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29-08-2011

A corazón abierto

Mientras sigo escribiendo poco por mi foco en la búsqueda de capital para Restorando y en el armado del próximo TEDxRíodelaPlata, quiero hoy compartir con ustedes un brillante post invitado de Raquel Álvarez.

Conocí a Raquel trabajando en Officenet, pero la realidad es que recién supe realmente la clase de persona que era a partir de sus comentarios en el blog. En varios de los posts más polémicos donde se armaron acaloradas discusiones sobre política argentina, Raquel puso su cabeza y su corazón para argumentar por qué cree en el proyecto oficialista. No lo hizo bajo el estereotipo del ultra-K ni de manera acrítica: Raquel es demasiado sensible e inteligente para eso. Quizá lo más interesante de este análisis es que comparte su experiencia con calidez y sin tratar de convencer a nadie de nada.

Finalmente, una aclaración. Yo le pedí a Raquel que escriba un post invitado hace muchos meses. Ella me lo mandó a mediados de Julio, pocos días después del contundente triunfo de Macri en la ciudad de Buenos Aires y mucho antes de las elecciones primarias. Yo quise esperar a publicarlo a que pasaran esas dos elecciones para despegar la nota de la coyuntura electoral inmediata, sin imaginar el vuelco político que se produciría en poco más de un mes. Por eso, es importante aclarar que esta nota no fue escrita ni debe ser leída como producto de la euforia del impactante resultado de los comicios recientes.

Si durante este período pre-electoral alguien quiere escribir un post invitado argumentando otras posturas con el mismo estilo analítico y sin fundamentalismo, por favor mándenme un mail y habrá espacio para que lo hagan.

Ahora sí, los dejo con Raquel Alvarez… Dadas las apasionadas posiciones que despierta el tema, espero que la discusión en comentarios acompañe el mismo espíritu constructivo y carente de fanatismo de todas las intervenciones de Raquel en Riesgo y Recompensa.

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“A corazón abierto”

¿Puedo, sin ser política ni socióloga, escribir una nota sobre política y sociedad? Nunca me lo planteé, solo sé que quiero compartir un manojo de deseos, entusiasmos, broncas, proyecciones, recuerdos, esperanzas y miedos que son, ahora que lo pienso, la materia prima de la política y de la sociedad. Soy visceral y razonable a la vez, imagino entonces que esta nota fluctuará entre ambos estados; no quiero disimular mi postura ni tampoco simular erudición. Soy oficialista, lo digo porque no quiero que lo deduzcan, pero no escribo para congraciarme con los que piensan como yo ni para convencer a los opositores. Solo quiero contar lo que siento, quiero hacer de esta nota una operación a corazón abierto.

Parte de mi infancia la pasé en los peores años de nuestra historia, la dictadura. La adolescencia la viví con una democracia nueva y a veces enclenque. Me crié en una familia llena de amor y de compromiso político, sin embargo yo dormité aquellos primeros años en un desinterés crónico: si el cielorraso de mi escuela estaba por caerse, a mí no me importaba y jamás se me hubiera ocurrido participar de un reclamo estudiantil. Siguió mi juventud en los años noventa, que hicieron de mí (y de millones) un híbrido quejoso y sin iniciativa social alguna: denosté el menemato pero jamás moví un dedo por cambiar algo, creía que mi responsabilidad estaba sólo con el voto. Pude haber sido mejor ciudadana, por supuesto, pero no puedo culparme de haber caído bajo el cachetazo de indiferencia y silencio que nos dejó la dictadura como fatídico efecto residual.

Hoy no creo ser otra persona, simplemente soy una versión de mí misma aggiornada: solo pulí aquello que en mí era opaco, aquello que pugnaba por brillar. Aquello que se hereda con los genes o que se aprende a costa de buenas influencias.

Vivo en un país extraño, abrumador, desastroso y maravilloso a la vez; criada en la escuela que me enseño que teníamos los 4 climas, que éramos el granero del mundo y que San Martín cruzó Los Andes en un brioso caballo blanco. El cambio climático esta rescribiendo la historia del planeta, el súper granero no mata el hambre ni de la provincia de Buenos Aires (así que del mundo olvidate) y la mula de San Martín pugna por tener su merecido reconocimiento. Un país lleno de diferencias devenidas a veces en odios, sectores de la Argentina enfrentados desde hace mas de 200 años en una batalla sorda que a nadie parecía espantar; pero ahora que las diferencias están sobre la mesa, muchos se horrorizan pensando que son nuevas, que se trata de  odios calculadamente creados desde hace solo 4 años.

