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16-06-2015

El futuro de la guerra

SWORDS

El uso de robots bélicos comenzó en los años 90 en la Guerra de los Balcanes, inicialmente con la utilización de drones (vehículos aéreos no tripulados) con fines de espionaje. Sin embargo, en 2001 se les incorporó armamento y se manifestaron como equipos con mucha precisión, capaces de acertar a blancos en movimiento. Hacia 2009, en Estados Unidos ya se capacitaban más pilotos de guerra de joystick que de cabina. Esto significa que, lejos de la imagen que nos proporcionó a varias generaciones la película Top Gun, de Tony Scott, hoy el piloto norteamericano típico viaja hasta la base más cercana a su domicilio, maneja drones en Irak y Afganistán, y a la hora de la cena, ya está sentado a la mesa junto a sus hijos.

Según P. W. Singer, especialista en guerras, antes de comenzar su intervención en Irak, Estados Unidos tenía apenas unos pocos drones y ningún robot de tierra. Actualmente llega a casi 20.000 entre ambos y se estima que para fines de 2015 la potencia norteamericana tendrá más robots que personas en territorio iraquí.

Pero Estados Unidos no está solo en el desarrollo de robots bélicos: ya son 43 los países que cuentan con ellos. Corea del Sur, por caso, ha desarrollado una gran cantidad de robots para patrullar su frontera con Corea del Norte.

A diferencia de la apariencia humanoide con que los imaginó el cine, los robots de tierra tienen un aspecto similar al de un tanque chico y suelen llevar las herramientas que necesitan según su función: pueden ser armas, sensores o material para manipular bombas. iRobot, la misma fabricante de la aspiradora Roomba, diseñó Packbot para uso militar y hasta tiene un sitio Web en el que ofrece accesorios para hacerlo más destructivo. Por otra parte, QinetIQ anuncia, sin eufemismos, robots para hacer el trabajo sucio.

El avance del uso de máquinas para la guerra tiene varias consecuencias. La primera es que, como todo aparato, es esperable que en ocasiones los robots militares fallen. Por ejemplo, recientemente un cañón antiaéreo en Sudáfrica tuvo un error de software y mató nueve soldados. Una cosa es que un fallo de computadora nos haga perder los cambios a un documento que no llegamos a guardar y otra cuando la computadora maneja ametralladoras o morteros.

La segunda, que a diferencia de un cazabombardero o bomba atómica, que son caros y complejos, los robots para la guerra se pueden fabricar de manera barata. Esto podría causar una proliferación difícil de controlar. Incluso, existen planos en Internet para crear máquinas bastante mortíferas por sólo 1000 dólares.

La tercera tiene que ver con un riesgo a futuro: la autonomía que se dé a estos robots para abrir fuego sin intervención de un humano. Por lo pronto, tanto Estados Unidos como Corea del Sur aclaran que siempre será una persona la que oprima el botón. Sin embargo, ese proceso produce una demora. ¿Qué ocurrirá cuando otro país, digamos Corea del Norte, decida dar autonomía a sus robots bélicos? Los disparos saldrán más rápido, aniquilando al ejército rival antes de que este tenga oportunidad de contraatacar. Bastará que un país rompa esa regla para que los demás se vean empujados a hacerlo.

Para Singer harán falta muchísimos años y un gran volumen de acuerdos internacionales para desarmar el arsenal de máquinas bélicas que se está acumulando. Según este experto, armar robots para la guerra es el error equivalente de este siglo a haber construido la bomba atómica el siglo pasado. Estar al tanto de esto es esencial para evitar su proliferación y propiciar un futuro deseable.

(Esta nota fue publicada en la Revista La Nación del domingo 14 de junio de 2015)

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