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07-02-2017

El fin del teléfono celular

El teléfono celular no existe más. Si bien tenemos la costumbre de llamar a esto “teléfono inteligente” o “smartphone”, esto no es más un teléfono que una cámara de fotos, un GPS, un televisor, una consola de juegos, un navegador de internet o un equipo de música. Seguimos llamándolo “teléfono” por una cuestión de inercia, pero en realidad es simplemente una super computadora de bolsillo.

Porque, como hace 60 años descubrió el genial Alan Turing, las computadoras son “máquinas de propósito general”, es decir, una máquina que no tiene una función específica sino que puede hacer casi cualquier cosa dependiendo del software que se le cargue. Con la programación adecuada puede ser lo que queramos que sea. Esto, que vivimos con total naturalidad, hubiera dejado perplejos a cualquiera de los grandes genios de la historia, como Da Vinci, Newton. Es que hasta ese momento, cada tarea requería de un equipamiento especialmente diseñado para ese único fin. Gracias a aquella visionaria idea de Turing, hoy nos resulta lo más común del mundo que nuestro “celular” sirva para hablar por teléfono, enviar y leer mensajes, guiarnos cuando manejamos el auto, medir cuánto ejercicio hacemos, leer el diario, escuchar música, mirar una película, tomar fotos y videos y muchos etcéteras más.

La colosal multifuncionalidad que se hace posible gracias a que cada persona lleve en su bolsillo una supercomputadora de menos de 200 gramos condenó al olvido en los últimos años a muchos aparatos. Y no solo cosas electrónicas: no falta mucho para que nuestros hijos no puedan ni imaginar que existía un objeto grande y pesado llamado “linterna” (chicos, eran así!) cuyo único fin era iluminar. O que existieron las brújulas. ¡Y ni hablar de la guía “Filcar”!

Pero este acelerado proceso de convergencia de muchos aparatos a uno tiene un precio. Las fotos del celular no son tan buenas como las de una cámara de fotos dedicada. La música se escucha pero la calidad de sonido no puede compararse con la de un equipo con buenos parlantes. Para mantener su pequeñez y liviandad, el celular hace todo, pero cada cosa en general un poco peor que el aparato específico que usábamos antes. La comodidad de llevar un solo dispositivo tiene ese efecto colateral negativo.

Una innovación reciente puede contribuir a eliminar esa disyuntiva. Varios fabricantes de teléfonos, en particular Motorola con su línea Moto Z Play, están experimentando con una idea interesante: conectar al celular módulos pequeños y livianos que potencian alguna funcionalidad específica. Por ejemplo, una lente mucho más potente y zoom óptico para que las fotos tengan tanta calidad como las de una buena cámara. O un parlante integrado que haga que la música suene como un minicomponente. Incluso pueden agregarse funciones hasta hace poco impensadas, como usar el celular como proyector.

Esta innovación permite aprovechar toda la potencia de procesamiento del móvil sin duplicar partes, pero agrega la calidad perdida en cada uso específico por aquellos componentes que el celular no dispone. Es interesante ver que cada módulo específico está hecho por un especialista. Por ejemplo, la cámara la hizo Hasselblad, un fabricante de equipamiento fotográfico. El parlante por JBL, y así. Esta idea de tomar al celular como “hub” termina de dejar claro que eso que llevamos ya no es un teléfono.

Kodak desapareció cuando dejaron de usarse los rollos y ellos no lograron adaptarse. Pero la misma disrupción se viene potencialmente ahora para los fabricantes de cámaras, parlantes, etc. Va a ser interesante ver en los próximos años si este nuevo concepto prende. ¿Seguirán los fabricantes de otros dispositivos tratando de hacer aparatos que compitan con los celulares? ¿O se convencerán de que nuestra super computadora de bolsillo será lo único que llevemos y pensarán que “si no puedes vencerlos, es mejor unirse a ellos”?

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