Cambiar para sobrevivir

La resistencia al cambio no es un defecto. Es una parte esencial de lo que somos. Es resultado de la evolución natural y por ende se forjó decenas de miles de años atrás. En aquel momento, nuestros ancestros habitaban en las planicies de África, en un mundo donde los premios y castigos eran estables. Si salías un día de tu cueva, tomabas un sendero, te topabas repentinamente con un león y tenías la suerte de salir con vida, no ibas más hacia ese lado, porque allí estaba el león. Si, por el contrario, al día siguiente otro sendero te conducía a un valle lleno de frutos nutritivos, de ahí en más repetías esa conducta eficaz con regularidad.

Es decir: cuando encontrabas una receta que funcionaba bien para sobrevivir, los individuos más propensos a adoptar esas fórmulas se adaptaban mejor al medio y dejaban más descendencia. A la larga, la inercia a repetir lo que funciona se convirtió entonces en un aspecto crucial de nuestro linaje como especie. Ese aprendizaje quedó grabado en nuestro cerebro en la forma de un sesgo cognitivo, una conducta que opera afectando nuestra manera de leer la realidad y de tomar decisiones sin que siquiera seamos conscientes de ello. Parafraseando al economista británico John Kenneth Galbraith, enfrentados a la disyuntiva entre cambiar de idea o buscar pruebas de que no hace falta hacerlo, la mayoría elegimos demostrar que el cambio es innecesario.

“Tu emprendimiento funciona cuando sos el peor jefe con vos mismo”

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Hace un par de meses me hicieron una entrevista en la revista Apertura. Salió durante el verano y tuvo mucha repercusión en ese momento en las redes sociales. La reproduzco ahora en el blog por si no la vieron en su momento y les interesa leerla. ¡Espero que les guste!

La inexperiencia flexible y el fin de la experiencia

Flexibilidad

Buena parte de los avisos de búsqueda de empleo piden personas con experiencia como un requisito esencial. Hasta el día de hoy éste ha sido quizás el más importante atributo profesional que puede tener una persona. Pero la era de la experiencia parece estar llegando a su fin.

En un mundo que cambiaba a un ritmo cansino, el pasado era la mejor base para predecir el futuro. Y a fin de cuentas, una persona experimentada es una persona con mucho pasado: alguien que enfrentó numerosas situaciones y las resolvió, acertada o equivocadamente, generando un aprendizaje valioso como parte de ese proceso que lo prepara para lidiar mejor con lo que viene.

La maravilla (y la fragilidad) de la delegación

Los cuellos de botella pueden ser de índole muy variada, pero hay uno que aparece muchísimas veces en el proceso de empreder: la capacidad de delegación.

Mirando a emprendimientos en etapa temprana y a empresas pymes, es llamativo cuántas veces la mayor limitante al crecimiento es la incapacidad del líder de transferir responsabilidades y dejar que otros tomen decisiones y hagan. Si todas las decisiones importantes tienen que pasar sí o sí por una única persona, el propio emprendedor se convierte en el principal cuello de botella de su propio proyecto. Y en general no es capaz de ver el problema.

El cuello de botella

 

En el proceso de construir Officenet hay una cosa muy importante que hace muchos años aprendí de mi amigo y socio Andy Freire: él siempre decía que en todo proceso de crecimiento de una emprendimiento siempre existe un cuello de botella. Un eslabón más delgado que pone el principal límite a que ese crecimiento sea más rápido.

El peor jefe de todos

Es bastante común escuchar a personas que están planeando emprender decir que una de las principales razones por la que quieren ser emprendedores es que quieren poder “ser sus propios jefes”.

¡Detrás de esa afirmación se esconde una de las mayores falacias del emprendimiento!

El juego de la vida

¿Por qué escalera subirías?

Cuando hace unos meses estuve en Silicon Valley visitando inversores para nuesta ronda de “Serie A” junto a Frank Martin, CEO de Restorando, nos juntamos con casi todos los mejores VCs del planeta. Cada época tiene sus “buzzwords”, palabras clave que no pueden faltar en la presentación de cualquier proyecto tecnológico. Las palabras de este momento son tres: “social”, “mobile” y “gamification”.

