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07-06-2016

¿Escalera al cielo?

Gracias a la fuerza de gravedad, nuestro planeta nos atrae hacia él con una intensidad descomunal. Tanto es así que hasta que los hermanos Montgolfier desarrollaron el primer globo aerostático a fines del siglo XVIII, ningún ser humano había podido jamás despegarse ni por un segundo de su superficie.

Más de cien años después, los dirigibles primero, y los aviones luego, nos brindaron la posibilidad de no sólo permanecer por tiempos prolongados en vuelo, sino también recorrer grandes distancias que empequeñecieron el mundo. Así, podemos movernos por el planeta con tanta facilidad que hoy es posible la hazaña de desayunar en un continente y cenar en otro a muchos miles de kilómetros de distancia.

Pero viajar hacia arriba es otra historia. La energía necesaria para elevar un objeto pesado hasta escapar de la atracción gravitatoria del planeta o entrar en órbita es tan descomunalmente grande que en toda la historia sólo 312 naves han podido viajar al espacio con seres humanos a bordo. Para ponerlo en perspectiva, despegan más aviones en el mundo en cinco minutos que el número total de cohetes tripulados que hemos sido capaces de lanzar. Por esa razón, la humanidad está encerrada en la Tierra.

La paradoja es que el gasto energético es tan grande que del peso total de un cohete, ¡90 por ciento es combustible! A fin de cuentas, el despegue actual no es muy diferente de detonar de manera controlada un gigantesco explosivo debajo de los astronautas. Hasta hoy salir del planeta ha sido extraordinariamente ineficiente. Pero todo esto podría cambiar por completo si una revolucionaria compañía llamada Escape Dynamics tiene éxito en lo que se propone: ¡hacer despegar una nave que no lleve combustible!

Fundada y dirigida por el bielorruso Dmitriy Tseliakhovich, mi compañero de clase cuando estudié en Singularity University, esta empresa estuvo experimentando con una idea asombrosa: en vez de colocar el propelente en la nave y forzarla a levantar ese enorme peso, enviar la energía desde una base ubicada en la Tierra en la forma de microondas generadas a partir de energía eléctrica. Además de permitir pasar de combustibles químicos pesados a fuentes de energía renovables, esta nueva tecnología sólo requiere impulsar hacia el espacio el 10 por ciento del peso actual, dejando afuera del cohete la enorme masa del combustible. Escape Dynamics realizó las primeras pruebas con la idea de poder comenzar a viajar al espacio en cinco a 10 años, aunque el proyecto está ahora detenido por las grandes necesidades de capital que requiere.

A más largo plazo se abre una posibilidad aún más asombrosa: construir un “ascensor espacial”. La idea es tan simple de visualizar como extremadamente compleja de construir: desde un objeto de gran masa colocado en órbita geoestacionaria a casi 36.000 km de altura sobre el ecuador, descolgar una cuerda de extraordinaria resistencia sobre la cual pueda trasladarse un vehículo que transporte materiales a un costo cientos de veces menor al actual. A pesar de los enormes desafíos ingenieriles, la compañía japonesa Obayashi apunta a construir un elevador de estas características para el año 2050.

El drástico abaratamiento del costo de acceso al espacio será el primer paso para que la humanidad pueda salir del encierro terrestre y comenzar a expandirse más allá de nuestro planeta. La posibilidad de salir al espacio de manera sencilla y barata promete abrir enormes posibilidades nuevas para la raza humana. Parafraseando la expresión inglesa, cuando estos ambiciosos proyectos se concreten “el cielo ya no será el límite”.

Foto: Thomas Hawk
Esta nota fue publicada en la Revista La Nación del domingo 29 de mayo de 2016

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