Quiero entender el pasado, quiero tenerlo siempre de consejero para que los males del presente no me resulten nuevos y extraños. Quiero que se noten, mas que nunca, los defectos crónicos de nuestra sociedad para poder aspirar a una cura, y evitar una muerte silenciosa que no pudimos batallar porque no había síntomas. No voy a caer en la trampa de los que dicen que hay que olvidar, que eso es estancarse. Avanzar por un camino que desaparece detrás nuestro no es avanzar, sino escapar. Yo aspiro a mucho mas que respirar y llegar a fin de mes, porque soy positiva y constructiva, a pesar de no olvidar.

Hoy me siento alerta, a veces vibro de alegría y otras veces tiemblo de rabia, pero me rozó hace algunos años la epifanía de sentirme codo a codo con la gente que busca otra cosa, y eso te marca para siempre.

Vivo la hermosa sensación de sentir que este ES el momento, y que yo estoy aquí no solo para verlo, sino también para construirlo. Estoy aquí para defender lo que creo justo y también para alertar sobre lo que no comparto, aunque provenga del modelo que apoyo.

Tengo muy claro lo que no quiero: no quiero deambular otra vez en la indiferencia política, con la remanida excusa del ‘’para qué, si son todos iguales, si siempre es lo mismo’’. Hoy, en mi madurez, no me puedo dar el lujo de ser indiferente, como si fuera una púber que todavía no entiende nada, ya estoy grande para eso.

No quiero ser participe de la gente que se dice apolítica, gente que sin embargo vota y opina, como si eso no fuera hacer política. No quiero estar en el rebaño que se mira el ombligo, que supone que no hace política pero en cada mínima acción cotidiana que desarrolla hay una declaración de sus miedos y odios.

Nunca más quiero decir negros de mierda, nunca más quiero decir ‘’bolita volvete a tu país’’. No quiero vivir quejándome de la inseguridad si no me va a importar el origen de la inseguridad, si no me va a importar que formé (y formo) parte de un sistema que dejó (y deja) a muchos sectores afuera; pero ahora resulta que no nos bancamos que parte de esos excluídos anden por la calle ciegos de paco, desesperación y rabia.

No quiero ser víctima ni del ladrón que me pega un tiro para sacarme la cartera, ni del ‘’buen’’ ciudadano que cierra las ventanas de su casa para no ayudar, por miedo, a la mina a la cual están asaltando en la calle, o de aquel que se recluye en su country pensando tontamente que su vida puede girar en un sentido diferente al planeta de los que viven afuera de sus rejas.

No quiero que el miedo me habilite a pedir cualquier barbaridad, solo por el hecho de sentirme segura.

Vivo en un país que sigue creyendo cándidamente en la existencia de la clase media: esa columna vertebral que atravesó decenas de generaciones convenciéndonos de que ‘’estabámos para más’’ y que cuando nos empezamos a derrumbar caímos en los peores vicios y conceptos, apartándonos de aquel al que le va peor que a uno y suponiendo que los ricos nos van a rescatar ‘’porque somos clase media, che!’’. Esperando con la histórica promesa de que cuando se rebalsa la copa de los ricos, la riqueza se derrama hacia los pobres, hasta que llegamos al presente y nos damos cuenta que la copa de los ricos jamás rebalsará porque nunca esta satisfecha.

No quiero que me tilden de oportunista aquellos que dicen que mi política se ‘’adueñó’’ del tema derechos humanos para usarlos en beneficio propio. No quiero que esos a los cuales jamás les importaron los derechos humanos ni los pusieron en la agenda del país, ahora gimoteen en la televisión y en los diarios diciendo que no los dejan entrar al debate.

No quiero que se tenga que morir nadie más para que las cámaras de tv enfoquen, anonadadas, a esa marea de gente triste y dolorida que según los medios no existía, pero allí estaban: llorando a alguien que según los noticieros era odiado.