Todo inversor quiere escuchar hoy que tu proyecto va a integrarse y sacar provecho de las redes sociales y que va a ser ideal para usarse desde dispositivos móviles. La tercera es quizá la menos obvia y conocida. Por eso, en este post invitado Pablo Capurro, fundador  junto a su hermano Santiago de la agencia digital  SG2 y varios otros proyectos, nos habla acerca de “gamification”, o cómo lograr que incluso las cosas que hacemos seriamente incorporen la diversión y demás virtudes de jugar para que nos den más ganas de hacerlas. Pablo estuvo hace unos meses en Nueva York cubriendo para CNN en Español el Gamification Summit, principal evento sobre el tema a nivel mundial.

La medida de la satisfacción

En cualquier actividad que realicemos, siempre es importante medir el grado de satisfacción que tengan los destinatarios de aquello que hacemos. En el caso de una empresa sería la evaluación que hacen nuestros clientes de nuestro producto o servicio, pero esto también es aplicable para ONGs o incluso para otros terrenos muy diversos.

En Officenet nosotros tuvimos mediciones de satisfacción de los clientes desde el primer día, usando diferentes métricas y métodos de encuesta. Hasta que finalmente en el 2004 adoptamos un modo de hacerlo que tuvo un impacto enorme, nos dejó varias enseñanzas y que quiero recomendarles para cualquier cosa que hagan.

Lo importante es NO competir

Existe un refrán que dice que “lo importante es competir”. Esta pequeña frase hecha, en realidad, en el fondo sostiene exactamente lo opuesto de lo que parece afirmar en su superficie. No habla del valor de ser competitivo, sino que usa esa idea para relativizar la importancia de tener éxito en lo que hacemos. Desenmascarada en su versión completa, es algo así como: “No importa ganar, lo importante es participar.

En la Argentina, esta idea de que la competencia (incluso la más sana) es mala, es algo que inculcamos en nuestros niños desde una edad temprana. Nos horrorizamos si nuestros hijos muestran cualquier esbozo de espíritu competitivo. Pero eso no es así en todas las culturas. Hay otras que glorifican el “fuego sagrado”.

Esta manera de pensar termina permeando casi todos los aspectos de la vida, incluyendo la manera en que se hacen negocios. Así, construimos una economía concentrada y corporativizada. Una en la que los lazos entre “competidores” son mucho más fuertes que sus oposiciones y donde el consumidor siempre pierde, incapaz de encontrar una brecha en el monolítico armado oligopólico.

Yo creo que no hay mayor ni mejor fuerza de cambio e innovación que la competencia. Y tampoco mayor poder para mantener a raya a los empresarios en su capacidad de abuso y forzarlos a hacer lo que en Argentina generalmente odian: tomar riesgos.

Guía para sobrevivir a la oficina de un cierto sabio del desierto

Emprendiendo un emprendimiento, no todos los que emprenden pueden ser emprendedores. Para emprender, aparte de emprendedores que emprendan, también es necesario emplear empleados. Es decir, el emprendedor es empleador y emplea empleados para emprender. No sé si soy claro…

Aunque en general toda la atención se la lleva el emprendedor, ser empleado no es tarea sencilla. El mundo oficinístico es una jungla (o tal vez debería decir “un desierto”?) y no cualquiera sobrevive y prospera en ese medio. Pocos saben tanto de este tema como mi amigo Edy Huberman, que aparte de ser un gran tipo y escribir un blog de humor buenísimo, ya nos “visitó” alguna vez en Riesgo y Recompensa con su legendaria “Guía para ser un obsecuente exitoso”. También, con este comentario, fue el ganador en 2009 del tradicional concurso IgNobel que organiza este blog todos los años.

Así que ahora los invito a que lo sigan en twitter , lean su blog y vean este post invitado con antigua sabiduría oriental para sobrevivir a la oficina, dividida en cuatro secciones: los inicios, los jefes, los compañeros y los ascensos.

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