Según pasan los años…

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La actividad que todos realizamos en internet crea una suerte de inteligencia colectiva. Y muchas veces, para respondernos las preguntas más variadas, esa inteligencia es una mejor fuente que googlear y encontrar los textos que (intencionalmente) se han escrito sobre determinado tema.

Una de las maneras más efectivas de acceder a esa inteligencia involucra también al buscador de Google, pero no usando su función de Search sino parando un pasito antes: usando la función de autocompletado que se activa cuando escribimos palabras en la caja de búsqueda.

Si queremos saber cómo  ven los demás a una determinada persona, muchas veces mejor que googlearla y ver qué se dice explícitamente de ella es escribir su nombre y ver junto a qué otras palabras la gente busca a esa persona.

El otro día, hablando con mi amigo Gerry, él me propuso un uso muy interesante de esta inteligencia colectiva: entender cada etapa de la vida mirando qué nos preocupa más a cada edad. El resultado es, a la vez, divertido e interesante…

¿Por qué es tan difícil valorar lo que se tiene?

Todavía no empezó Singularity University y sin embargo este viaje ya me brindó uno de los aprendizajes más importantes que seguramente obtenga de esta experiencia. Es más, para eso no necesité siquiera salir de Buenos Aires.

Cuestiones de vida y muerte

Life after death

Escena 1:

El otro día los devenires de internet me llevaron a descubrir un blog muy interesante. Allí encontré una historia que me resultó impactante y que quiero contar muy resumidamente acá.

La vida de Elena Desserich era la de cualquier niña normal de 5 años. Esto es, hasta que fue diagnosticada a esa temprana edad con una variedad terminal de cáncer cerebral que le daba una expectativa de vida de apenas 135 días. Después de unos días de mantenerlo en secreto, sus padres decidieron contarñe a la pequeña sobre su enfermedad y su pronóstico.

Desde ese momento, Elena empezó intentar vivir una vida entera en poco más de cuatro meses. Armó una lista de deseos e intentó hacer aquellas cosas que soñaba. Pero de a poco el avance de su enfermedad iba limitando más y más su capacidad para moverse. Desde aquí cito el post de Kurioso:

“Con el paso del tiempo iba perdiendo sensibilidad y movilidad en distintas partes de su cuerpo, incluido el habla, con lo que las actividades más físicas de su lista de deseos pasaban a un segundo plano. Sus manos fueron las últimas en desobedecer a su maltrecho cerebro; por lo que entonces se dedicó a pintar, a pintar,… y a escribir. Su pasión fue siempre alentada por sus padres.

Elena jugó a ser inmortal para su familia, dibujando y escribiendo cartas para su hermana pequeña, Gracie y así jugar a ser la sempiterna mayor. Todo ello meditado en la soledad del enfermo que se sabe terminal. Jugando a construir un baúl de emociones futuras para velar por el cariño eterno de su familia. Sabía cómo tenía que vivir y quería dejarlo claro.
Los últimos nueve meses de vida (al final sobrevivió 255 días) los dedicó a buscar los escondites perfectos para sus mensajes personales.
Para su padre en un antiguo maletín; para su madre en un bolsillo perdido de su mochila favorita… para su hermana en rincones del cuarto de juegos. Pero también buscó escondrijos insospechados para que el ‘diálogo’ fuera sorprendente: fondos de plato de la olvidada vajilla china, páginas de libros abandonados en la biblioteca, una carátula de un CD obsoleto, etc…

¿Carpe Diem? Viviendo cada día como si no fuera el último

carpe diem

Hace unas semanas, Ángel “Java” López me dedicó via Twitter un post llamado “Carpe Diem, aprovecha y goza el día”, donde él discute la célebre escena de Robin Williams en “La sociedad de los poetas muertos” en que el profesor les recuerda a los alumnos que nuestra vida es breve y les enseña a “disfrutar el día” (en español, acá). (Nota: si hay alguien TAN joven que no ha visto la película, le recomiendo que deje ya mismo lo que sea que esté haciendo, se vaya a un videoclub y la vea hoy mismo!)

En ésta época del año en que la mayoría estamos haciendo balance y tomándonos unos minutos para repensar nuestors rumbos, quiero dedicar un post a discutir la idea de “aprovechar el día” y su versión hermana, “vivir cada día como si fuera el último”.

Aquí voy a argumentar la postura opuesta a la del post de Ángel y del “Profesor Keating”. Lo hago, no con el ánimo de polemizar, sino de promover una discusión filosófica sobre cómo vivir los días que nos quedan de una manera provechosa y gratificante.

Tocando la cima del mundo

Everest

La semana pasada dediqué un día entero a pasarlo en “el paraíso”: gracias a la ayuda de Luciano Tourn pude recorrer casi todas las áreas del legendario Media Lab de MIT, guiados por el profesor Joost Bonsen.

¡La experiencia fue absolutamente increíble, tan así que no sé bien cómo compartirla en palabras en el blog!

Pero mientras busco la manera, quiero contarles otra cosa: la historia de una persona extraordinaria que conocí hace unos años y me resultó profundamente inspiradora.

