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18-05-2016

El “problema” de la muerte

Hasta el día de hoy, nuestra vida cuenta con una sola certeza: la muerte. Después de vivir como máximo unos 100 años todos vamos a morir. Sin embargo, un grupo de científicos trabaja para extender la vida humana, pero no un puñado de años más. Intentan rebelarse contra esta fatalidad y solucionar este “problema”.

Aubrey de Grey, un gerontólogo británico tan famoso como excéntrico, lidera uno de los principales centros de investigación dedicados al tema. Su visión es profundamente optimista y esperanzadora: de Grey sostiene que la primera persona que logrará vivir 1000 años. ya nació.

El salto de los actuales 100 a los 1000 parece descabellado. Pero la clave es que la ciencia no necesita hallar ya mismo todas las respuestas para que un ser humano llegue al milenio de vida, sino que puede hacerlo de manera progresiva. Si nos acercamos a la muerte a un ritmo de un año cada año, el desafío es llegar a aumentar la expectativa de vida humana más rápido que eso. Alcanzado ese nivel, que de Grey llama usando una figura propia de la carrera aeroespacial “la trayectoria de escape”, es posible extender la vida indefinidamente.

De Grey predice: “No sé cuántos años tendrá hoy la primera persona en vivir hasta los 150, porque no sabemos cuánto tiempo nos tome desarrollar la primera generación de terapias. Pero independientemente de esa edad, sí puedo decir que la primera persona en vivir hasta los 1000 es sólo 10 años menor que quien llegue a los 150.”

En 1900, las tres principales causas de muerte eran la neumonía, la tuberculosis y la diarrea. En el mundo desarrollado, las tasas de mortalidad de estas enfermedades cayeron ya drásticamente. Ninguna permanece entre las tres más importantes; sus lugares los ocupan hoy la enfermedad cardíaca, el cáncer y los ACVs. Lograr extender la vida requiere cambiar la lógica usada hasta ahora: en vez de enfocarnos sólo en combatir las enfermedades, es necesario atacar y vencer al verdadero enemigo, el que permaneció oculto todos estos años detrás de esas causas de fallecimiento que nos eliminaban antes de que llegáramos a él: el envejecimiento.

El envejecimiento no es una enfermedad. Es el deterioro que sufre nuestro organismo por el mero hecho de vivir. Incluso una persona que tenga la suerte de no padecer ninguna enfermedad fatal difícilmente supere hoy los 100 años. La razón es que nuestro cuerpo está preparado para vivir un tiempo limitado. La acumulación de los desechos de nuestro propio metabolismo normal y la capacidad limitada de las células para dividirse y renovar nuestros tejidos se ocupan de que dejemos el lugar a las nuevas generaciones.

De Grey y otros científicos buscan reparar el daño molecular y celular, de modo de mantener jóvenes todos nuestros tejidos. Y si nuestros tejidos son jóvenes, todo nuestro organismo lo es. La tarea es muy difícil, pero de Grey la reduce a encontrar la solución a siete problemas que, de una forma u otra, están detrás del envejecimiento: mutaciones en cromosomas o mitocondrias, acumulación de desperdicios dentro y fuera de las células, exceso o falta de ciertas células y exceso de vínculos proteicos entre células.

Uno imaginaría que en ámbitos científicos de Grey debe ser visto como un héroe. En realidad, no. De hecho, su trabajo se observa con cierto escepticismo. Tanto es así que el propio de Grey y el MIT Technology Review crearon un premio de 20.000 dólares para quien logre probar que sus teorías están equivocadas. Por ahora el pozo se mantiene vacante.

Foto: Martin Zeuner
Esta nota fue publicada en la Revista La Nación del domingo 15 de mayo de 2016

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