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01-06-2015

Reinventar la educación

Hace tiempo encontré un video británico en Internet que contaba la historia de un hombre que se despierta luego de haber estado dormido durante 100 años. Sale a la calle y nota que todo ha cambiado mucho: hay edificios muy altos, y transitan automóviles rarísimos a velocidades para él impensables. Ve algo así como un enorme pájaro de metal atravesando el cielo. Asustado, entra en un edificio de oficinas. Ve salir papeles impresos de máquinas, personas hablando a pequeños aparatitos en sus manos y otros que hablan con fotografías que se mueven donde se ve la cara de personas al otro lado del mundo. Huye espantado. Sigue caminando e ingresa a un hospital. Adentro encuentra gente que se mantiene viva gracias a estar conectada a máquinas y aparatos que permiten ver en detalle el interior del cuerpo humano. Aterrado, corre hacia la calle e ingresa en otro edificio. Adentro funciona una escuela. De repente, siente un alivio enorme. Por fin ve algo que le resulta completamente familiar. Tal como sucedía 100 años atrás, en la época en el que se quedó dormido, ve un grupo de alumnos sentados en bancos, anotando en cuadernos lo que dicta un profesor desde el frente o lo que escribe sobre un pizarrón. ¡Están memorizando los ríos de Europa, tal como hizo él! Allí, en la escuela, todo es igual a su centenario recuerdo.

Esa historia ilustra una realidad clara para todos: el mundo cambió mucho, la escuela casi nada. Los chicos que cursan actualmente la primaria, todos nacidos ya en el siglo XXI, reciben una educación esencialmente igual a la que recibieron sus padres y abuelos. La escuela no cambia, pero los alumnos sí, dando por resultado un cóctel explosivo.

La educación moderna, tal como la conocemos hoy, nació en el contexto de la Revolución Industrial, entre fines del siglo XVIII y principios del XIX, sobre las bases construidas por el teólogo, filósofo y pedagogo Comenius y los jesuitas durante el siglo anterior. Su objetivo entonces era preparar a los jóvenes para convertirse en buenos empleados para las fábricas, formarlos con un pensamiento más o menos homogéneo que funcionara bien en el rutinario entorno laboral de la época.

El propósito actual del sistema sigue siendo preparar a los jóvenes para el contexto que encontrarán en su vida adulta. Pero en un mundo que cambia a un ritmo sin precedente, la educación hoy necesita tener un carácter anticipatorio. Debería cambiar antes de que el mundo lo haga, no con cien años de atraso.

No soy un experto en el tema, pero al escribir mi libro Pasaje al futuro destiné un capítulo a discutir los desafíos de traer la educación al siglo XXI. Esperaba que los docentes y las autoridades escolares reaccionaran con enojo o indiferencia. Sin embargo, me llevé una grata sorpresa: desde que el libro salió varias instituciones educativas lo usaron como disparador para discutir sobre los caminos posibles para mejorar el sistema actual.

Reinventar la educación es uno de los proyectos más difíciles y prioritarios de nuestra época. Es momento de empezar a discutir cómo hacerlo, planeada y proactivamente. Por eso, para contribuir a promover este imprescindible debate, junto a la editorial decidimos compartir gratis este capítulo con todo el que desee usarlo. Si quieren leerlo o conocen a alguien a quien pueda serle útil, es posible descargar el archivo digital acá: https://bilinkis.com/educacion. Ojalá sirva como impulso para encarar este desafío que nos afecta a todos.

(Esta nota fue publicada en la Revista La Nación del domingo 31 de mayo de 2015)

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