Recorriendo el Media Lab, uno de los laboratorios que vimos es el de Biomechatronics del profesor Hugh Herr, que se especializa en el desarrollo de una nueva generación de prótesis bio-híbridas “inteligentes”, capaces de mejorar la vida de personas amputadas y discapacitadas. Su trabajo también es un primer paso en la dirección de las ideas de Ray Kurzweil de avanzar en la unión de seres biológicos y máquinas, dado que sus prótesis pueden incluso darle a alguien sano más de lo que le brindan sus extremidades “naturales”. En 1982, escalando una montaña, Hugh fue sorprendido por una tormenta, estuvo tres días hasta ser rescatado y perdió sus dos piernas de la rodilla para abajo a causa de congelamiento.

Pero, aún cuando él es también una persona extraordinaria, no es sólo de Hugh que quiero hablarles hoy.

Lo que quiero ser cuando sea grande

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Cuando yo era chico y me preguntaban qué quería ser cuando sea grande yo no decía “emprendedor”. Tampoco los clásicos “bombero” o “policía”. No. Yo quería ser inventor.

Así fue como entre otras bestialidades, en un momento destrocé una radio buenísima que tenían mis padres en un intento por convertirla en un televisor color, cosa que obviamente no existía en la Argentina en esa época y siguió sin existir por unos años pese a mi intento.

Después la vida me fue llevando para otros lares pero mi ilusión por ser inventor sigue latente.

Un tiempo atrás escribí sobre la falta de modelos a imitar que tenemos los Argentinos. Ahora quiero compartir con ustedes la historia de alguien que vivió una vida relativamente normal hasta tener mi edad actual y le dio un giro realmente excepcional a partir de ahí. Y todo motivado por vivir una situación sumamente desgraciada. El post es un poco más largo de lo habitual pero vale la pena.

Sin duda cuando sea “grande” a mí me gustaría ser como él.

Sin metas no hay paraíso

Hablando un tiempo atrás con una amiga, ella me pidió un consejo diciendo que no sabía bien qué hacer de su vida. Que hacía meses que daba vueltas sin tener claro qué elegir. Mi respuesta fue simple: “No importa lo que elijas. Lanza una moneda y que sea el azar quien decida“.

¿Es la vida un derecho o una obligación?

En la noche de ayer un canal de televisión británico emitió un documental llamado “Right to Die?: The Suicide Tourist“, mostrando el proceso por el cual Craig Ewert, un profesor universitario estadounidense que sufría una enfermedad degenerativa incurable, se quitó la vida en la clínica suiza Dignitas, donde se practica la eutanasia.

Esto generó un amplio abanico de reacciones, la mayoría de ellas contrarias a la eutanasia y a la emisión de dicho programa.

A mí me cuesta mucho creer que en el siglo XXI todavía la mayoría de las personas se opongan a algo tan básico como el derecho de cada persona a decidir cómo y cuándo morir.

En este mundo el derecho a una vida digna le es negado a millones de personas que sufren del hambre y la pobreza y mueren de a cientos víctimas de enfermedades prevenibles. Hay también quienes convierten el “derecho a la vida” en una “obligación de vivir”, cuanto sea posible y a cualquier precio, negando así la dignidad tanto en la vida como en la muerte.

La necesidad insuficiente de la voluntad

En este mundo, ninguna receta puede garantizarnos el éxito. Pero asegurarnos el fracaso es bastante fácil y podemos hacerlo nosotros mismos, sin ayuda de nadie.

Hace unos años atrás leí el libro “El alquimista” de Paulo Coelho. No me gustó para nada. Su filosofía básica puede resumirse en que “cuando una persona desea realmente algo, el Universo entero conspira para que pueda realizar su sueño”. Es, en resumidas cuentas, el “tu puedes”, la visión voluntarista, llevada al extremo.

Esta semana escribí un post sobre el impacto de la crisis financiera. En uno de los comentarios, con mucha diplomacia Inés (que por una de esas casualidades viene a ser mi mamá!) objetó mi visión de la crisis como oportunidad, asociándola a una visión al estilo Coelho.

Reconozco que puede haber sonado a eso, pero nada más alejado de mi manera de pensar. Este es un mundo que en general conspira para que la mayoría de las personas no tengamos lo que queremos. Casi nunca es verdad que “si tu quieres, tu puedes”.

Tanto la versión “si quieres, puedes” como la lógicamente equivalente “si no puedes es porque no quieres” son sobresimplificaciones crueles, que generan falsas expectativas y, ante el fracaso, ponen la culpa en la persona.

Lo que para mí sí es una regla muy importante y casi universal, es que “si tu NO quieres, NO puedes”.

Lo que esta regla dice es bien distinto de las otras dos. Lo que dice es que nunca algo bueno ocurre sin que exista por detrás el poder de la voluntad para conseguirlo. La voluntad no es suficiente, pero es imprescindible.

Un recordatorio sobre la única certeza en la vida

Todos sabemos que hay una sola certeza en esta vida: que tarde o temprano, todos vamos a morir. Y sin embargo vivimos la mayor parte del tiempo desalineados de nuestras verdaderas prioridades en la vida.

Mucho se ha escrito en los últimos meses acerca de Randy Pausch, y especialmente desde la semana pasada, en que lamentablemente murió. Tanto se ha dicho que seguramente ya debes haber visto al menos una vez su última charla (hay también una versión abreviada y subtitulada sacada del programa de TV Oprah). Así que este post no es para recomendarte que la veas, aunque sin duda vale la pena que lo hagas si no lo has hecho aún.

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Recibí la Introducción de mi nuevo libro "Pasaje al Futuro" Quiero la Introducción del libro