatorios y biométricos de una persona, la titularidad de un terreno, la obtención de un título profesional o cualquier otro dato que pueda ser requerido de manera confiable por terceros.

Esta disruptiva herramienta servirá de base para el surgimiento de muchas de las próximas grandes empresas tecnológicas. Pero, más importante, hará mucho más fáciles y seguros los intercambios de bienes e información entre personas de todo el mundo, sin necesidad de burocracias privadas ni públicas.

Esta nota fue publicada en mi columna en la Revista La Nación el domingo 20 de mayo de 2018

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