Y basta de decir no quiero! Ahora les cuento lo que quiero: quiero sentir el orgullo de disfrutar del progreso de quienes más lo necesitan, quiero que por una vez en la historia de la Argentina sean otros los beneficiados y no sólo mis seguridades y necesidades.

Quiero votar ‘’a favor de’’ y no ‘’en contra de’’. Quiero por fin en mi vida apostar e ilusionarme, sentir que estoy ante el embrión de un cambio, y que puedo ayudar a que nazca otra sociedad. Quiero ser la que no tiene que esconder a quien votó porque le da vergüenza: al ser humano le cuesta mucho más justificar las cosas que defiende que las que ataca, y yo quiero decir libremente lo que creo, siento y pienso sin que me tilden de oportunista, de vendida o de tonta. Soy la dueña de mis aciertos y de mis errores y no quiero nunca mas tener que justificar lo que pienso porque ‘’como puede ser que una chica tan inteligente y buena mina como vos hoy este apoyando esto’’.

Sé que mucha gente piensa como yo, no soy una iluminada, tampoco la idea es que hagamos todos lo mismo y pensemos igual: pero hay algo que tiene que ver con el don de gente, con la calidad de persona, con el desdén por el egoísmo que tenemos que aprender y practicar urgentemente, mas allá de a quien votemos. Y no cruzarnos de brazos después de octubre porque ‘’total ya está’’: ni los victoriosos ni los derrotados se pueden dar ese lujo. Hay que ir por más, tenemos que tener sed de superarnos y de ser mejores personas, y si en el medio de ese trance pudimos cambiar el auto o irnos al Caribe, pues mejor, pero que lo material no sea la medida de nuestros sentimientos.

Este es mi estado de ánimo hoy, y sospecho que este ánimo vino para quedarse. Ya no sé si este torrente de palabras es un análisis, una nota o una confesión, pero es lo que tengo para ofrecer: Raquel Alvarez en estado puro. Si no pudiera gritar mi honestidad ideológica y mis motivos verdaderos, entonces no valdría la pena haber despertado del coma de los años 90.

Foto: Sharon Pruitt – Pink Sherbet

    Hay 358 comentarios - Agregá el tuyo!

  1. 349
    Gastón says:

    Llegué tarde al post como a la política.

    Raquel, te felicito por la nota, por poner la cara, el corazón y tus ideales en la mesa de debate.

    Hace falta mucha gente como vos para generar un verdadero cambio, y debemos juntarnos como decis entre los que queremos impulsar un verdadero cambio y pensar el futuro que queremos.

    Saludos!

    • 350
      Fede says:

      Una pena que Raquel se comporte de igual forma que lo hace el gobierno nacional. No acepto debate, no se presto a ningún intercambio de opinión, haciendo oídos sordos a todos los demás, imponiendo su forma de pensar. Yo quiero una Argentina donde exista el dialogo y donde el futuro se construya entre todos, y no solo entre un grupo cerrado.
      Pero bueno, decir esto seguro me convierte en gorila, oligarca, opo, corpo y todo eso que uds le dicen al que no piensa como uds no….
      Saludos,
      Fede

  2. 351
    Emiliano García Blaya says:

    Uh!!! Otra vez este pibe? Basta flaco, sos un rompebolas, arruinaste ya suficiente debate. Sos insoportable.
    VIva Perón, Viva Evita, Viva Néstor, Viva Cristina y dejate de romper las pelotas hermano.

  3. 353
    Emiliano says:

    LA DEMOCRACIA NO QUITA QUE SEAS UN REAL ROMPEPELOTAS.

  4. 357
    juanito says:

    Una pena que FEDE no acepto debate, no se presto a ningún intercambio de opinión, haciendo oídos sordos a todos las demás opiniones, intentando imponer su forma de pensar.
    Yo quiero una Argentina donde exista el dialogo y donde el futuro se construya entre todos, CASI CASI como está empezando a ser desde hace unos pocos años.
    Pero bueno, decir esto NO me convierte en gorila, oligarca, corpo y todo eso que los FEDEs le dicen al que no piensa como FEDE no….

    Saludos,
    Juanito
    PD: Emiliano y Gastón tienen razón, es un plomo este FEDE.

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